Día de la Mujer

Leticia Dolera, las verdades y contradicciones de una mujer feminista

La actriz estrena su primera serie como directora, 'Déjate llevar', en el Festival de cine de Málaga. Aprovechamos el Día de la Mujer para contarte todo lo que Leticia Dolera tiene que decir sobre feminismo (y sobre las acusaciones machistas que ha recibido últimamente).

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Decir las cosas alto y claro tiene una ventaja: las líneas rojas están dibujadas desde el principio. Cuando se trata de feminismo, el trazo es fuerte y traspasa el papel. Por eso es un atrevimiento comenzar a hablar del encuentro con la actriz y directora Leticia Dolera blandiendo un topicazo y diciendo, por ejemplo, que llega sin gota de maquillaje pero que está guapísima.Que camuflada en ese café, con ruido y niños, es más pequeña y delgada de lo que se ve en el cine o en la alfombra (roja, claro). Que viste con tejanos, calza unas botas planas negras adornadas con tachuelas, que lleva un abrigo camel que se anuda a la cintura, un bolso de Bimba y Lola y una bolsa de papel de H&M con una compra de última hora.

Dicho esto, perdónanos Leticia y acepta las contradicciones, que de ellas también hablaremos. Porque sí, y tienes razón, lo importante es lo que cuentas y lo que haces. Como que tu libro Morder la manzana, va por la duodécima edición. Como que se va a estrenar la película Qué te juegas, de Inés de León, en el Festival de Málaga, donde interpretas a una monologuista. Como que has escrito y dirigido los siente episodios de Déjate llevar, el proyecto de tus sueños, que veremos en Movistar+ en primavera. Y como que acabas de recibir un golpe donde más duele: en el alma, donde residen nuestros principios., feministas los tuyos, que han sido puestos en duda porque simplemente no te han entendido o porque el altavoz de la fama puede ser tan espléndido como cruel.

LETICIA
Top en seda de Marlota, pantalón en crêpe de Jorge Vázquez, pendientes en oro blanco de Suárez, pulsera años 50 de Bárcena y anillos en oro amarillo de Tiffany & Co.
  • Pocos días antes de empezar a rodar la serie que diriges, Déjate llevar, la actriz Aina Clotet te acusa públicamente de discriminación porque está embarazada y vosotros decís que no se puede hacer el papel para el que la habíais cogido. el ruido que se genera es brutal.

Fue una decisión por motivos artísticos. no porque no se quisiera pagar el seguro, ni por motivos económicos. Era un trabajo de dos meses y medio y ella hacía un personaje principal muy concreto: el de Cris, una mujer de 35 años que ha tenido dos hijas y que decide tomar la pastilla para no tener más y reconectar con su sexualidad y su cuerpo. Una actriz embarazada de cinco o seis meses no podía interpretar ese papel. Su personaje tiene escenas de desnudo y una serie que no se graba en plató, sino en exteriores. No puedes tirar de planos cortos. tiene una escena en que está delante del espejo mirando la cicatriz de una cesárea. La serie va de esto: va de que se toca la el cuerpo, va de que folla. Pensamos soluciones, claro. Pero si cambiaba localizaciones, cambiaba también el calendario y el plan de rodaje, ya se caían cuatro o cinco actores que no podían adaptarse.

  • Reconociste en un comunicado que tendrías que haberla avisado antes de convocar un casting para buscar una sustituta.

Fue un error de horas. Mientras asumíamos que ella no podía hacer el papel y pensábamos cómo comunicárselo y montárnoslo, activamos un casting alternativo urgente porque la serie se tenía que rodar. Había costado tanto encontrar la actriz ideal para ese papel, tres meses, que en cuanto nos lo dijo nos preocupamos. Y claro, ese desliz de unas horas, antes de decírselo a Aina, fue un error. Pero no es justo que la responsabilidad se cargue sobre mí, hay más gente. Lo más irónico de todo es que corrimos a toda pastilla a convocar la prueba porque la directora de casting estaba embarazada de ocho meses. Y tenía que cerrar el papel protagonista antes de ponerse de parto.

  • ¿Hablaste con Aina para disculparte?

Le pedí perdón en su día, cuando pasó todo, por teléfono, en persona… Se le ofreció otro papel, que no quiso. Y después, en frío, he hablado muchas veces con ella, lo hemos discutido, y ella sencillamente no lo ve igual. Cree que yo lo podía hacer. No pasa nada; pensamos distinto. En sí mismo, un casting es discriminar. Se requieren unas características determinadas para hacer cada papel. La de actriz es una profesión muy bonita, pero también muy jodida, porque tu cuerpo es tu herramienta. ¿Hay que asumir que una actriz embarazada de cinco y seis meses puede hacer todos los personajes del mundo? A lo mejor no. Tal vez tenga que haber un subsidio especial, porque estar embarazada sí puede ser un problema para trabajar.

"¿Hay que asumir que una actriz embaraza puede hacer todos los papeles del mundo? A lo mejor no".

  • Pero tú eres la actriz más feminista de todas entre las feministas. Te han llamado fake y han dicho que tu feminismo es de mentira.

Ha saltado todo el odio y ha sido una locura. Hay muchos que han llegado a decir que he escrito el libro Morder la manzana para subirme al carro y promocionarme. No saben lo que dicen. Llevo cinco años dándole vueltas a este tema; ha sido en este último año cuando escribí el libro. Si te comprometes con una causa social te expones a que te den los palos que me han dado a mí. Es así.

  • ¿Cómo lo has llevado?

Lo he pasado fatal. Ha sido una bofetada muy fuerte. Nunca me había tomado pastillas para dormir y ahora me las he tomado por el nivel de ansiedad que tenía. El odio que he recibido por todas partes, pero principalmente en las redes sociales, ha sido muy agrio. Los hay que han querido desanimarme. Se han tomado la libertad de decirme cómo tengo que rodar una escena con una embarazada. Es verdad que solo he dirigido una peli, pero tengo mucho que decir como directora, mi punto de vista, y sé que una actriz embarazada de cinco o seis meses no puede interpretar ese papel. No es un pensamiento machista; nace de la reflexión y de la razón. Este paternalismo y maternalismo me han creado muy mal rollo. He sido víctima de mucha violencia. No física, pero sí verbal. Aun así, saldré reforzada de todo eso.

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Corpiño drapeado y pantalón en seda de Carmen March y pendientes con perlas, oro, platino y diamantes de Bárcena
  • Sobre derechos y feminismo, a pesar de todo, ¿crees que estamos mejor que hace un año?

Nos lanzamos a la calle en un 8 de marzo histórico y cuando recuerdo el canto de las mujeres de Bilbao el día de la huelga todavía me emociono. Nos hemos sacado de encima el miedo a denunciar agresiones y esto nos ha reforzado, pero… sigue existiendo diferencia salarial y se necesita cambiar la educación. La infancia de los chicos está llena de referentes triunfadores: iconos del deporte, que ganan, que se dedican a la política… la de las niñas no.

  • ¿Quiénes fueron tus ‘despertadoras’ en este tema?

Se me encendió la bombilla cuando buscaba financiación para mi ‘peli’, Requisitos para ser una persona normal. Empecé a notar cosas raras. Porque era la directora, pero en algunas reuniones la gente no se dirigía a mí. Paralelamente, Barbijaputa abrió un hilo en Twitter sobre cómo llegábamos a casa de noche, con las llaves en la mano, o simulando hablar por teléfono, o corriendo… Y pensé: soy todas estas.

  • ¿Qué vino después?

Me leí Teoría King Kong, de Virginie Despentes. Después me fui a Una habitación propia, de Virginia Woolf; de ahí a Neoliberalismo sexual, de Ana de Miguel, y a Nuria Varela y su Feminismo para principiantes. Después me apunté a un máster de feminismo en la Universidad Complutense.

  • ¿Qué influencia tuvieron las mujeres de tu familia?

Yo me crié con mi madre, madre soltera. He tenido un referente de mujer distinto, porque era ella la que traía el dinero, el cariño, los cuidados. Era la que me alimentaba, la que cambiaba una bombilla si se fundía, y si se estropeaba un mueble, lo arreglaba.

"Nosotras también somos machistas sin querer".

  • ¿Te sientes más libre habiendo tenido este modelo?

Muchísimo más. Pero he leído los mismos cuentos infantiles que todas las niñas y he visto las películas de Disney como todas.

  • ¿Qué opina ella de tu libro?

Cuando acabó de leerlo me llamó y me dijo: “Eres una gran mujer”. Fue muy bonito. Y ahí pensé: ya está; el libro había tenido un sentido. Me daba igual que se vendiera o no.

  • Cuentas en él que un director, en una fiesta, te tocó una teta. Llegaste a casa, se lo contaste a tu madre, ella te animó a poner una denuncia, y tú no quisiste.

No quise porque, como vivimos en la cultura de la violación, en aquel momento me pareció que no era tan grave. Incluso cuando empezaron a hacerme entrevistas sobre el tema de las mujeres yo pensaba, “no lo voy a contar porque no es nada”. Pero un día dije basta; esto se tiene que saber porque es una agresión.

  • Desde que te reivindicas, ¿ha cambiado tu relación con los hombres?

Yo me llevo muy bien con ellos. No han cambiado en cómo se relacionan, lo que sí ha cambiado es que nos preguntamos, me preguntan: “¿Qué tengo que hacer? ¿Le tengo que insistir? ¿No le tengo que insistir? ¿Sería machista…?”. Es bueno que estas cuestiones salgan y que ellos se las planteen.

  • Algunos se reconocen feministas, pero a la vez machistas.

Como nosotras; también somos machistas sin querer.

  • Con tu pareja, el director Paco Plaza…

No hablo de esto, me gusta mantener una parcela de intimidad. Si no, no te queda nada.

"Me crié con mi madre, madre soltera. He tenido un referente de mujer distinto porque ella era la que me alimentaba y, si se estropeaba un mueble, lo arreglaba".

  • Pues hablemos de las parejas en general. ¿Tiene que caer el mito del amor romántico?

El amor y las relaciones de pareja te hacen madurar. Pero hay que darse cuenta de cómo los relatos románticos nos atraviesan todo el rato, toda la vida, y esto puede llegar a ser frustrante. Y, por supuesto, hay que acabar con las historias de la bella y la bestia, con mitos como el de que los celos son una señal de amor. A mí todavía me sorprende que el remake de La bella y la bestia se estrenara el año pasado y que la gente fuera a verla y tuviera éxito. Y tampoco veo por qué 50 sombras de Grey lo petó. Con lo posesivo y celoso que es él… Pero bueno, salvado esto, creo que la pareja te hace crecer.

  • Y más allá de la pareja, ¿cómo ves el poliamor, ahora que está tan de moda?

Creo que una relación es lo que dos personas deciden que sea desde el diálogo, el respeto y el amor. Y lo interesante es que la cultura nos muestre que hay distintas formas de enamorarse y de vivir. Al final todo pasa por aquí.

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Chaquetón de Juan Vidal, traje de Chanel, sandalias de Úrsula Mascaró y pendientes largos de Tous
  • ¿Tú has rechazado proyectos porque no iban con tus principios o porque eran clichés?

Sí, lo he hecho. Digo que no a un papel si la historia está contribuyendo a algo que creo que es negativo para la sociedad. Pero en cambio me gustan los personajes que hacen un camino interesante. Si todos los personajes, de entrada, fueran superevolucionados y superfeministas… pues mal. Si fueran como a ti a veces te gustaría verte, no te verías reflejada, porque somos todos hijos de una cultura romántica. Me gusta que haya un arco, una transformación.

  • Explicas que el vestido que te pones para una gala de premios te preocupa y mucho, como a todas. ¿Cuesta ser auténtica y coherente y estar por encima de según qué?

Claro que cuesta. Vivimos con muchas contradicciones. Pero el feminismo no va de ganar medallas, sino de progresar y de pensar por qué haces algo. Hay que recordar lo que dice Rosa Luxemburgo, militante marxista: “Quien no se mueve no siente sus cadenas”. Yo, en un momento dado, dejé de depilarme las piernas. Quería saber si me gustarían mis piernas con pelos. Y no pude, es que soy muy peluda. Cada verano lo intento y cada año me los dejo crecer un poco más, pero acabo quitándomelos. Esta entrevista va a ir acompañada de unas fotos. Esas fotos, que son muy bonitas, no son la realidad. Yo no soy como me van a ver en estas imágenes porque en ellas estoy maquillada, iluminada y fotografiada por grandes profesionales. No soy ni peor ni mejor, pero a la vista está que soy distinta: tengo granos, poros, pelos. Esto está bien ponerlo sobre la mesa.

  • ¿Qué es lo que más te gusta de hacerte fotos?

Es un trabajo y que me pongan unos pendientes bonitos, una ropa bonita….

  • ¿Y qué significa para ti “bonito”?

Lo que hemos aprendido que es bello. Tenemos ahí muchas capas, sí.

  • Y mientras nos tienen distraídas con el ideal de belleza…

Pues no pensamos en lo profesional. Eso es el patriarcado…

  • En el libro tienen mucho protagonismo tus amigas.

Tengo dos grupos de amigas: el de Barcelona y el de Madrid. El primero son las de toda la vida, del pueblo de costa donde veraneaba. Tengo suerte con ellas porque hay épocas en las que soy la típica que desaparezco: me encierro a escribir o voy a mi aire, y no estoy. Ellas no me dejan y me estiran; me aceptan, me quieren. Y después tengo otro grupo de superamigas en Madrid. Con ellas es distinto porque nos dedicamos a lo mismo, somos actrices.

  • ¿Por qué quisiste ser actriz?

Por una necesidad de comunicarme. Las historias de los personajes son puentes de empatía y, en un momento de mi vida, cuando era preadolescente, descubrí que me ayudaba comunicarme a través de esto; era mucho mejor que hacerlo por mí misma.

  • Sufriste bullying justamente en la preadolescencia…

Sí, en el instituto me hacían bullying. Lo que me ha pasado en redes ya lo tenía entrenado. Y eso: actuar, vivir una historia de alguien, te ayuda y te sintoniza con lo humano.

  • ¿Con quién has conectado en tu serie Déjate llevar?

Mi aspiración era contarnos a nosotras lo que nos pasa y lo que nos causa conflicto. Las protagonistas son tres mujeres, dos de 35 años y una de 40, que se enfrentan a una crisis vital, a un momento en que deben decidir un cambio que será determinante en su vida, y tienen que optar por dejarse llevar o no. Es una edad muy interesante para nosotras, entre los 35 y los 40.

  • ¿Cómo son ellas?

Yo soy María, que es una mujer organizada, cuadriculada. Lo tiene todo clarísimo. Cuando conoció a su novio ya sabía cuándo se casarían, cuántos hijos tendrían, etc. En el primer capítulo él la deja, no puede soportar su personalidad. Y entonces ella se derrumba, se acuesta con un desconocido y se queda embarazada. Cristina, que es Celia Freijeiro, encarna el rol de la superwoman: abogada, madre perfecta, va al gimnasio, se viste bien, tiene unas hijas monísimas, un marido estupendo y le encanta mostrar ese éxito y felicidad. Pero no es feliz. El viaje que va a hacer es muy sexual; tiene que reconectar con ella misma y se toma la píldora a escondidas porque su marido quiere tener más hijos. Y claro, eso es insostenible y al final explota. Y después está Esther, Aixa Villagrán, que es la hermana de María, que cumple 40 años en la serie y es una mujer a la que toda la vida le han dicho que querer es poder y que si te esfuerzas por conseguir un sueño lo vas a lograr. ¿Y qué pasa? Pues que ella quiere ser pintora, pero trabaja en el Museo de Cera, y se va a enfrentar a ese miedo de que tal vez nunca llegue a hacer todo lo que le han dicho que podría.

  • ¿María se parece a ti?

Se parece a mí en lo de planificar y controlar. Es mi personalidad, pero llevada al extremo. Soy la cuadriculada, aunque caricaturizada. Yo también estoy aprendiendo a dejarme llevar, a no vivir constreñida, a enfrentarme a mis miedos y ver qué hay más allá. Mi personaje tiene una parte que reinvidica la sexualidad femenina como yo la siento como mujer y autora.

  • ¿Soñaste alguna vez con tener una familia?

No, porque no tuve ese modelo.

  • ¿Y cómo te sientes tras haber cumplido los 37?

Son edades muy convulsas y que te hacen plantearte muchísimas cosas. Es lo que vivo, y de eso va la serie. La vida es la hostia.

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