Sexualidad

Lo que nos ha enseñado 'Sex education': no sabemos NADA de sexo

Creemos saber todo lo relacionado con la sexualidad, pero cuando llega el momento de la verdad nos asaltan multitud de dudas. Culpa de la NO educación sexual que hemos recibido.

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Sex Education es una de las series que más pasiones ha levantado este año (por cierto, ya tenemos algunas imágenes y argumentos de la segunda temporada de la serie de Netflix): ágil, naif, cómica, tierna y, claro que sí, educativa. Y en su metraje deja hondamente clara la situación de desinformación sexual que siguen viviendo los jóvenes de hoy en día.

En el primer capítulo de esta producción de Netflix, asistimos a una improvisada clase de educación sexual. Una clase de urgencia, por un aparente brote de ladillas, que tiene que acatar el profesor de biología. Van a trabajar en parejas. A Otis, nuestro protagonista, le toca al lado de Maeve –la chica que va de malota y de la que Otis acaba enamorado y que es nuestra famale protagonista-, y ambos tiene dos tareas que desarrollar. Una es poner un condón en un pene de plástico. La otra consiste en rellenar una ficha. Es un sencillo fill the gaps sobre las partes del órgano sexual femenino. Así que Maeve se hace con él y empieza a rellenar. Rellena la primera casilla con rotundo éxito. Pero cuando llega a rellenar el segundo hueco, Otis tiene que corregirle. Por si no la has visto aún –deberías-, Otis es hijo de dos prestigiosos sexólogos y terapeutas de pareja.

Esto que le ocurre al Maeve en la ficción está basado en hechos reales. Maeve podemos ser todos. De hecho, me atrevería a decir que lo somos todos. Crecemos my desinformados sexualmente hablando. Tanto que apenas si conocemos bien nuestros genitales. La educación sexual debería ser una asigantura anual que ir desarrollando en nuestros años lectivos. Y los expertos lo saben.

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LA EDUCACIÓN SEXUAL QUE ESTAMOS BUSCANDO

Uno de los principales problemas para el desarrollo de una educación sexual natural y sana es la perpectiva sucia que le sigue de cerca. La naturalidad sería el ideal. Pero, conceptualmente, se entiende la educación sexual con un amasijo de genitales y una funcionalidad única y heteropatriarcal.

Pero la educación sexual es algo mucho más amplio. “La educación sexual es la formación reglada de los niños y jóvenes sobre la dimensión sexual de la persona en un sentido no reduccionista. Es decir, en la educación de la persona como ser sexuado que no deja de serlo al relacionarse con el medio”, dice Raúl Padilla: sexólogo de referencia y terapeuta de pareja.

"La educación sexual en sentido amplio debería adaptarse a la edad del alumnado y de la realidad sexual con la que se enfrenta desde su personalidad única e irrepetible"

De esta forma, se puede ver como la educación sexual tiene un significado mucho más amplio. Una educación que debería entrar en la educación de género, en el autoconcepto y auto respeto, en las relaciones humanas, en la inteligencia emocional, la asertividad, las identidades sexuales y la diversidad, en la prevención del abuso y del acoso… “En general, se debe educar en el desarrollo de una sexualidad en libertad y responsabilidad además de sobre el enfoque tradicional en la prevención del embarazo y de las enfermedades/infecciones de transmisión sexual (ETS/ITS)”, sentencia Padilla.

EDUCAR DONDE SE EDUCA

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Volvamos a la escena de antes de la serie de Netflix Sex Education. Ante una alarma, el profesor de biología es el encargado de dar esta clase urgente de educación sexual. Porque en los colegios e institutos, no existe la figura del educador sexual. Al menos en España, al igual que en esta serie británica, no existe.

De hecho, esta es una función que ejercen o bien el personal docente encargado de la asignatura de ciencias naturales o biología, o bien, y “en el mejor de los casos, un asesor externo con formación en educación sexual y sexología que en un par de clases debe ser capaz de dejarlo todo dado y responder a la avalancha de preguntas que suscita esta novedad en el aula”, asegura Padilla.

Estas clases se suelen impartir en los colegios e institutos, en el aula habitual a la que acuden los alumnos para recibir su formación. El sitio más adecuado ya que normaliza la formación y la integración de la información en el alumnado.

Y cuando le pregunto a Padilla sobre la edad ideal para iniciar la educación sexual responde sin pensarlo dos veces: “La sexualidad se inicia en la concepción y finaliza en la muerte, y por ello la educación sexual debería iniciarse con el nacimiento en la familia y en el ambiente educativo con el inicio de la vida escolar- actualmente fijada en los tres años-. La educación sexual en sentido amplio debería adaptarse a la edad del alumnado y de la realidad sexual con la que se enfrenta desde su personalidad única e irrepetible”.

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Una educación sexual temprana conllevaría el crecimiento de la persona con una dimensión sexual integrada y equilibrada, sin tabúes y sin presiones ni represiones, “una educación basada en las palabras y no en los silencios y murmullos más o menos bienintencionados. El conocimiento de la verdad nos hace libres, y, por tanto, la libertad sexual debería partir del conocimiento de su verdad desde un punto de vista científico y adaptado a la edad del alumnado”, asegura Padilla.

La igualdad, la libertad de elegir o no elegir, de acceder a la elección del otro o no hacerlo, de aceptar o declinar con una sonrisa es la base de una buena educación sexual. Y, esta, acabará redundando en un mayor respeto y amor por ti mismo y por tus semejantes

QUERIDOS PADRES

Es fundamental que exista una relación estrecha entre quienes educan. Porque la educación comienza mucho antes de que los niños entren en la guardería. El estilo de educación que se realice en casa en los primeros años de vida hace buena parte del estilo con el que el bebé se relaciona con el medio, el apego es fundamental a la hora de establecer relaciones afectivas durante el resto de su vida.

"El conocimiento de la verdad nos hace libres, y, por tanto, la libertad sexual debería partir del conocimiento de su verdad desde un punto de vista científico y adaptado a la edad del alumnado"

“Debería existir una ‘Escuela de padres’, no tanto para una educación sexual en exclusiva, sino para la educación en general. Pero en lo referente a la sexualidad, sería ideal para que no tengan mensajes opuestos de dos fuentes importantes de referencia. El sistema educativo depende de que tengan una referencia científica con la que contrastar toda la información que reciben, y si los padres están en la misma línea de información que los educadores, la pinza será muy beneficiosa para criar personas sexualmente libres y sanas”, apunta Padilla.

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LO QUE NOS PODRÍAMOS EVITAR

Fundamentalmente, la falta de una educación sexual basada en el estudio científico de la realidad sexual, hace que la tradición ocupe su lugar y se mantengan viejas concepciones que actualmente están siendo una lacra social. Estas estancas concepciones estás generando situaciones muy duras que no parecen acabar.

Unas de estas lacras que se podrían evitar serían la concepción patriarcal de género que conlleva la normalización de la violencia de género o la inadaptación de roles a la libertad sexual que supuestamente vivimos en el siglo XXI. Pero a esto le sigue un largo etcétera que continúa con “la asunción de relaciones y papeles no deseados por una autoestima no equilibrada o un estilo comunicativo no asertivo, la hipersexualización incontrolada en edades cada vez más tempranas de ambos sexos; a los que se suman muchos otros temas más sociales y basados en la educación de los ‘clásicos biológicos’ como los embarazos no deseados y las ETS/ITS”, enumera Padilla.

Por eso es necesaria y urgente. En estos tiempos que corren en los que Internet y su acceso fácil e inmediato a cualquier cosa o duda, equivocada o no; una educación en pro de la naturalidad y la información sobre la sexualidad del individuo y su entorno se hace cada vez más urgente.

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