Se estrena ‘Back to Black’ el biopic de Amy Winehouse que recupera los escotazos, el estampado de leopardo y su inconfundible cardado

Repasamos el estilo de una de las mejores voces de nuestro tiempo, a través de la nueva película de Sam Taylor-Johnson, donde la música y el eyeliner, corren a raudales.

Actualizado a 13 de abril de 2024, 10:40

RBA InStyle: Javier Biosca

13 de abril de 2024, 10:40

Su voz era como las de antes, como las de aquellas divas del soul capaces de erizarnos la piel con cada nota musical, no en vano admiraba a Ella Fitzgerald, Dinah Washington, o Sarah Vaughan, las que, junto con Sinatra, Ray Charles o Aretha Franklin, fueron sus grandes referentes.

Hablamos de Amy Winehouse, quien estrena biopic el 12 de abril, ‘Back to Black’, bajo la mirada de la directora Sam Taylor-Johnson,quien se centra en la grabación del mítico álbum, su ascenso a la fama y su tormentosa relación con Blake Fielder-Civil.

La cantante fue hallada sin vida el 23 de julio de 2011 en su apartamento de Candam Town, en Londres. Las causas de la muerte fue un consumo excesivo de alcohol, tras varios años en los que las drogas formaban parte de su rutina habitual. Además, padecía depresión y bulimia, problemas que se intensificaron durante su breve, pero intensa relación con Fielder-Civil.

Protagonizada por la actriz británica Marisa Abela, la cinta rinde homenaje al legado de la cantante, haciendo un repaso, no sólo de su música, sino también su característico estilo, salpicado de reminiscencias de los años 50, como aquel eyeliner infinito, los cardados, las pelucas, las horquillas, y su estética pin up, tan sugerente como excesiva.

La actriz Marisa Abela en el rodaje de 'Back To Black'.

Gtres

Claves de estilo de Amy Winehouse

Vivía en Candem, con sus calles plagadas de clubes nocturnos, música, mercados y tiendas de moda. Se dice que a los 16 años creó una lista de deseos en la que dejó claras sus intenciones de ser alguien famosa. Dijo que de conseguirlo, tendría más de 300 pares de zapatos y luciría la melena de Marilyn Monroe. No logró ni lo uno ni lo otro, aunque sí alcanzó una fama meteórica que se extinguió demasiado pronto.

Sus pañuelos en la cabeza, los vestidos con grandes escotes, los estampados florales o los de leopardo (que vuelven a estar de moda), sin olvidarnos de aquellas bailarinas de raso color rosa pálido, los jerséis de rombos y sus míticos pantalones vaqueros de tiro bajo; se convirtieron en sus prendas fetiche y las que marcaron el estilo ecléctico de Winehouse.

Llegó a diseñar una colección para Fred Perry que salió a la venta el mismo año de su muerte. El estilo ‘preppy british’ de la firma, se vio enriquecido con faldas tubo, escotes pronunciados, y minivestidos que encontraron inspiración en la película ‘Grease’, según confesó Amy, específicamente en el personaje de Rizzo.

Su estilista y amiga Naomi Parry, escribió ‘Amy Winehouse: Beyond Black’, un libro en el que la autora intercala reflexiones propias, con anécdotas contadas por amigos tan especiales como Vivienne Westwood, Bryan Adams, Little Simz, Carl Barât, el tatuador Henry Hate, su ahijada Dionne Broomfield, o DJ Bioux; así como fotografías, letras o bocetos de la cantante.

Fue precisamente Parry la encargada de diseñar parte del vestuario de su última gira (de la que solo dio un concierto), el cual que se subastó en 2021, coincidiendo con el décimo aniversario de su muerte. El vestido dorado con estampado de flores de Dolce&Gabbana que usó en Blackpool durante una actuación en 2007, un corpiño con print de leopardo, y un top floral con el que acudió al restaurante Gaucho en 2009, fueron algunas de las piezas más valoradas.

Completaron el lote varios zapatos, joyas y aquel bolso rojo de Moschino con forma de corazón que llevó a los Brit Awards de 2007.

Los tatuajes de Amy Winehouse 

Sus tatuajes formaban parte de su estilo, todos ellos inconfundibles y con una historia detrás. El primero que se tatuó durante su adolescencia, fue una pequeña Betty Boop con vestido rojo, que tenía en la baja espalda y apenas se podía distinguir, dado el trazo borroso e irregular

Años después llegó la chica pin up que le cubría el brazo derecho, junto a la cual se podía leer el nombre de Cynthia, su abuela, quien le inculcó el amor por el jazz y el R&B. En el brazo contrario una herradura y la leyenda, “Daddy’s Girl”, dedicado a su padre, Mitch, responsable de que escribiera su primer disco, ‘Frank’, dedicado a Sinatra.

Un ruiseñor, unas notas musicales y la frase “Never Clip My Wings”, se dibujaba en el antebrazo derecho de la cantante, y el nombre de Blake Fielder-Civil en el pecho, a la altura del corazón, con una especie de solapa. 

Uno de sus últimos tatuajes fue un águila envuelta en el símbolo egipcio Anj, que representa la vida. Una triste paradoja, ya que al poco tiempo de hacérselo, Amy Winehouse apagó su voz, su estilo y su talento para siempre. 

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