Crisis coronavirus

Ligar online en los tiempos del Covid-19

La soledad y la lucha contra el ostracismo nos hace más sensibles a las citas online. El querer querer no es malo en tiempos de confinamiento

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Llega la tarde y es el momento de conectarse con tu pandilla. Te has puesto guapa porque estar encerrada no es sinónimo de dejadez y sabes que sentirte bella es bueno para tu cabeza. Además, la ocasión lo requiere. Es el momento de socializar de la mejor forma posible en estos tiempos de confinamiento.

Es la hora. Te conectas a la App de turno y comienza la videollamada grupal. Todo está bien. Tus amigos están bien. Pero falta algo. Cuentas las miniaturas. Hay bajas en la videoconferencia de hoy. Falta Sarah. ‘¿Por qué no se conecta Sarah?’, preguntas. ‘Hoy tiene una cita por Internet’.

Es probable, muy probable, que te preguntes sí es buena idea iniciar ‘algo’ con ‘alguien’ en clave amorosa bajo el yugo del coronavirus. Así que le preguntas. A Sarah (he elegido este nombre de ficción porque me parece un nombre estupendo). Y ella te cuenta largo y tendido.

‘Lo conocí cuando empezó todo esto en Tinder y ayer decidimos cenar juntos. Nos hicimos una cena virtual a través de Houseparty. Pero con velas y todo. Él se hizo un pollo a la sidra y yo una hamburguesa vegetariana. Porque yo intento seguir lo más vegana posible desde mi confinamiento pero X solo come carne. Por eso lo de la hamburguesa, tía. Luego jugamos un parchís (aquí me puse jocoso de más: la aplicación tiene juegos interactivos pero no de este calibre). Cuando acabe la crisis queremos conocernos’.

Y entonces tus movimientos mentales oscilan entre la envidia y la preocupación.

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QUERER DESDE EL AISLAMIENTO

La situación actual es única en el sentido de que la interacción social cara a cara no es posible y el único medio para relacionarse es telemáticamente. Hablamos de esa parte de la población que lo está viviendo sola.

Si nos lo replanteamos realmente, antes del cierre de puertas, ya estábamos encerrados en nuestras propias vidas y cuando buscábamos a alguien con quien poder tener una historia de amor, recurríamos a las aplicaciones de ‘ligoteo’. La vida adulta es así, estanca; siempre relacionándonos con las mismas personas que tienen vidas hechas e inmutables. Y la brisa fresca, como bien sabe Sarah, viene de fuera, inevitablemente.

“La creación de una relación en estos momentos de aislamiento puede ser una forma de compartir soledades e intimidades de una forma más o menos anónima y con la cercanía y profundidad mutuamente acordada”, explica nuestro psicólogo y terapeuta de pareja Raúl Padilla. “Es una oportunidad de tener un Wilson, como la pelota de voleibol de Náufrago; a la que le pintas una cara y le cuentas todo sin pudor, pero que es interactivo y ‘real’”.

ALGO INHERENTE A LA RAZA HUMANA

El ser humano es un animal social. Necesitamos el trato con otros para mantener nuestra integridad psicológica y afectiva. De hecho, en estos momentos estarás potenciando relaciones con familiares y amigos con los que no tenías apenas relación en condiciones normales.

Se busca la cercanía de los seres queridos y la certeza de que siguen bien, pero una vez que nos cercioramos de que nuestro micromundo se encuentra OK, buscamos expandirnos. “Si no hay una relación sentimental establecida, usaremos los medios telemáticos necesarios para ver lo que hay en el mercado, amistad o lo que surja, como una forma de completar nuestra afectividad”, asegura Padilla.

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MÁS ALLÁ DE NUESTRO ENTORNO. MÁS ALLÁ DE UN RETO

Comienzas a entender que Sarah pretende encontrar alguien con quien compartir su soledad. Y esto es un reto. Aunque también se pueda convertir en una forma de huir de uno mismo.

“La búsqueda de compañía desde la necesidad nos convierte en dependientes vulnerables en lugar de en personas enteras que comparten su plenitud. Estos momentos podrían servir para que cada persona hiciera una búsqueda interior y se reconciliara consigo misma para, en un segundo lugar, buscar compartirse”, sentencia Padilla.

Pero tú empiezas a empatizar con Sarah. Lo está haciendo bien. Es más, no es solo cosa de Sarah. Es cosa de mucha gente. Una forma de lidiar con la espesa calma de esta situación. Decides sumarte e intentar darle rienda suelta a tu porción amorosa/afectiva.

¿POR DONDE EMPEZAR?

La verdad es que no tienes nada más que recurrir a la conversación que tuviste con Sarah. Hay muchas aplicaciones para conocer gente. Hay personas muy atrevidas que con cualquier red social tienen la capacidad de acarcarse a quién le gusta por como se muestra en ellas. Si eres de las valientes y bravas, podrías conocer a alguien con tus artes amatorias a través de Instagram, Facebook…

Pero hay aplicaciones destinadas a este menester. Como estas 4 que te dejamos aquí:

  • TINDER. Es muy fácil de utilizar. De lo más intuitiva, emocionante (por esa particularidad de juego que conlleva) y rápida. La idea de la aplicación es proponerte los usuarios más cercanos (aunque ahora mismo eso de la cercanía no se estile ni recomiende). Una vez frente al perfil que te propone tu apruebas o desapruebas de forma anónima. Y si hay una coincidencia podéis iniciar una conversación por el chat privado.
  • HAPPN. También muy intuitiva y fácil; con un perfil muy completo en el que guarda los encuentros llevados a cabo. Tiene una estupenda geolocalización y se actualiza en tiempo real. Y la puedes sincronizar con Instagram y Spotify.
  • BADOO. Nunca dejó de funcionar bien y esto es por uno de sus vanagloriados puntos fuertes: su geolocalización. Tiene un sistema parecido al de Tinder en el que puedes elegir e iniciar un chat privado. Pero, ojo, aunque tiene algunas funciones básicas libres, el resto es de pago.
  • MEETIC. Es de pago y nació en formato web. Así que inicialmente, tendrás que formar parte de la comunidad a través de su página. El sistema funciona a través flechazos. Y si la persona que te manda uno te gusta, puedes contactar a través del chat privado.

Y una vez encontrada una pareja con la que te sientas cómoda, llega el momento de dejar atrás una aplicación y coger otra. Una con la potencia suficiente como para afrontar una cita de las características de la de Sarah.

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LAS DIFERENTES FORMAS DE TENER UNA CITA

El ejemplo de la inventada Sarah (basado en hechos reales) es solo la punta del Iceberg. Son muchos los casos que se están dando de ‘alguien conoce a alguien’ a través de una aplicación en los tiempos de aislamiento; y se dedican unos minutos, o unas horas, al día para gustarse y disfrutarse en la lejanía más cercana que supone una videollamada.

Se han propuesto cenas y sexo virtual. Presueños tumbados en la cama. Rutinas acompañadas (me sé una historia de cepillado de dientes muy tierna y graciosa). Han habido historias que empezaron fuertes y acabaron en silencio y en una vuelta a empezar. Porque la ilusión no se pierde tan fácilmente en estos momentos de presión vírica.

Para realizar todos estos encuentros existen una serie de Apps que te lo ponen muy fácil.Aplicaciones que están diseñadas para esto mismo, cada una en su subgénero con sus bondades y sus defectos, y que te pueden ayudar como te explicábamos no hace tanto tiempo.

Hablamos de aplicaciones como Instagram, WhatsApp, Hangouts o la mismísima Partyhouse de la que hablaba la no tan ficcionada Sarah, con la que puedes jugar a diferentes juegos con tus videoconferenciantes.

Lo importante es conocerse. Aprender a conocerse. Sentir el feeling desde la distancia a través de dispositivos de codificación binaria. Y llenar tus vacíos.

Es tiempo de cuidarse y de cuidarnos. De amar y querer en los tiempos del Coronavirus.

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