Sexualidad

¿Influye el porno en la educación sexual de la generación Z?

Cuando se detectan comportamientos sexuales complejos, tendemos a echarle la culpa de todo a la pornografía. Pero, ¿la tiene realmente?

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La nueva serie de HBO Euphoria, protagonizada por Zendaya, pretende ser una muestra de la forma de vida adolescente hoy en día. Al menos en EE. UU. Aunque a día de hoy podría ser bastante extrapolable a cualquier país occidental. Eso es así.

Para la que no la haya visto aún, la serie está narrada en voz en off por la protagonista, Rue, una chica de 17 años con problemas de adicción a las drogas -aunque es algo mucho más complejo y, desde mi humilde opinión, te recomiendo que la eches un vistazo-. En el capítulo piloto, Rue presenta a su entorno y sus situaciones. Y en un momento en el que nos muestra -sí, porque nos habla a nosotros, generaciones mayores a la suya- la primera relación sexual entre una pareja amiga, nos advierte sobre lo que nos vamos a encontrar: un comportamiento erróneo por la malinterpretación del consumo de pornografía en la red.

“Los jóvenes aprenden sobre sexo sobre todo con el porno. También con los mitos sociales que se repiten generación tras generación incesantemente y con muy pocas modificaciones”

Así que ni cortos ni perezosos nos pusimos en contacto con nuestro experto en el tema Raúl Padilla: un psicólogo, sexólogo y terapeuta de parejas de aquí te espero.

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La situación con el acceso al porno

Para entrar al tema, partimos de uno de los comentarios que Rue hace justo en esa escena: “El planeta entero ve porno. Eso es así. Si hoy mismo os metierais en los 20 vídeos más populares de PornHub, esto es básicamente lo que encontraríais…”

Esto nos lleva a un sinfín de preguntas partiendo de una principal: ¿el fácil acceso a la pornografía en la red victimiza a las nuevas generaciones? Pero a partir de esta, las preguntas de raíz brotan: ¿Realmente el porno es malo?

Según Padilla, el porno en sí mismo no es malo, es más, es recomendable en casos en los que existen problemas de deseo por su efecto inmediato en la elevación de la libido.“Su lado positivo pasa por un uso supervisado y con un objetivo concreto”, asegura.

El gran desconocimiento de la genitalidad y su situación en los límites del libro de Ciencias Naturales del plan de estudios de turno, deja al común de los mortales en un desconocimiento tanto anatómico como funcional de los órganos sexuales. “Usando imágenes bien elegidas de películas porno, estas pueden ilustrar una charla sobre educación sexual familiar, en el ambiente escolar o entre iguales”, apunta nuestro experto.

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Los peligros que entraña el consumo de porno: la adicción

El porno, como cualquier otro objeto de consumo, está sujeto a diferentes peligros. Uno de ellos es la adicción. Se trataría de una adicción sin sustancia, es decir, una adicción psicológica que afecta al comportamiento. Pero, ¿en qué consiste?

“Consiste en un consumo cada vez mayor en tiempo y en dureza de contenido pornográfico para satisfacer una necesidad. Tiempo que va en detrimento de otras actividades gratificantes y sociales”, asegura Padilla.

Esta adicción atraviesa varias fases hasta que se cronifica:

·Experimentación

·Uso

·Abuso

·Dependencia

Y los problemas empiezan a darse cuando se empieza a necesitar más cantidad o mayor fuerza para conseguir el placer deseado. Y a esto es a lo que se le llama abuso, que nos pondría en la antesala del problema en toda su extensión: la dependencia.

“Se necesita que haya una mayor vinculación de los padres en la educación infantil online y para eso, de vez en cuando, los niños deberían navegar con alguien al lado”


Los peligros y problemas de una adicción de estas características son muchos. Partiendo de la situación en la que en el trabajo se puedan dar cuenta de las páginas que has visitado, con un posible riesgo para tu estabilidad laboral; o subiendo escalones tan altos como el problema de incomunicación con amigos y pareja a causa del tiempo dedicado a este ‘hobbie’. “Nos encontramos con un problema comportamental de primera magnitud. Las relaciones sexuales en vivo dejan de ser tan excitantes y con mucha frecuencia dejan de ser satisfactorias y buscadas”, apunta Padilla.

Este problema de deseo sexual inhibido se puede enmascarar de mil formas: de exceso de trabajo, de cambios vitales... Pero cuando llega el momento de pensar en tener hijos, este problema les explota en la cara.

¿Son los jóvenes las víctimas en el gran plan maquiavélico del porno?


“Los jóvenes aprenden sobre sexo sobre todo con el porno. También con los mitos sociales que se repiten generación tras generación incesantemente y con muy pocas modificaciones”, dice Padilla.

El uso tan agresivo del porno en Internet ha normalizado sus imágenes, tanto en banners como en anuncios fijos. Los portales están plagados. Estamos expuestos.

“Se necesita que haya una mayor vinculación de los padres en la educación infantil online y para eso, de vez en cuando, los niños deberían navegar con alguien al lado que pueda hacer observaciones o responder a preguntas o incluso a hacerlas. Para que el porno quede en su sitio y no se convierta en una obsesión”, aconseja Padilla.

Pero en la adolescencia, el porno se consume con fruición. Y con un acceso, ya no solo fácil, si no invasivo, el comportamiento sexual puede ser el más erróneo. No debemos olvidar que el porno es cine, y, nosotros, el ser humano, tratamos de imitar lo que vemos en el cine. “Cuando estrenaron Superman en los años 70 saltaron por la ventana varios niños... pasa lo mismo con el porno. Además de unas expectativas del todo irrealizables, el porno hace que sólo conciban un modo de sexualidad: el coitocéntrico, basado en la eyaculación y en la erección, dejando completamente fuera aspectos vitales tanto para la sexualidad como para la reproducción como son el beso y las caricias”, sentencia Padilla.

Y aprovechamos para recordar que hay muchas formas de practicar sexo y que no es necesaria ni obligatoria la penetración.

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La pornografía como herramienta, no como agente educador

“Todo en esta vida nos puede servir para educar, al igual que todo nos puede servir en terapia; sólo es necesario enmarcarlo y dotarlo de un sentido. Es imposible dar una clase de educación sexual sin mostrar cuerpos desnudos”, y hasta aquí el uso de la pornografía como herramienta para la educación sexual de un individuo, apunta Padilla.

Porque para una buena clase de educación sexual es necesario profundizar en la autovaloración y el respeto, la autoestima, el autoconcepto y la asertividad. Algo que en el porno se nos queda, definitivamente, bastante corto.

Y porque como decíamos antes, hay quien se cree que el cine es real y se tira de un ático para ver si vuela. “El problema es que cuando se juntan cinco aprendices de actores porno y tratan de repetir lo que vieron en una película ‘gangbang’ -una sola persona mantiene relaciones con 3 o más- contra la voluntad de la protagonista, cometiendo una violación atroz; en vez de acabar reventados contra el suelo con una absurda capa de superhéroe”, apunta Padilla.

Y aquí el verdadero problema no es la dureza del porno. El verdadero problema viene de la falta de empatía y de control. De la naturaleza propia de cada ser humano.

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