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Penélope Cruz protagoniza nuestra portada 200 y recordamos cómo fue el primer número de InStyle España

La actriz Penélope Cruz fue portada del primer número de InStyle España y, en este mes tan especial para nosotros, vuelve a ser protagonista. Recordamos con la exdirectora de InStyle, Ana Santos, cómo fue aquella vez en 2004 y Marta Flores, actual directora, nos cuenta los detalles de la presente.

Portada Penélope Cruz para el número 200 de InStyle
© Miriam Núñez Del Bosque

Actualizado a

 

El presente y el pasado convergen en nuestro número 200, he aquí dos cartas de dos directoras transcendentales para InStyle. Ana Santos, encargada de lanzar en 2004 esta revista con alma estadounidense en España y Marta Flores, timón de este barco que solo ha empezado a navegar. 

 

CARTA DE ANA SANTOS
Exdirectora de InStyle España

PENÉLOPE, SÍ O SÍ

Siempre he presumido de tener muy buena memoria, pero cuando me proponen escribir sobre los entresijos de la primera portada de InStyle España con motivo del número 200 de la revista, me doy cuenta de que por mis neuronas también han pasado los años. En mi defensa he de decir que aquello sucedió hace casi 17, pero me lo tomo como un reto cargado de nostalgia y, ¿por qué no?, de satisfacción.

Pongámonos en antecedentes. Estábamos en la primavera de 2004 y yo era la responsable de lanzar la versión española de InStyle, una revista de “moda, belleza y lifestyle con celebrities, no con modelos”  –ese era el mantra que repetíamos hasta la saciedad cuando la presentábamos– que vendía cientos de miles de ejemplares en Estados Unidos. Entonces “los americanos”, como llamábamos a los jefes que nos vigilaban de cerca desde Nueva York, tenían que dar el visto bueno a cualquier decisión que tomáramos, desde el aparentemente inofensivo título de una sección a, por supuesto, la portada. Afortunadamente, no hubo ninguna discusión sobre quién merecía ocupar el primer número de InStyle en España. Todo lo contrario de lo que ocurrió cuando se enteraron de que aquí íbamos a llamar a la revista “Inestail” y no “Instail”, como corresponde. Tras el estupor inicial y unas cuantas llamadas después, aceptaron el “spanglish” como mal menor.

Volviendo a Penélope, en 2004 ella ya era una estrella global, aunque lo mejor –tres nominaciones a los Oscar y una estatuilla en casa– estaba por llegar. Con 30 años, en lo más alto de nuestro cine y bendecida como chica Almodóvar, había triunfado en Hollywood con “Blow” y se había enamorado de Tom Cruise en “Vanilla Sky”, de quien se había separado a principios de año. Así que no había ninguna duda de que teníamos que conseguir, sí o sí, que nuestra actriz más internacional de todos los tiempos posara para el nº 1 de InStyle. ¿Fácil? Para nada, pero ahí estaba un equipo con un entusiasmo a prueba de obstáculos y un aliado necesario: Antonio Rubial, representante de Pe en aquellos tiempos. Con él manteníamos una buena relación que venía de lejos y, desde que se lo propusimos, peleó como un jabato para hacerlo posible. Sin duda, la promesa de que a finales de septiembre, coincidiendo con el estreno de la película italiana protagonizada por Penélope “No te muevas”, empapelaríamos las marquesinas de media España con su cara, fue definitivo para lograrlo.

Si me fío de mi memoria, encontrar un día libre en la agenda de la actriz no me provocó noches de insomnio. Pero soy incapaz de acordarme por qué decidimos hacer la producción en un cigarral de Toledo; imagino que buscábamos una localización señorial y con acento español. La elección de fotógrafo y maquillador no admitía dudas; dos problemas menos. Entonces, Javier Salas firmaba la mayoría de las imágenes de la actriz y ella solo se dejaba maquillar por Pablo Iglesias (el político vendría después), una fidelidad que, según me cuentan, trata de mantener hasta el día de hoy.

Cuando en un caluroso día de verano Penélope llegó puntual acompañada de su representante en un coche negro conducido por un chófer, ya estábamos todos en nuestros puestos con la lección bien aprendida. Nos saludó con un profesional apretón de manos y se puso en marcha sin perder un minuto. Dio el visto bueno a los looks escogidos por la estilista, posó con la diligencia propia de una modelo y se unió al equipo a la hora de comer. Discreta y me atrevería a decir que algo tímida; sin rastro de divismo ni de caprichos de prima donna. Por la tarde tocaba disparar la portada. Barajábamos dos opciones opuestas: una con un sencillo top negro y otra con un vestido de noche verde. Ese fue el único momento en que la actriz torció el gesto y pidió que salieran del almacén reconvertido en estudio todos los que no fueran absolutamente imprescindibles. Algo razonable teniendo en cuenta que los shootings tienden a convertirse en el camarote de los hermanos Marx.

Después también alzó la voz para sugerir que la entrevista que le iba a hacer el subdirector de InStyle, Pacho Castilla, se realizara en un lugar tranquilo, sin testigos ni límite de tiempo. El sueño de cualquier periodista y algo impensable en estos tiempos cronometrados. Al terminar, ya anocheciendo, se despidió de todos con dos besos y una amplia sonrisa. Supongo que yo le diría que no tenía palabras para agradecerle su esfuerzo, una frase hecha pero cargada de verdad. Penélope Cruz sería la portada del primer número de InStyle, el de octubre de 2004.

Escoger la foto de portada nos llevó semanas de pruebas, dudas y mails cruzados con “los americanos” –ya reconvertidos en colegas– y con el equipo de Pe. Al final nos decantamos por la del top negro, pero con la lucidez que da el paso del tiempo tengo que reconocer que no era una portada redonda. Correcta pero con poca fuerza. Aunque también pienso que, si pasados los años, los “Inestyle” de medio mundo y otras cabeceras internacionales seguían comprando esa portada es que no lo debimos hacer tan mal, ¿no?

CARTA DE MARTA FLORES
DIRECTORA DE INSTYLE ESPAÑA


Ponerse delante de una cámara es un acto de valentía. En la era de los selfies podría parecer que esa habilidad ya no tiene mérito, pero que no lleve a engaño: muchos adolescentes se hacen fotos con el móvil en su habitación y luego son incapaces de exponer un trabajo en clase. Contradicciones de esta época y de esta nueva generación aparte, considero que dejarse querer por un objetivo y conseguir que este te quiera es uno de los retos más difíciles que existen.

Llevo muchos años trabajando con celebridades y viéndolas posar. Cuando llegan al plató para la sesión de fotos me imagino cómo se habrán levantado esa mañana; qué habrán desayunado o si, por el contrario, sentían tantos nervios que no les entraba bocado; si han dormido bien o se movieron más de la cuenta en la cama; si sus parejas les desearon “buen día” o “suerte” al salir por la puerta… No puedo evitar ver a la persona más allá del profesional, porque dentro de una actriz también deduzco inseguridades, como las de todo hijo de vecino, y mucha consideración por el trabajo que desempeñamos quienes nos ponemos detrás de esa cámara. Y, sin embargo, ahí están, entrando con paso firme e intentando que todo salga rodado para que quedemos contentos. Atención, spoiler: que se te dé bien interpretar no te otorga por arte de magia la virtud de saber actuar en un shooting o desfilar sobre una alfombra roja a lo Kate Moss. Pero eso es lo que se exige. Y el esfuerzo que se hace para que así sea hay que valorarlo. Desde aquí, toda mi admiración.

Y luego está Penélope Cruz. La actriz es capaz de remover todos mis cimientos cuando pide como único requisito unos huevos revueltos y jamón “del bueno”. Vamos, que no viene desayunada (o va a ser la segunda vez que desayune), a lo que hay que añadir que llega al  plató con el rostro descansado (parece que ha dormido bastante bien) y que no me imagino yo a su marido diciéndole “ánimo”, sino más bien un “hasta luego”, porque no creo yo que a estas alturas del partido a Penélope le altere un fotógrafo (absténganse paparazzis) lo más mínimo. Entonces, irremediablemente, me visualizo a mí misma: esa mañana he tomado de un sorbo un café solo, tengo ojeras y mi marido me acaba de enviar por WhatsApp un “¡Suerte con Pe!”. Buf, menos mal que no soy yo la que tengo que posar…

La sesión transcurre con tal naturalidad que me da tiempo a observar pequeños detalles. Penélope toma notas de voz con su móvil ante las indicaciones del equipo. Lo hace, dice, porque luego le servirán para mejorar los planos de sus rodajes. También, elige los encuadres en los que mejor se ve y tiene bastante criterio. Vuelve a pedir un tentempié a media mañana (esta vez algo caliente). Y contrarresta la seriedad de cada posado mirándome con una sonrisa tímida al acabar cada una de las fotos. Es dulce e implacable a la vez, lo que me hace pensar que nos llevaríamos bien fuera de los focos. Al finalizar, le hago saber lo importante que es para nosotros esta portada. Y ella, algo abrumada, me cuenta que recuerda perfectamente la primera y que le tiene especial cariño.

Una semana más tarde se realiza la entrevista que podéis leer en las siguientes páginas. Penélope cuenta: “En una sesión fotográfica tienes que transmitir poderío y seguridad, pero yo internamente me río muchísimo de mí misma. Me choca que al equipo le llegue esa sensación de seguridad. Si escucharan la voz dentro de mi cabeza, eso sí que sería un buen número… Pero ojo, que este sentido del humor mío no ensombrece, ni resta un ápice del respeto que les tengo”.

Confiesa además su obsesión por los huevos, ya sean fritos, revueltos o cocidos. Sí, porque Penélope también es humana. Como todas las celebrities que han pasado por nuestras 200 portadas y por todos los reportajes interiores de InStyle. Artistas a los que desde aquí queremos agradecer que un día se levantaran (ya fuera con ilusión o indecisión, con aplomo o incertidumbre) para dedicar su tiempo a salir en nuestras páginas. Esta es y será siempre vuestra casa.

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