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Laia Costa: "Las mujeres que viven su primera maternidad se encuentran con muchísima soledad"

Tras estrenar 'Cinco lobitos', una de las películas más alabadas del año, Laia Costa anticipa sus ansiadas vacaciones vestida con la colección Dioriviera, que invita a la evasión, al disfrute y al chill & chic.

Vídeo: Amanda Lago.
Chus Salido
Chus Salido

Redactora Jefe

Actualizado a

En pleno rodaje de una serie para la BBC, Laia Costa (Barcelona, 1985) sacó tiempo para viajar a Menorca y posar ante la cámara de InStyle vestida con Dioriviera, la colección más slow de Dior. Diseñada por Maria Grazia Chiuri, las nuevas prendas son una invitación al relax y a la naturalidad, no exenta de elegancia chic, que recupera los códigos –el Toile de Jouy, el Dior Oblique... – intrínsecos al ADN de la maison. Y es en esos mismos parámetros donde la actriz catalana se mueve como pez en el agua y converge con la filosofía Dior: lo suyo es la ausencia de artificios, el apego a sus raíces, el aprendizaje continuo, la atención al detalle... Habituada a trabajar fuera de España –principalmente en Estados Unidos y Gran Bretaña–, este año regresa por la puerta grande con Cinco lobitos, una película que le valió (a ella y a su coprotagonista, Susi Sánchez ) la Biznaga de Plata a la Mejor Interpretación Femenina en el Festival de Málaga y que, tras su estreno en salas, ha recabado elogios en prensa que han ido desde “prodigiosa” a “peliculón” pasando por “huele a Goya”. Si aún no la has visto, contarte que en la cinta, dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, Laia interpreta a una madre primeriza, papel con el que empatiza porque la propia actriz tuvo a su primera hija durante el apogeo de la crisis del coronavirus. El argumento le toca de cerca y se nota.

Cinco lobitos comienza reflejando la realidad de una maternidad que nunca es, ni de lejos, tan bonita como la suelen pintar (falta de sueño, inseguridad, impotencia, dolor...). No puedo estar más de acuerdo. Pero lo que me cuestiono es: ¿por qué nadie cuenta lo que hay? ¿Por qué nunca hablamos de eso? Porque no es un tabú, algo sobre lo que está prohibido dialogar. He reflexionado mucho acerca de ello últimamente y he llegado a la conclusión, no sé si correcta, de que es porque se da por hecho. Cuando nos encontramos con el reto de ser madre, y como nadie nos ha contado lo que ocurre, pensamos dos cosas: o que me está sucediendo solo a mí y no lo hago bien, o que todo el mundo ha pasado por aquí, no se ha quejado y a mí me toca gestionarlo como pueda. Las consecuencias finales son las mismas: las mujeres que viven esa experiencia se encuentran con muchísima soledad, no saben hasta qué punto hacen lo correcto y si es normal lo que les ocurre. Y tampoco tienen herramientas para gestionarlo.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Camisa  y pantalón Dior Chez Moi, en seda con estampado de Toile de Jouy. Todo, de Dior.

Intentamos convencernos de que podemos con todo y cuesta aceptar que no es así. Cuántas mujeres habrá ahora mismo por ahí diciendo “yo tengo que poder hacerlo sola”. Y es todo lo contrario. Antes se criaba en tribu. Y ni tan siquiera antes, porque tengo constancia de que en ciertas culturas hay ritos muy saludables. Por ejemplo, en algún país asiático, desde que la mujer da a luz hay otra mujer de la familia que se instala en la casa solo para cuidar de la madre. Me parece una maravilla, pero aquí no tenemos esa tradición. Se respeta la cuarentena, aunque mamá acaba haciéndolo todo porque alguien tiene que cocinar, encargarse de la ropa sucia, del bebé cuando llora, y, por mucho que se lo repartan entre los dos cuidadores primarios, sigue siendo demasiado trabajo.

Amaia, tu personaje, recibe una primera ayuda de sus padres, pero enseguida vemos que su pareja intenta volver a la vida ‘prepaternidad’ lo antes posible. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. A mí lo que me gusta de Javi (Mikel Bustamente) es que respecto a Koldo (Ramón Barea), padre de Amaia, supone una figura paternal que tiene mucha más consciencia de la crianza. Él quiere pero no puede. Ahí surge un tema muy interesante, que es el conflicto de la precariedad. Esa pareja joven vive en una precariedad más evidente de la que pudieron vivir sus padres. Estos útimos hicieron el pacto de ‘yo trabajo y tú crías’, pero, estés de acuerdo con ello o no, llegaban a fin de mes. En el caso de Amaia y Javi, ambos autónomos, no llegan; siguen yendo extremadamente justos. No se pueden permitir estar los dos criando a un bebé, alguien tiene que trabajar. El mundo de los autónomos es muy precario en España; necesitamos dar herramientas a la crianza para que los padres, profesionalmente, puedan reconducir su vidas.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Pendientes Dior Tribales con acabado metálico; jersey de punto cashmere con estampado Toile de Jouy y pañuelo Toile de Jouy Sauvage de algodón con flecos. Todo, de Dior.

En la película, Amaia pasa de cuidar a su hija a convertirse en cuidadora de su madre (Susi Sánchez). Y ahí ocurre un fenómeno muy curioso, porque normalmente solo entendemos a nuestros padres en su papel como tales, dándolo todo por hecho y sin cuestionarnos que, dentro de ellos, hay una mujer y un hombre. Totalmente de acuerdo. Nuestros padres siempre han sido, en el mejor de los casos, nuestro refugio, los que nos cuidan, y cuando eso cambia, cuando te conviertes en cuidador, te obliga a replantearte la situación y comienzas a empatizar con ellos, a entender que esas personas también han sido hijos y ahora están a tu cuidado, son tu responsabilidad. Todo se vuelve a reestructurar. Un amigo me dijo una vez que cuando un niño nace en una familia, el grupo sufre una crisis de identidad porque a todos se les pone una nueva etiqueta: los hermanos son tíos, los padres son abuelos, los hijos son padres... Cuando un hijo pasa a cuidar a un padre, ocurre lo mismo.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Jersey de punto y falda de tul Toile de Jouy. De Dior.

A raíz de la pandemia empezamos a sentir la necesidad apremiante de reconectar con aquellos a los que queremos, sobre todo nuestros mayores. Y qué difícil es escuchar a nuestros instintos, limpiar todo el ruido... A veces ni siquiera sabemos escuchar a nuestro cuerpo. A la familia de la película, por ejemplo, le cuesta mucho decirse que se quieren (“es que a tu familia le cuesta siempre mucho todo”, llega a decir el personaje de Javi). A mí me gusta decir que Cinco lobitos habla de amor y de cómo entendemos ese amor, porque en el caso de Begoña, la madre de Amaia, el querer pasa por algo tan práctico como te hago la comida, te hago la cama y te cuido, pero luego soy incapaz verbalmente de expresarlo. Cómo nos cuesta a veces escuchar lo que necesitamos a nivel de salud mental, a nivel emocional o físico y cómo nos cuesta pedirlo...

Siempre dijiste que llegaste al cine con las ideas muy claras porque tenías “una vida anterior” (se licenció en relaciones públicas y marketing y llegó a trabajar de ello), pero seguro que no eres la misma Laia que triunfó en 2015 con la película alemana Victoria. He pensado en ello y creo que la resiliencia mental, la capacidad de adaptarnos a situaciones nuevas, es algo con lo que mi generación ha crecido y una de las características que definirán nuestro futuro. En educación se habla mucho de cómo educar a los niños hoy en día, principalmente porque de aquí a 20 años no sabemos qué profesiones existirán. Por ejemplo, las relacionadas con las nuevas tecnologías. Yuvah Noah Harari, que es un filósofo e historiador, dice que la flexibilidad, el adaptarse y el reinventarse van a ser características de la sociedad futura. En el caso de mi hermana se ha cumplido. Ella estudió arquitectura y fue actriz. Luego se mudó a Dinamarca y empezó a trabajar como escenógrafa en uno de los teatros daneses más importantes. Esa mezcla de estudios tan rara hizo que la contrataran, porque buscaban un perfil que entendiera tanto la parte técnica como creativa de una obra teatral. Ahora ha vuelto a Barcelona y está trabajando en arte y comunicación audiovisual. Otra vuelta de tuerca.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Vestido de muselina de algodón con estampado Toile de Jouy, de Dior. 

Tu madre también tiene su historia. Fue una de las primeras mujeres taxistas de Barcelona. Estoy muy orgullosa de mis padres. De los dos. Es lo que hablábamos antes: ahora que me estoy haciendo mayor empiezo a entender muchísimas cosas de su vida y de su juventud. Me doy cuenta de las diferencias que hemos tenido, veo a mi hija y digo, ostras, cuando ella tenga mi edad me va a mirar con esos mismos ojos. Mi madre ha vivido unas circunstancias que le han hecho tomar una serie de decisiones, y esté o no de acuerdo con ellas, siento que mis padres son un referente y un regalo.

Los medios hablan se ti como “estrella de cine independiente”. Yo diría más bien aquello de “la actriz española que más ha trabajado fuera de nuestras fronteras”. A los medios os gusta poner titulares. Estaría más ajustado lo segundo, porque el concepto de estrella le hace un flaco favor a la industria y a la gente que quiere dedicarse a esto. Creo que solo un 2% de los actores españoles trabaja. Imagínate que, en tu caso, vas a la facultad de Periodismo y te dicen que solo dos personas vais a acabar siendo periodistas. Yo cogería la libreta y el boli y me iría buscando un lugar en el que porcentaje sea más optimista. Por eso intento ser más precavida con las etiquetas.

En tu periplo internacional has demostrado cierta querencia por los personajes tóxicos... No estoy muy de acuerdo. Tengo la sensación, y hay cierto orgullo en ello, de haber hecho personajes reales. No son perfectos y puedes señalar sus defectos muy rápidamente. Y eso me parece bien, porque se trata de mujeres y cuesta ver en pantalla pesonajes femeninos reales. Sabes que si te decides por un papel más ‘blanco’ el público te va a adorar, pero el otro es más honesto con la realidad.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Bañador con estampado Toile de Jouy; pantalón corto en denim de algodón Toile de Jouy y pendientes Dior Tribales con acabado metálico.

Tras rodar por todo el mundo, ¿dónde está ahora tu casa? He hecho un nidito en Barelona, porque después de la pandemia sentía la necesidad de tribu. Mi chico y yo pasamos el confinamiento solos, en Estados Unidos y con nuestra bebé recién nacida. Echamos mucho de menos a la familia (los dos la tenemos aquí). Así que me vine a rodar Cinco lobitos y disfrutamos de lo que es tener a tus padres y a tus hermanas cerca. Tenemos un pie allí y otro aquí y eso nos da mucha tranquilidad. A nuestra generación, y aunque sé que no es lo mejor para el planeta, no nos cuesta mucho coger un avión y empezar a colgar cuadros en cualquier parte del mundo.

A raíz del nacimiento de tu hija te formaste como doula. ¿Cómo te dio por ahí? Todavía estoy en ello. Lo he hecho con una organización americana que creo que es la más grande y antigua del mundo. Son unos estudios certificados. Simplemente ocurrió porque, cuando me quedé embarazada, empecé a leer sobre todo el proceso; me parece increíble lo que puede hacer el cuerpo de una mujer a nivel biológico. Tuve un parto en casa, con una doula y una partera ya que, obviamente, la doula no es una figura médica sino una acompañante emocional e informacional que te ayuda incluso a sobrellevar el dolor. Fue una maravilla de viaje. Así que empecé a estudiar, me apunté a conseguir el certificado y ahora apoyo a mis amigas embarazadas en todo lo que puedo. Quizás pienses que para qué te sirve, pero estoy convencida de que, cuando algo te llama la atención, está muy bien explorar hacia dónde te lleva ese camino.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Poncho con estampado Toile de Jouy y capucha de algodón, de Dior.

Maquillaje y peluquería Ricardo Calero.

Asistentede realización Piluca Valverde.

Asistente de fotografía Borja Llobregat.

Agradecimientos Hotel Meliá Cala Galdiana de Menorca (melia.com/cala_galdana), Turismo de Menorca (menorca.es) y hotel Artiem Audax.

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