Nunca tuve la sensación de merecerte. Ni la sensación ni la predisposición para ello. Supongo que se trataba de esa dinámica que había pasado a formar parte de mi idiosincrasia y que podía presumir de ser la “capo” del melodrama. Imagino que como sucede con el aristotélico entrenamiento en el oficio de ser hombre, yo me entrené en el boicot, en la elaboración de cócteles y explosivos, en el diseño de artefactos salvajes de última generación.

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No deja de sorprenderme cómo las personas, a pesar de compartir el mismo idioma, sueños y sentimientos de afecto recíprocos, no consiguen entenderse.
¿Quizá aquellos sueños y sentimientos eran una ilusión de compañía? ¿Una huida de sus soledades particulares?
Puede que, en realidad, aquellas personas no compartieran absolutamente nada más que el miedo al sufrimiento y claro, desde ese lugar es difícil construir. Porque cada paso es un “sí” ahogado y sudoroso que bien podría ser un “no” o un “quizá”. Esto no significa que niegue rotundamente la atracción mutua, ni que ambos gocen el uno del otro. Solo planteo que puede que la proporción deba imaginarse a la inversa de lo que nos gustaría: un 65% de necesidad frente a un 35% de realidad. También tengo en mente la otra cara de la proporción, que revelaría que, a pesar de compartir todo lo que compartimos, no funcionamos por un qué sé yo misterioso.

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Creo que la otra mañana, en la sala oscura y hermética, en el escenario en el que se le da el último empujón a la fantasía, dije la única palabra que nunca debe pronunciarse en este territorio.
10:00 am. Vaqueros rotos y camiseta negra de hilo de H&M que estrenaba para la ocasión. Pelo suelto, liso, medio rubio y con algún enredón. Una sonrisa muy grande. Mis manos se mueven nerviosas y excitadas. Doy palmas o reproduzco gestos de ánimo hacia la labor que me ocupa. Huele a limpio y me encuentro bien de hambre y de sed. Por el momento, no tengo prisa y me parece estar muy lejos de casa y también de mis preocupaciones.

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Creo que es una de las pocas veces en las que me siento "en familia" en tan poco tiempo. De hecho antes de aterrizar y verlos, este sentimiento de pertenencia ya se había ido gestando.
El Sistema Solar llegó a mi vida una mañana. Aterrizó en mi bandeja de entrada acompañado de un encabezamiento entusiasmado por parte de mi agente. Y lo devoré....: ¡¡¡al sol, a los planetas y a todos los objetos astronómicos!!!

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Llevábamos unas buenas semanas preparando con emoción el evento mágico que se celebraría en el teatro de la Maestranza de Sevilla.
Tras probar mil opciones de vestidos y descartar otras tantas propuestas de joyas, nos inclinamos esta vez hacia el corte italiano a través de Elisabetta Franchi y su poder para unir lo elegante a lo sensual.
Mi aparición sería blanca, ó coronada por amatistas y brillantes de Rabat, calzada por Úrsula Mascaró que siempre, y digo siempre, es un valor seguro, y vestida íntimamente, ejem ejem, –todo hay que cuidarlo– por Wolford, el padre de la delicadeza.

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Siempre experimento una sensación extraña tres días antes de mis viajes. Y siempre experimento un placer sin límites en cuanto piso el aeropuerto a las 8 de la mañana.
Una especie de renacer, una oportunidad de configurarme de nuevo; de volver a intentar todo aquello en lo que fracasé; una licencia para dejar en tierra el lastre y presentarme a mí misma como una desconocida.
No, no me da miedo volar.

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El pasado miércoles viví una experiencia diferente, digamos. Me sumergí en una sesión fotográfica que parecía un rodaje de una película para cine.
Todo el vestuario planteado era una joya en sí mismo. No había ninguna pieza de relleno, de algo sin personalidad ni fuerza en sí misma.
El fotógrafo y todo su equipo de eléctricos saladísimos, así como el equipo de producción, actuaron con una entrega y un compromiso estratosféricos, de verdad.
Basta decir que el fotógrafo no se sentó ni una vez durante toda la jornada de 12 horas y fue él mismo el que en el momento de baile flamenco jaleó a todo el elenco. Os recuerdo que es yanqui.
“Rodamos” por algunos de los rincones más emblemáticos de la noche madrileña, ya por aquellos años ochenta bajo la piel de unos personajes folclóricos y extremos.
Y compartí momentazos con mis compañeros de Julieta: Pedro, Rossy, Daniel, Inma, Michelle y dos grandes incorporaciones–Tamar y Jon–. Nos faltó Emma para completar esta incursión en una España sobrecargada de detalles y de música constante.

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Nueva York luce

Son las 19:00 horas y mis botas pisan suelo americano.
He esperado un buen rato la maleta con la satisfacción de haber pasado el control de pasaportes con éxito e incluso con sonrisas... lo que es insólito en los aeropuertos.
La agarro con fuerza, como quien lleva un millón de dólares –pensándolo bien, si hiciéramos un cálculo de vestidos, zapatos y bolsos cedidos podríamos estar cerca–. Yo agarro.
Rezo para que el conductor me esté esperando y no se haya hecho un lío con mi apellido... eco!
Como si fuera mi primo de Nueva York, me localiza al instante y me mete en el asiento de detrás de un cuatro por cuatro tiburón negro.
Y la paciencia... Rush hour u hora punta es prácticamente durante toda la jornada de esta ciudad hiperactiva.

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Dior tout le temp

Fue increíble ser invitada al desfile de Dior, exclusivo y único, la presentación de la primera colección de la nueva diseñadora para la marca: Maria Grazia Chiuri.
Pero el proceso.... –como todo lo que sucede en torno a la Maison– fue un sueño.
Me alojaron en un hotel maravilloso llamado La Reseve, en el que la recepción era un salón más del palacete y el check-in se realizaba cómodamente en tu habitación, después de haberte despojado de todos tus bultos y haber tomado una inspiración de cambio de escenario.

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Inmortalizar

Cuántas veces habré dado gracias por el eterno movimiento que todo lo arrasa y arrastra nuestros dolores. Pero debo ser sincera: me encataría tener una varita mágica para inmortalizar algunos momentos de mi vida.

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Toronto, la ciudad de las barrigas de boquerón

Aterrizamos en Toronto y la humedad era intensa. Las horas de vuelo, el cambio horario y la excitación por lo que nos tocaba enfrentar en los días posteriores se mezclaron como una sinergia poderosa, que en mí generó el estado de “muerta viviente”. Vamos, que iba arrastradita por las calles de esa ciudad inundada de rascacielos de plata.

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A Toronto Volando

Mañana por la mañana, bien prontito, a las seis y media estaré preparada para desplazar mi cuerpo a tierras canadienses. La promoción de Julieta ha arrancado desde el pasado encuentro en Cannes todo su periplo internacional y tengo la sensación de que nos va a traer momentos inolvidables y de una riqueza visual y emocional interesantes. Pero, eso sí, cada viaje, cada encuentro en otro punto distinto del planeta, requiere unos preparativos imprescindibles. Desde las joyas, los zapatos, los vestidos, los maquillajes y peinados proyectados sobre los looks, hasta los acentos que deseas marcar en los discursos que pronuncies.

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Delante de ti

Delante de ti soy de verdad yo.
Conozco tu capacidad para crear vidas y para destruirlas. Me abrazas y me escupes. Adoro estar dentro de ti, pero tiemblo porque sé que eres fuerte e imprevisible aunque no por eso caprichoso.
Desde que era muy pequeña me he puesto delante de ti y te he escuchado en toda tu violencia armónica. Me he empapado de ti y te he llevado conmigo durante todo el día: tu olor, tu sabor, el misterio que encierras.
Te respeto. Y nunca voy a ir más allá a menos que tú me invites, que me indiques que puedo hacerlo. Tus leyes son distintas a las de los demás, tus secretos enterrados e incognoscibles y por eso me gustas, por eso me gustas tantísimo.
Porque eres tremendo, porque no tratas de agradarme, eres salvaje y existes entregado a tu danza, a tu música.

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La madrugada del día 24 un terremoto feroz sacudió el centro de Italia volcando más de 200 muertes –por el momento– y una centena larga de desaparecidos. Al conocer la noticia, me encuentro sentada en el sofá de mi casa, terminando de comer una ensalada hecha con mimo y muda, como petrificada por la noticia.

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Y lo hice. Me entregué a la seducción de los helados y de más de tres, a estas alturas. Y...¡qué helados! son muy distintos a los que había probado antes; entran hasta la cocina sin pedir permiso y desaparecen como lo haría un prestidigitador. Cuando te quieres dar cuenta, te has tomado dos bolas de chocolate fondente y aún no se ha puesto el semáforo en verde. Pero no voy a luchar, mira, para algunas cosas soy muy sumisa.

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Supongo que no somos conscientes de las realidades virtuales que creamos a nuestro alrededor. En nuestra manía controladora disfrazamos situaciones de la vida para perpetuarlas, para hacerlas eternas en nuestra biografía. Y, de este modo, dejamos de verlas como son, dejamos de percibir su esencia. Por eso lo hacemos, para no adivinar su idiosincrasia y no ponerlas en duda. Pero ¡ay! el alma, el olfato o como queráis llamarlo ya ha olido a chamusquina hacía meses y ha empezado a mandarle el mensaje a todas tus células.

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Cosmética Pura

En la noche del día de ayer, la École Superiere de Beaux Arts de París palpitaba como un animal lleno de vida, una fiera que goza al entregarse a su razón de ser. Una bestia que danza alegre celebrando la dicha de estar viva.
Y sí, intuyo que jamás respiró tan hondo este edificio, y que todos nosotros, sus invitados, fuimos testigos de esta gloria, que se ha fijado a nuestros cuerpos como una fragancia maestra.

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El mundo de Adriana: Tina y Tono

Tina prometió a Tono que le querría para toda la vida; que siempre sería su compañero, su amigo, su hermano, su amante, el padre de sus hijos. Que seguirían cada día, hasta el final, –hasta que la naturaleza se los llevara–, dando paseos agarrados de la mano, comentando, riendo, cotilleando, robándose besos el uno al otro. Tina se lo prometió porque estaba segura de que si se lo prometía, de que si ponía todas sus ganas, su intención, su voluntad... lo conseguiría. “¿Acaso las cosas no son lo que nosotros decidimos?”, pensaba excitada.

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El mundo de Adriana: Y... ¿Por qué no?

Siempre había pensado que las personas con sistemas de valores, gustos y opiniones firmes eran más maduras, más profundas e incluso más “confiables”. De esa interpretación –probablemente errónea– de los comportamientos humanos, me lancé de cabeza a la búsqueda de mi propio coliseo, hermético y sólido. Con mis Síes y mis Noes rígidos e imperturbables, con mis agrados y mis desagrados casi tatuados en el pecho.

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El mundo de Adriana: Zen

Debo reconocer que la semana previa a Cannes me convertí en un incordio para mis familiares. Fui víctima del famoso síndrome de la obsesa doméstica. Falté a todos mis planes y compromisos porque pelusas, pelillos caninos y palitos de encina captaron mi atención y exprimieron mis energías. Es importante tener en cuenta que la presencia floral y perruna en mi vida es considerable, y también que cuando una está nerviosa la respuesta inteligente que nos ofrece la mente es volvernos histéricas en vez de parar y respirar la calma. ¡Cuántas “chichibainas” tuve que recoger del suelo para ganarme una lumbalgia!

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El mundo de Adriana: Cautivada

-¿Adriana?¿Me oyes bien?
-Sí,sí,sí,sí,sí es que tengo poquita cobertura en la cocina. Pero bien, y ¿tú a mí? Me he movido al salón, ¿mejor?
-¿A ver? Háblame más...
- Hola, hola, ¿me zecusha?
-¡Ahora! Te cuento: Twin-Set, la marca italiana... ¿La conoces?
-¡Sííí!! ¿¿¿por???
-Espera que voy..: Twin-Set es una marca italiana a cargo de la diseñadora Simona Barbieri. El mes que viene presentan en Madrid su nueva colección y les gustaría mucho que fueras su embajadora. ¿Te apetece?
-¡Claro! Me encanta. ¿En qué consiste el compromiso? O sea, ¿qué tendría que hacer?
-Pues tienes que  hacer unas entrevistas y fotos por la mañana para unos dos o tres medios –acompañada por la diseñadora–, descansar para comer e incluso darte un paseo y volver por la tarde para retoque de maquillaje y peluquería, cambio de vestuario, photocall, entrevistas y desfile. Después terminaremos con un cóctel.
-Me parece genial, me apetece muchísimo.Voy a investigar su nueva colección y la trayectoria y relación de la marca con nuestro país, para tener un poco más de conocimiento.
-¡Olé mi niña! Qué trabajadora me ha salido..
-Más, más tendría que hacer..; oye, que ¡qué bien!
-¡Pues sí! Bueno bonita, te dejo, que hay mucho lío en la ofi.
-Ahhh sí sí...¡besitos!
-Besitooo...

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Lo primero fue la llegada de la noticia: “Adriana, si no estás sentada hazlo. Julieta va a Cannes, a Sección Oficial”. Cometí el gran error de no sentarme en su momento y casí me caigo redonda del mareíllo emocionante que la buena nueva me produjo.
Tras esa “buena nueva” llega la “odisea nueva”, en la que te lanzas a la búsqueda de looks especiales, únicos, acordes a las tendencias pero también a tu personalidad, a tu manera de sentir... Ahhhh y es importantísimo que estos hallazgos aparezcan de manera doble, me explico:la temperatura en Cannes es caprichosa y puede amanecer tanto una jornada de sol ardiente como un cielo con su panza de burra amenazante; por eso, es necesario ir cubierto, de manera que nuestros estilismos abarquen más o menos la climatología de todo el país.

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“África se te mete en la sangre y no te abandona jamás”. Así sonó Palmeras en la nieve la tarde en que mi agente me comunicó que estaban buscando a Clarence y siguió sonando cuando me enfrenté a las líneas que revelaban que había llegado demasiado tarde a la enfermedad de mi padre. Sonó con más fuerza aún, cuando me vi rodeada de millones de miradas exóticas  que me hacían sentir pequeña, perdida y culpable, que me hacían preguntarme qué sabía en realidad acerca de mí misma, de mis raíces, de mi fuerza interior. Probablemente sabía muy poco. Pero la sabiduría de la raza negra estaba esperándome para darme una lección de sensibilidad, de conciencia y de valentía.
Yo, Clarence-Adriana, pude conocer lugares con una fuerza transformadora inmensa: lugares que te secuestran con dulzura, te mecen; te muestran cómo la vida puede ser un paraíso y cómo el hombre puede convertirla en un infierno; lugares que te enseñan a vibrar en la sintonía del universo, a danzar desnuda, a entregarte a tus ilusiones, a sentirte eterna.

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“Nací en Madrid en el año 1985. En plena movida, mis padres tenían veinticinco años y dos hijos. Entregados a la familia, a sus profesiones y a la formación eterna, nos inculcaron el respeto por el arte desde muy pequeños; por aquellos creadores geniales que se escapan al análisis y al entendimiento; por esas personas, que por alguna razón, tienen "algo" más de Dios que otras.

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