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Vicky Luengo, Mireia Oriol y Paula Malia: el encanto de la sencillez

Las actrices han llegado a la escena interpretativa española para dejar huella. Tres nuevos rostros que derrochan naturalidad, autenticidad y frescura, muy acorde con los valores de LifeWear, la filosofía de UNIQLO que promete hacerte la vida más fácil.

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Sus rostros resultan ya familiares gracias a sus trabajos en algunas de las series de televisión de más éxito de los últimos meses. Y la juventud, unida a unas carreras en pleno apogeo, convierten a Vicky Luengo (Antidisturbios), Paula Malia (Valeria) y Mireia Oriol (Las del hockey y Alma, aún pendiente de estreno), en tres de las actrices que debes tener en el radar.

InStyleles ha reunido en una misma sesión fotográfica donde queda patente su complicidad y buen rollo, así como el gusto compartido por un estilo de vida práctico y con detalles que lo hacen muy personal en cada caso. “Siempre voy bastante cómoda; en casa me gusta llevar pijama y chándal”, afirma Mireia Oriol. “Cuando ruedo solo me visto con ropa muy confortable, y aunque tengo ganas de volver a arreglarme un poco, en mi armario no faltan unos buenos jeans y otras prendas básicas fundamentales”, explica acerca de los nuevos hábitos de estilismo surgidos a raíz de la pandemia. Vicky Luengo sí reconoce, por su parte, que toda esta situación le ha hecho perder un poco las ganas de acicalarse, “aunque nunca olvidaré el día de mi 30 cumpleaños, en pleno confinamiento. Decidí celebrarlo tomando una copa con mis dos compañeros de piso y me vestí, por primera vez en mucho tiempo, de negro como si me fuera a ir de fiesta”, cuenta riéndose. “Pero la verdad es que estoy acostumbrada a llevar prendas ‘tranquilas’. Hace tiempo que inicié un cambio en mi forma de comprar. Pasé de ser compulsiva a adquirir artículos escogidos. Ahora quizás mi armario no esté tan lleno, pero la verdad es que no echo nada de menos”, cuenta satisfecha. Un gusto, el de la inclinación hacia los outfits más relajados y selectos, que también comparte Paula Malia, reconociendo que “ahora visto mucho más minimalista que antes: Me pasé tres cuartas partes del confinamiento del año pasado con el chándal puesto; cuando quise volver a meterme unas medias o una mini estrecha se me hizo un mundo”. Y comparte con nosotros su reto actual: “Intento ir combinando la comodidad con la estética”, porque eso también es posible. De ahí que las tres jóvenes actrices representen mejor que nadie la filosofía LifeWear de Uniqlo, ropa pensada al detalle que refleja la simplicidad, la calidad y la longevidad propios de la cultura japonesa. Esta primavera-verano, además, se inspira en tendencias actuales como el efortless y el estilo de vida consciente y saludable, aspectos que se pueden reconocer en sus prendas de lino premium, sus vaqueros de máxima calidad y su colección Sport Utility Wear, ideal para una vida activa dentro y fuera de casa.

Mireia Oriol

Empezó a trabajar de modelo con 16 y lo dejó a los 20. Cuando estaba a punto de desfilar en la fashion week de París, la presión de los castings previos y una ruptura sentimental “me hicieron ver que esa no era la vida que quería. Lo dejé y me fui a Londres a estudiar interpretación. La carrera de modelo es durísima, te desconecta de tu cuerpo”, comenta la actriz nacida en Argentona (Barcelona) en 1996. Y lo tiene muy claro cuando afirma que “el trabajo de modelo, que te enseña a estar siempre guapa e inalcanzable, y jugando al ‘hermoso engaño’, no tiene mucho que ver con el mundo de la interpretación. Al menos como a mí me gusta entenderlo, y que no es de otro modo más que conectando directamente con la verdad y la humanidad esencial”.
Mireia se hizo muy conocida en Cataluña gracias a su papel en la serie Las del hockey (TV3) y en El pacto, el thriller en el que compartió escena con Belén Rueda y Darío Grandinetti y que para ella supuso un primer contacto real con el mundo profesional . “Me permitió entender y vivir la interpretación desde un lugar muy honesto e inocente. Fue una experiencia arrolladora y mágica.” Ahora protagoniza Alma (Netflix), la serie aún sin fecha de estreno y en clave de thriller sobrenatural dirigida por Sergio G. Sánchez y Kike Maíllo, y a la que define como “una bomba y un reto extremo desde el minuto cero”. Rodada casi íntegramente en Asturias, Mireia interpreta a Alma, una chica que sufre un accidente que le provoca amnesia. Al volver a su casa, se enfrenta a la necesidad de recomponer su vida y desentrañar sus recuerdos en un misterioso rompecabezas “que acaba contando una preciosa historia”, apunta. Autoexigente a veces en exceso, y con las ideas cada vez más claras, la actriz nos adelanta también su proyecto más personal: la producción Mimi Loves London, escrita durante el confinamiento del pasado año con David Solans, y que es “una historia con una estética muy marcada que habla de la búsqueda y construcción de la identidad, de mi viaje a Londres cuando huía de un conflicto familiar y de un trastorno alimentario, de un amor, de los estudios de interpretación y de mi vivencia en un convento de monjas donde me hospedé un tiempo al llegar a la capital británica. A pesar de lo dramático que parece, es una comedia”. Y hablando del confinamiento, y de moda, recuerda entre risas que lo más “friki” que llegó a hacer fue “como mucha otra gente, arreglarme de medio cuerpo para arriba e ir con pintas por abajo”. En tono más serio, reconoce que su generación está “harta de aguantar, perdonar y aceptar que las cosas no se puedan cambiar. Me da mucha rabia y tristeza”.

Paula Malia

Sociable, divertida y despistada, se ríe hasta de su sombra. Así es esta actriz y cantante nacida en Barcelona en 1990. “¿Lo peor de mí? Soy muy indecisa y autoexigente. Me preocupa no cumplir con las expectativas que creo proyectadas sobre mí misma. Es lo que se conoce como el ‘síndrome del impostor’”, explica.
Dio rienda suelta a su espíritu gamberro con The Mamzelles, el grupo de música que formó junto a dos amigas y con el que llegaron a publicar dos discos. “Nos gustaba teatralizarlo todo con pelucas y hacíamos un show muy desvergonzado. Me dio muchas tablas a la hora de improvisar; luego ya empecé a trabajar en teatro y audiovisual.”
Con unos inicios interpretativos ligados a TV3, Gente que viene y bah (2018) supuso un punto de inflexión en su carrera. “Fue un sueño participar en esta película. Llevaba un año sin trabajar y para pagarme el alquiler hacía mil horas de dependienta en una tienda en Barcelona. De repente, Patricia Font, la directora, me llamó para el casting y me cogieron. Cuando me contaron que el personaje de mi madre lo iba a interpretar Carmen Maura, casi me desmayo. Fue un rodaje maravilloso”, recuerda sobre este filme protagonizado, entre otros, por Clara Lago y Álex García. “Ser actriz es mucho mejor de lo que pensaba. A veces idealizamos demasiado nuestro trabajo. Y al final, como en todas las profesiones, se basa en el día a día, en confiar en tu equipo y en ser generoso. Eso me gusta. Y gracias al espíritu de equipo que se genera en los rodajes y en las compañías de teatro esta profesión me fascina.” Se reconoce inquieta, fan de las camisas con estampados divertidos y amante de los juegos de mesa, y está orgullosa de pertenecer a una generación “que no lo ha tenido fácil por las crisis económicas y que ha sabido salir adelante gracias a su creatividad y determinación”. Confiesa que volvería a trabajar feliz con Dani de la Orden (Loco por ella) y Paco Caballero (El vecino), y que adora a Carmen, su personaje en la serie Valeria (Netflix), basada en la saga literaria En los zapatos de Valeria, de Elisabet Benavent. “Me encanta lo divertida que es y que siempre hace las cosas desde el corazón, aunque pueda acabar liándola mucho. El personaje tiene mi edad, y siento que de una temporada a la otra ha madurado, y yo también. Es bonito crecer con tus personajes.” ¿Otra saga que le guste? “Las novelas de Dan Brown. Me encantaría ser Robert Langdon y viajar resolviendo misterios. Aunque creo que ya está cogido por Tom Hanks ”, ríe en alusión al papel del famoso actor en El código Da Vinci.

Vicky Luengo

Subió a un escenario por primera vez con catorce años, y a lo largo de este tiempo afirma haber aprendido a dejar de estar pendiente de la aprobación del otro para centrarse en sí misma. Y aunque apenas ha parado de trabajar desde entonces, Vicky Luengo (Palma de Mallorca, 1990) reconoce que su papel de la teniente Laia Urquijo en Antidisturbios, dirigida por Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, ha supuesto un antes y un después en su carrera. “Ha habido otros trabajos que me han motivado y ofrecido retos maravillosos. Pero con esta serie se han dado varios elementos definitivos: un papel difícil y complejo increíble, un grupo de gente a mi alrededor muy talentosa y que me ha ayudado mucho, y una crítica buenísima que ha hecho que haya audiencia y se reconozca mi trabajo.” Rechaza la extrema violencia igual que antes de hacer la serie (“este trabajo no ha cambiado mis emociones anteriores”, apunta) y sobre los papeles de mujeres fuertes matiza que “son personajes mal escritos. No hay mujeres fuertes las 24 h; creo que esta idea nos hace un flaco favor. Lo realmente feminista está en ver la igualdad de la realidad retratada en la ficción. Las personas, hombres y mujeres, somos un día fuertes y otro día vulnerables”. Además, confiesa que le encantaría seguir haciendo personajes que, como el de la teniente Urquijo, sean complejos, contradictorios, “que se equivocan, que aciertan, que ganan y que pierden”. Por supuesto, se siente muy agradecida por el momento que está viviendo, especialmente ante el hecho de poder seguir llevando adelante la gira de teatro de Principiantes, dirigida por Andrés Lima y en la que comparte escena con Javier Gutiérrez, Mónica Regueiro y Daniel Pérez Prada. Tras un descanso en verano, y si nada lo impide, tiene previsto retomar las funciones en noviembre. Poder hacer teatro ahora mismo para ella “es un privilegio. Lo vivo con muchisíma gratitud, aunque también con incertidumbre, porque en cualquier momento las restricciones aplicadas a los distintos territorios en nuestro país pueden cambiar y hacer que se caiga un ‘bolo’. Pero es maravilloso comprobar que el público tiene muchas ganas de ver teatro y de que le contemos historias para evadirse”. Disfruta mucho el ritual previo a cada función, esa hora en la que se dedica a preparar y calentar el cuerpo y que vive casi como una forma de meditación. Y aunque también reconoce que mirar al patio de butacas en tiempos de pandemia resulta cuanto menos extraño, –“ver a la gente con mascarilla y distancia de seguridad genera cierta frialdad”–, asegura que para ella el teatro es como volver al origen de todo.

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