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Najwa Nimri: "Sigo riéndome de mí misma y manteniendo el sentido del humor. Cuando lo pierdo soy patética, como todo el mundo"

Convertida en mito intergeneracional, Najwa Nimri inaugura nueva etapa profesional sin perder "la pasión y la inconsciencia que guían mi destino". La actriz de moda –literal y metafóricamente– viste la colección PreFall 2022 de Louis Vuitton mientras entabla esta conversación (siempre) inteligente.

Najwa Nimri para InStyle x Louis Vuitton
Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

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Es la excepción que confirma la regla. O las reglas, para ser más exactos. Como la que dice que es imposible hacerse un hueco en la industria con un nombre difícil de pronunciar; la que cuestiona la conciliación de una carrera estable y duradera en la música y en el cine; la que asegura que el declive profesional de una actriz empieza a los 40 o el axioma histórico de que para triunfar a nivel global hay que pasar por el aro de Hollywood. Najwa Nimri (Pamplona, 1972) las ha desmentido una a una a base de talento y personalidad, y promete seguir haciéndolo con el estreno de la nueva temporada del reality de Netflix Insiders, en el que ejerce como anfitriona, y las series Sagrada familia y 30 monedas. Quienes continúan calificando de enigmática e inclasificable a la estrella navarra perpetúan una ceguera estéril ya que, si algo ha sido la artista durante sus más de dos décadas de profesión, es cristalina: su único oráculo consiste en hacer lo que le sale de su santo instinto. Las que caminan ahora a su lado, y las muchas otras que vendrán detrás, no serán nunca más la excepción porque ya no hay reglas. Najwa

Nimri se las ha cargado todas.

Si afirmo que Insiders lo presenta una outsider, ¿estoy en lo cierto? Ese es un titular bastante bueno, sí. Lo más patético de todo es que no ha sido por decisión propia; yo siempre he querido ser una insider. Es cierto que luego trabajo muchísimo, pero es muy fuerte que la gente perciba siempre que paso de todo.

Y tú no pasas… ¡Qué va! Me importa todo muchísimo: la gente, mis compañeros, mi trabajo… pero también sé, como decía Ghandi, que al final no importa nada. Sí que sigo riéndome de mí misma y manteniendo el sentido del humor. Cuando lo pierdo soy patética, como todo el mundo.

Sin embargo, con esta postura vital te va mejor que nunca. Es que nunca fue una postura. Yo no quería que me vieran como una chica que va de chica, no me sentía cómoda en ningún grupo. Mi sobrina me dijo el otro día: “Antes te llamaban andrógina, ahora serías no binaria”. Siguen siendo etiquetas… Pero hay algo en mi manera de subsistir a todo eso que me ha llevado hasta este punto en el que me encuentro, en el que por fin se ha entendido.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Crop top de lana y falda de seda con estampado de estrellas; diadema de piel; gafas de sol LV Edge Cat Eye; bolso Eclipse Monogram y sandalias mule Pool Pillow. Todo, de Louis Vuitton.

Los concursantes de Insiders participan en el formato sin saberlo. Con tanto móvil, ¿salir a la calle siendo un personaje público también tiene algo de reality? Sí, y para ti también. Todos estamos en esta especie de show de Truman; la diferencia es que nosotros vivimos de ello. Pero nunca he pensado que fuera una persona tan importante y eso me da la oportunidad de no esperarme los premios que recibo –que, por cierto, los guarda todos mi representante– y seguir valorando al público. Me permite vivir.

Como un mecanismo de defensa para mantener el ego a raya. Es algo natural, no me cuesta. Por eso, cuando no he tenido trabajo no me ha destrozado. En referencia a tu anterior pregunta, no creo que me afecte más de lo normal. Lo que sí jode, y mucho, es cuando te graban sin permiso. Cuando voy a una cafetería y veo un móvil levantado, sé hasta si me están haciendo zoom. Todos los de La casa de papel tenemos un mecanismo para detectarlo. Pero a eso no te acostumbras.

Han pasado ya varios meses desde el final de la serie. ¿Vives más desahogada sin esa gran repercusión mediática? No te creas que ha llegado todavía ese alivio. Además, conmigo tiene más que ver con la tecla que se ha tocado que con la propia popularidad. Porque no tiene ningún sentido que tantas niñas con 30 años menos que yo hayan conectado de una manera tan visceral. No es lógico. ¿Crees que conectas mejor con el público joven que con el de tu generación? No lo creo, es un hecho. Cuando yo empecé era tan inconsciente que no me atrevía ni a hablar. Intentaba encajar en los cánones, pero todo me parecía encorsetado y la conexión resultaba complicada. Durante mis primeros diez años de carrera era una incapaz a nivel social; no podía lidiar ni con la fama ni con la prensa. Se me sigue sin dar bien, pero gracias a la edad puedo enfrentarme mejor a ello.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Crop top y minishorts de punto estampados; pendientes Louissete y bolso Petit Noé. Todo, de Louis Vuitton.

Quizá esos sean los motivos que hacen que las jóvenes se identifiquen tanto. Se han unido varias cosas: mucho trabajo, la canalización de una ira contenida que concentré en algo creativo, un momento de despertar… Querían un antihéroe, no una princesa. Yo le di rienda suelta y se produjo esa conexión en el espacio-tiempo. Es como magia. Por ejemplo, lo que pasó con Zulema en Vis a Vis fue absolutamente inesperado, es muy fuerte lo que percibió la gente.

¿Ves lógico entonces que ahora las actrices prefieran ser chica Netflix que chica Almodóvar o, como en tu caso, chica Medem? No lo considero un insulto, pero yo no fui chica Medem. Trabajé con él, pero nunca fui chica de nadie. Se puede tener un pico de popularidad, no obstante mi éxito no ha llegado porque sea la chica más guapa, más joven y más alegre de la fiesta, sino por mi trabajo. Mis movidas personales de señora no les interesan un carajo, lo noto en mi cuenta de Instagram. Lo que les importa son solo los personajes que interpreto.

Vales lo que valen tus personajes. Total y completamente, mi valor está ahí. A través de eso sé hacer otras cosas, porque la moda también la interpreto bien. Todo lo interpreto. Pero fuera del mercado del acting no tengo ningún valor.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Vestido recto en tweed sin mangas; pendientes de clip Guilloché; set de anillos y bolso Capucines Mini De Louis Vuitton.

Y qué queda en ti de roles tan exitosos como los de Alicia Sierra o Zulema? Nada. Con este tipo de papeles pasa una cosa: se te quedan las taras y se te van los superpoderes. Crees que tienes la mente calculadora de Alicia y luego no sabes ni usar Google Maps. Piensas que eres tan fuerte como Zulema y en realidad eres una señora que se sienta a ver la televisión como todo el planeta. Los poderes desaparecen cuando dejas de rodar.

Hablando de ello, la moda tiene su propio poder, el de hacernos sentir de una determinada manera. ¿Qué sientes tú cuando vistes una firma como Louis Vuitton? Me transmite muchas cosas. Es una marca con la que tengo muy buena relación desde hace tiempo. Y voy a ser honesta: tienen las mejores asas y soy muy fan de cómo trabajan el cuero con la tela… En resumen, haciendo zapatos y bolsos son Dios.

Defiendes cualquier estilo con la misma soltura que defiendes cualquier papel. Sí que soy bastante actriz, depende de cómo me maquilles te hago una cosa u otra (hace una pausa de reflexión). También fui a Hollywood, me llevaron mis agentes, pero no quise quedarme y me volví. Me resultó muy duro alejarme de toda la gente; no pude. Estoy convencida de que hubiera hecho carrera, pero tienes que valer para aguantar.

Mientras muchas de tus compañeras denuncian el edadismo presente en la industria, tú estás en un gran momento profesional. Yo me comí el marrón antes. Estuve seis años casi sin currar, pero nunca me salí de mi camino sabiendo que en ese momento me suponía no trabajar nada.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Abrigo midi de cashmere y seda; gafas de sol LV Moon Cat Eye y bolso Coussin. Todo, de Louis Vuitton.

¿Tuviste la tentación de dejarlo en esos años en los que no sonaba el teléfono? No, no. Esto es lo que yo hago, no es una cosa que puedo coger o dejar. Y tampoco he esperado a que suene el teléfono porque hago mi música, tengo familia, la gente que me rodea… Ellos no salen en los periódicos, pero existen y son los más importantes para mí. De hecho, trabajar tanto y tan a saco me ha pasado mucha factura en mis relaciones personales.

¿Merece la pena? Sí, pero con cuidado. Es más, yo he sido más feliz a nivel personal cuando no tenía trabajo. En mi caso tiene que ver casi con la fe; yo sé que el trabajo me va a llevar a donde tengo que estar. Cuando decido aceptar un papel me vuelvo loca, los trabajo como un perro para hacerlos luego lo más sencillos que pueda. Porque sé que tengo que convertirlos en legibles para el gran público, pero quiero darles profundidad. ¿Cómo hacer entertainment con fondo? Esa es la movida.

La imagen que proyectas es la de ser una mujer muy valiente y segura de sí misma. Esa interpretación de valentía se debe a que siempre he sido una inconsciente, porque a veces respondo dejándome llevar. Entonces, si hilo bien, de repente parece que tengo unas ideas muy formadas en las que creo fielmente, pero para nada. Todo eso, unido a un pelo ‘nosecómo’ y unas facciones ‘nosequé’, componen esa proyección. De pequeña me rompía la cabeza con el monopatín haciendo el cabra y ahora, cuando hablo sin filtros, puede dar lugar a estas cosas. Pero nunca me he metido en temas complicados ni me he posicionado públicamente sobre política.

Imagino que habrá sido difícil. Sí, porque han sido muchos años y me ha tocado por muchos sitios en momentos fuertes. Medio árabe (su padre es de origen jordano), medio vasca, he vivido de todo… Nunca me metí en nada, lo que tampoco quiere decir que no me lata. Simplemente, me dedico a hacer mi trabajo y, respecto a todo lo demás, tengo la humildad para reconocer que no cuento con las armas necesarias para elaborar un discurso lo suficientemente coherente. Esto, que ya me parecía un asunto serio hace años, con las redes me lo parece más. Pero no soy tan fuerte, solo tengo unas cuatro cosas claras.

¿Qué puedes contarnos sobre tus próximas series: Sagrada familia y 30 monedas? La segunda temporada de 30 monedas es muy sorprendente, ponlo. Creo que es mejor que la primera y que se van a reír mucho. Y en Sagrada familia me meto en un registro nuevo porque hago de señora. Esas sonrisas, esos pañales… Es un personaje que me ha costado; ha sido muy difícil. Creo que es una reinvención de la telenovela que va a gustar al público, van a querer ver a esas señoras haciendo moñadas.

Jugando con su título, ¿qué es para ti lo más sagrado? El arte, que si no es sagrado deja de serlo. El término cultura viene de rendir culto y si no le pones respeto y amor no trasciende, no se produce esa comunión. Y estamos en un momento que hace falta. O le metemos a la vida hashtags, #alma #Dios #creencia #arte #soul #goodvibes, o se va a hacer muy cuesta arriba…

No sé si cumplir 50 años este 2022 ha supuesto, como para mucha gente, un punto de inflexión. ¡Qué va! Yo hice lo contrario: todos los amigos, billetes pagados y superfiesta. De pequeña siempre visualizaba el futuro como algo que no iba conmigo; te imaginabas a los 50 años como un viejo que no podría ni andar. Entonces es en plan, ‘joder, que hemos llegado hasta aquí’.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Top de tiras cruzadas; gorra Vuittamines Play y pendientes Planète LV, de Louis Vuitton.

Maquillaje y peluquería Raquel Álvarez (One-off Artists) para Chanel y Goldwell.

Asistente de realización Piluca Valverde.

Asistente de fotografía Felipe Hernández.

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