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Cómo usar la lejía correctamente para aprovechar su capacidad de desinfección

Te contamos todo lo que debes saber para aprovecharte del poder de desinfección de la lejía y no caer en errores comunes.

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Cómo usar correctamente la lejía
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Aunque la lejía lleva toda la vida en nuestros hogares, hoy más que nunca se ha convertido en la mejor aliada para intentar desinfectar nuestros hogares e intentar luchar contra virus y bacterias. Actualmente, una de las mayores preocupaciones que tenemos a la hora de limpiar nuestra casa es saber si realmente hemos eliminado los virus y bacterias que puedan habitar en ella.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda el uso de productos de hipoclorito de sodio –como pueden ser marcas de toda la vida como Estrella o Conejo– para la desinfección de superficies que se tocan con frecuencia en los hogares para ayudar a prevenir la propagación de virus.

La lejía es sinónimo de limpieza y desinfección ya que es capaz de destruir bacterias, hongos y virus. Cuando la lejía entra en contacto con la suciedad, manchas, gérmenes y olores se producen reacciones químicas que rompen las moléculas de la suciedad eliminando los microorganismos. Por ello, este producto puede ser uno de tus mejores aliados en casa.

Diferentes usos que puedes darle a la lejía

  • Limpiar y desinfectar multi superficies. La lejía puede utilizarse como limpiador general del hogar, no solo para limpiar sino desinfectar a fondo. Es ideal para limpiar aquellas superficies con las que estamos en constante contacto como pomos, grifería, timbres, etc…
  • Desinfectar y blanquear del baño. Tanto en el WC como en el lavabo o la bañera, al ser lugares húmedos, pueden aparecer hongos y, es por eso, por lo que se les debe prestar especial atención. Para evitar la aparición de esas zonas ennegrecidas solo hay que aplicar un chorrito de lejía y dejarla actuar unos minutos. Después se seca bien con una bayeta.
  • Eliminar el moho: la humedad favorece la aparición del moho que podrás limpiar fácilmente usando un producto de lejía y detergente (como Estrella 2 en 1, por ejemplo), incluso en las juntas de baldosas y azulejos.
  • Limpiar y desinfectar electrodomésticos.
  • Limpiar la lavadora, aunque se pasa la vida entre detergentes, también se debe limpiar periódicamente para conseguir una mayor eficiencia de lavado y evitar que se acumule suciedad. Te recomendamos lavar el cajetín del detergente y el filtro con un poco de lejía, y el tambor con un poco de agua caliente y lejía en un ciclo normal de lavado.
  • Probablemente uno de los beneficios más conocidos de la lejía es su excelente poder blanqueador y quitamanchas en la ropa. Te recomendamos consultar siempre la etiqueta del tejido para saber si se puede utilizar lejía en él.
  • Lavar frutas y verduras con lejía. La propia OMS aconseja disolver 2 ml. (1 cucharadita de café) de lejía en un litro de agua para asegurarnos de desinfectar cualquier tipo de verdura y fruta antes de su ingesta.

Cuidados y peligros en el uso de la lejía

  • Nunca mezclar lejía con otros productos químicos, amoniacos, ácidos o alcohol, ni con otro producto de limpieza doméstico ya que puede desprender gases tóxicos. Y pese a que el vinagre sea un producto natural, tampoco deben combinarse.
  • Es recomendable evitar el contacto con superficies de aluminio, muebles y moquetas. En caso de duda puedes probar en una zona poco visible de la superficie a tratar.
  • En el caso del textil, lee la etiqueta de cada prensa y/o tejido para saber si se puede utilizar lejía sobre ellos.
  • Se recomienda no rellenar botellas o recipientes con lejía, esto podría llevar a un mal uso, o lo que es peor, a una ingestión accidental.
  • Utiliza la cantidad necesaria de producto. Añadir más cantidad de la adecuada no solo no te garantiza más poder de limpieza, sino que puede resultar en desastre y, por lo contrario, si utilizas muy poca cantidad no estarás aprovechando todo el poder desinfectante de la lejía. La OMS recomienda una concentración del 0,5% lo que corresponde a mezclar 130 ml de lejía en 870ml de agua.
  • Es recomendable evitar el contacto con superficies de aluminio, muebles y moquetas. En caso de duda puedes probar en una zona poco visible de la superficie a tratar.
  • Finalmente, y para asegurase de no correr ningún riesgo, recuerda utilizar guantes para evitar irritaciones y ventilar la casa mientras limpias.

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