Lo sé. Llevabas semanas detrás de esos zapatos. Decides comprarlos después de debatir si es era una buena idea o no, y cuando lo haces –y escoges deliberadamente tu look para estrenarlos–, te das cuenta de que te rozan hasta el punto que prefieres amputarte un pie. La sensación es desgarradora y si te entran ganas de llorar, he de decirte que no es normal (y que no estás sola). Además, tenemos buenas noticias, porque hay trucos que te ayudarán a paliar este efecto tan desagradable. 

Que nos rocen los zapatos es algo normal, sobre todo en los zapatos de verano en la época de transición de calzado cerrado a abierto. Todas hemos tenido esas sandalias de tiras que se veían preciosas y cómodas, y al final han acabado viendo directamente del infierno. Antes de tirarlas, donarlas o revenderlas, te recomendamos probar algunos sencillos tips que recomiendan los expertos.

Me rozan mis zapatos: qué hago

Si tienes unos zapatos de piel que te rozan y necesitas darles de sí un poquito, hay diversas soluciones que expertos como Bego La Ordenatriz (en su libro Limpieza, orden y felicidad) insisten en probar antes de darse por vencida:

  1. La primera es aplicar alcohol por dentro del zapato en las zonas donde te molesta y calzarlo el tiempo que te sea posible (una hora o dos) para que tu propio pie sea el que le dé forma. Repite el proceso varios días por casa hasta que te resulten cómodos. 
  2. Otra opción es llenar una bolsa de congelados con agua y meterla dentro del zapato dándole la forma del pie. A continuación, mete el zapato dentro de la otra bolsa y déjalo en el congelador tres días. Así el agua de la bolsa aumentará de tamaño al congelarse y dará de sí la piel. Esta solución es bastante agresiva con la piel del zapato, así que asegúrate de hidratar bien el zapato con betún o crema Nivea antes de meterlo en el congelador. 

“Si a pesar de todo, los zapatos siguen haciéndote daño, no lo dudes ni un segundo y sácalos de tu casa”, comenta la creadora de contenido. Entonces sí, regálalos, dónalos, véndelos o haz lo que consideres conveniente, “pero evita acumular calzado que no te vas a poner porque te hace daño. Me lo agradecerás”, concluye.

cómo evitar rozadoras en los zapatos de verano
yuliiacharm

Tip para que no te duela estrenar unas sandalias nuevas

  • Productos antirozaduras. Algunos dirán que es hacer trampas, nosotras estamos seguras de que serán tu mejor aliado. Prueba bálsamos protectores antifricción para los pies en formato stick o parches que formen una película protectora que haga que tu zapato no te roce. 
  • Crema Nivea. Lo hemos mencionado anteriormente, pero por si ha pasado desapercibido, ten en cuenta que la crema Nivea es un remedio de abuela que funciona (y mejor de lo que crees).
  • Polvos de talco. ¿Sabes por qué se forman ampollas y rozaduras? Generalmente por el sudor. Para solventar esta problemática (que en verano es bastante común), apuesta por aplicar polvos de talco sobre la planta del pie, entre los dedos y en el empeine antes de salir de casa.
  • Crema de pies. Es la gran olvidada, e incluso odiada por muchos. Sin embargo, los expertos recuerdan que una piel hidratada es una piel fuerte. Si vas a apostar por una, nuestro consejo es que escojas una que contenga, como mínimo, un 40% o 60% de urea. Son las más eficaces. 
  • Pedicuras. Sandalias de pala, mules, zuecos… Y tú con esos talones. Ojo, no es ninguna queja, yo soy la primera que lo deja pasar, por eso, insistimos: hazte la pedicura, para tener unos pies bonitos, sin durezas (y sin uñas como garras). Pintarte las uñas de los pies o no ya es secundario.
  • Esparadrapo para prevenir. Ya sabes lo que dicen, más vale prevenir que curar. A veces, más sabiendo que las sandalias rozan, es conveniente ahorrarnos un posible mal trago cubriendo las zonas más problemáticas con esparadrapo. 
  • Tiempo en casa. Si te has comprado unas sandalias para una ocasión especial, ya sea una boda, un evento o un festival, no seas tonta, y hazlas manejables en tu casa. Que se conviertan en tus zapatillas de estar por casa. Nos lo agradecerás.
  • Amiga, que nos conocemos. Si sabes ya a ciencia cierta que son unas sandalias que te van a dar quebraderos de cabeza, no te las compres