Sexo y pareja

Ansiosexualidad: la ansiedad por encima de todo (incluso del sexo)

Cuando el sexo desencadena la ansiedad y no el placer, ¿cómo cambiarlo?

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Los meses que hemos vivido han dejado honda huella en nosotros: una situación excepcional que ha tenido terribles consecuencias en muchos de los casos. Hemos realizado temas sobre cómo mantenernos fuertes mentalmente, como mantener la pareja en un confinamiento e incluso cómo ligar durante este encierro. Nos planteábamos, ahora, hacer un tema de cómo podían afectar al sexo las secuelas psicológicas del confinamiento.

Pensando sobre el tema, nos dimos cuenta que si le dábamos la vuelta al planteamiento nos encontrábamos con algo mucho más interesante. ¿Y si es el propio sexo el desencadenante de tu estrés y/o ansiedad? Y así, decidimos investigar sobre la ansiosexualidad y nos pusimos en contacto con el sexólogo y terapeuta de pareja Raúl Padilla.

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LOS RASGOS MÁS CARACTERÍSTICOS

La ansiosexualidad es una “inhibición del deseo sexual asociada a un estado de ansiedad, es decir, la concepción de la sexualidad como un proceso que genera más ansiedad de la que libera”, explica Padilla. Y es que en estos tiempos en los que desde cualquier frente, incluso desde el interior, “se exige un máximo rendimiento y unos estándares de ejecución irreales, hay veces en las que es preferible no involucrarse en algo en lo que no tenemos garantías de éxito”, añade el experto. Sobre todo cuando es tan "secundario" y "poco productivo" como el sexo.

"Ante una situación que nos demanda una respuesta podemos actuar de dos formas, atacando o huyendo"

Este trastorno suele aparecer, sobre todo, cuando hay una estructura de personalidad fóbica o en personas muy cerebrales. En ellas es más común que se conciba la activación que se produce ante una situación de posible actividad sexual como de amenaza en vez de como reto o el común de los placeres.

“Ante una situación que nos demanda una respuesta podemos actuar de dos formas, atacando o huyendo, cometiendo un acto heroico o desertando, y esto dependerá de que centremos nuestra atención en el estímulo externo y en lo que podemos lograr si triunfamos”, dice Padilla. Se trata de poner demasiada atención a nuestros recursos para estar "a la altura" o en lo que podemos perder si fracasamos. Cuando se produce este segundo tipo de evaluación de forma continuada, hablamos directamente de ansiosexualidad.

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¿ES EL ESTRÉS EL CULPABLE DE TODO?

El estrés guarda una estrecha relación con la sexualidad. “Cuando estamos estresados liberamos neurotransmisores y hormonas que nos predisponen a responder enérgicamente. Es la cabeza, al poner la etiqueta de reto, la que hará que busquemos un desahogo para el cuerpo, ya sea a solas o en compañía”, explica Padilla.

Pero también puede pasar que catalogue la situación de crítica y “nos vuelva conservadores, reservando todas las energías para afrontar las demandas no sexuales, es decir, que vea el acto sexual como otra demanda más del ambiente que puede ser obviada”.

“El sexo en sí mismo ya es un buen motivo para disfrutarlo”

Por eso, nuestra especial vivencia de confinamiento, más si lo hemos hecho en pareja, puede ser un buen caldo de cultivo para que la ansiosexualidad se desarrolle a sus anchas. Convivir durante un periodo tan prolongado como el que hemos pasado con nuestra pareja, muchas veces en un espacio reducido y con la ineludible compañía de su presencia, hace que se produzca un extraño fenómeno.

Por un lado podemos estar en dos universos muy alejados, cada uno teletrabajando y en un estado mental completamente ajeno al del otro, pero a la vez compartiendo el mismo aire y pudiendo tener contacto visual 24 horas al día. “Esta paradójica situación en algunos casos puede que agrave una situación de falta de deseo por saturación. Por definición, no podemos desear lo que tenemos al lado. Si a esto le sumamos un aumento del nivel de estrés por el simple hecho de no poder salir de casa y del bombardeo continuo de mensajes de miedo y desazonadores por parte de los medios, lo más inmediato es no tener el cuerpo para demasiado movimiento”, asegura Padilla.

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MUJERES, HOMBRES Y SOLUCIONES PRÁCTICAS

Partiendo de que no se trata de compartimentos estancos, nos atrevemos a preguntar a nuestro experto sobre alguna diferenciación entre mujeres y hombres, y nuestro experto no generaliza. Comenta que puede haber mujeres y hombres que pueden presentar síntomas contrarios. “Hay una ansiosexualidad más femenina asociada a los acontecimientos estresantes en general, una especie de no poder concentrarse por tener la mente en otras cosas y buscar el momento perfecto para dedicarse al placer”, explica.

Sin embargo, hay una más masculina “asociada a la necesidad de estar a la altura, así que cuando se anticipa que puede haber una pérdida de erección, una eyaculación precoz o tardía, o no poder ‘dar la talla’, preferirá no embarcarse en una empresa de la que puede salir derrotado”.

Para encontrar una solución a la ansiosexualidad hay que intentar solucionar sus dos componentes. Por un lado “hay que liberar la ansiedad y el estrés dedicándonos más tiempo a nosotros como seres que hemos venido a este mundo con la ineludible misión de ser felices”. Y por otro lado, “hay que dar la importancia que merece a la sexualidad y no convertirla en una herramienta para conseguir algo de tu interés”.

No utilicemos nuestra sexualidad para un fin último como para que la pareja no se rompa, para liberar tensión o procrear. “El sexo en sí mismo ya es un buen motivo para disfrutarlo”, sentencia Padilla.

Y si lo dice alguien que sabe del tema, tendremos que hacerle caso. Disfruta de tu sexualidad y no la conviertas en un monstruo del que huir.

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