Las chicas son guerreras

Una serie para recuperar: Buffy cazavampiros

Experta en la lucha cuerpo a cuerpo, empoderó a toda una generación de jóvenes.

Una serie para recuperar: Buffy cazavampiros
D.R.
Chus Salido
Chus Salido

Redactora Jefe

Actualizado a

Se estrenó en el 97 y tuvo un total de siete temporadas, lo que la convierte, no solo en una serie longeva, sino en un producto de esos que se acaba siendo tildado de generacional. Pero la historia de esta adolescente que se dedica a repartir estopa entre los seres del mal (no solo de vampiros está lleno el averno y lo que no es el averno) escondía más enjundia que golpes -de efecto también–.

Porque aquí las mujeres eran muy guerreras y no solo en el sentido literal. Al margen de la propia Buffy, interpretada por Sarah Michelle Gellar y que respondía a los parámetros de la típica joven rubia y californiana aunque armada y peligrosa, estaba su amiga Willow (Alyson Hannigan), quien sabía mucho de ordenadores y después mucho también de brujería (a medida que la serie avanzaba se ‘atrevió ’ incluso a iniciar una relación lésbica muy aplaudida por los fans); Cordelia, que sumó neuronas a su papel de guapa oficial en el transcurrir de los capítulos; Dawn (Michelle Trachtenberg), hermana pequeña de Buffy por parte de padre o Emma (Caulfield), que iba de demonio por la vida. Por separado, todas eran la bomba. Juntas, resultaban imparables. Luego también estaban ellos, encabezados por el torpe y muy culto Giles (Anthony Stewart), el vigilante/preparador de Buffy, o Xander (Nicholas Brendon) fiel amigo de la protagonista que a veces caía bien y otras te preguntabas seriamente si le llegaba la sangre al cerebro. Pero, retomando el hilo, a Buffy le gustaba cazar malos. Y otra cosa que le gustaba eran los chicos malos. Dos vampiros –Angel y Spike, el primero pasó de héroe a villano y el segundo de villano a héroe, lo que es la vida– eran las cabezas de cartel de un currículum sentimental al que el adjetivo complicado lo mismo le quedaba corto. En cada episodio, Buffy se las veía con alguna criatura indeseable mientras bregaba con sus cosas de adolescente y trataba temas acordes con su edad: el desengaño amoroso, la iniciación sexual, el ‘qué seré de mayor’, la separación de sus padres etc. Normalísimo, vamos. Ahora, la serie se puede ver completita en Disney + y la llegada a la plataforma coincidió prácticamente con la denuncia de muchas de la actrices que intervinieron en el proyecto y que acusaron a su creador, Josh Whedon, de crear un ambiente tóxico para las mujeres implicadas. Vamos, que les hacía la vida imposible con muchas ganas. Así, el hombre que dijo de Buffy que celebraba “el poder femenino: tenerlo, usarlo y compartirlo” o que soltó aquello tan feminista de “¿Por qué escribo personajes femeninos fuertes? Porque vosotros me seguís haciendo esa pregunta” ha acabado convertido en el malo de la película, una de esas criaturas a las que la cazavampiros le diría alguna que otra cosa, y no precisamente bonita, si coincidieran en una barbacoa.

Polémicas aparte, este verano puede ser un excelente momento para ver (o volver a ver) una serie que ha aguantado más que decentemente el paso del tiempo, que es gozosa y manda a los malos bien lejos. Como debe ser.

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