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La historia detrás del mítico vestido blanco de Marilyn Monroe

Un deseo prohibido. Eso sugería el vestido blanco de Marilyn Monroe en 'La tentación vive arriba' que convirtió a la actriz en referente del glamour de los 50. Una imagen atemporal que todavía sigue siendo icónica 65 años después de ser inmortalizada por las cámaras.

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El vestido blanco de Marilyn Monroe

Como el hombre casado que fantasea con tener un affaire con su atractiva vecina en La tentación vive arriba, así debieron de sentirse los 1.500 mirones que se agolparon en Lexington con la 52 aquella calurosa madrugada neoyorquina. Marilyn Monroe se detenía sobre una rejilla del metro ante la mirada de Tom Ewell y una ráfaga de aire fresco levantaba su falda dejando al descubierto la ropa interior blanca. El vestido de cóctel color marfil (virginal) fue confeccionado por William Travilla en crepé de rayón, con el objetivo de que pesara lo suficiente para balancearse cuando la actriz caminara y resultara ligero para elevarse con la brisa. Un look “fresco y limpio, en una ciudad muy sucia”, según el diseñador, que marcaba la silueta con un escote halter ceñido a la cintura y falda plisada inspirada en las túnicas griegas. Debido a la censura de la época, el filme solo muestra las piernas hasta la rodilla, nunca el cuerpo entero que sí inmortalizaron los 150 fotógrafos convocados tras un anuncio en la prensa que, obviamente, se les fue de las manos. Hasta 15 veces puso en funcionamiento el ventilador bajo sus pies el director Billy Wilder. “¡Marilyn, enséñanos más!”, gritaba la multitud, que tuvo que ser desalojada por la policía. El posesivo marido de la rubia de oro, Joe DiMaggio, allí presente, montó en cólera cuando “el cámara se acercó más enfocando mi vagina”, escribió en sus diarios la actriz, como revela el documental Love, Marilyn (2013). “Para él fue como un espectáculo de striptease. A sus ojos, la escena cómica se convirtió en una escena erótica.” La actriz se llevó de aquella jornada una pulmonía grave que le obligó a permanecer en cama y el divorcio de DiMaggio, del que se separó al poco y tras una sonada pelea (otra más). El estreno del filme, el 1 de junio de 1955, según cuenta Adam Victor en La enciclopedia de Marilyn Monroe, se promocionó en Times Square con un cartel de 16 metros con la llamativa escena, que fue sustituido por otro más recatado tras las quejas. Quién le iba a decir al fotógrafo oficial, Sam Shaw –artífice de la idea tras descubrir una atracción en Coney Island que lograba el mismo efecto con un tubo de viento–, que el momentazo continuaría replicándose más de seis décadas después, con otras protagonistas que irían desde la muñeca Barbie a la Pitufina.

El vestido blanco de Marilyn Monroe

Lo veríamos en películas ochenteras como La mujer de rojo, con Kelly LeBrock, o al inicio de Insignificancia, con Theresa Russell. En los 90, gracias a sus imitadoras Anna Nicole Smith y Susan Griffiths en Pulp Fiction; o con Mira Sorvino (Norma Jean y Marilyn) y Angie Everhart (El club de los vampiros). En la siguiente década le tocó el turno a una divertida Charlize Theron en un sketch del programa Saturday Night Live o en teatro a Daryl Hannah. Hasta Ana Obregón le rindió homenaje durante un evento marbellí de 2002. Después llegaron Anna Faris en La casa de las conejitas y Lindsay Lohan en Quiero ser superfamosa, coincidiendo ese 2004 con Fiona en la secuela de Shrek. Años más tarde, además de la cómica Amy Poehler (Patinazo a la gloria, 2007), Britney Spears emuló a Marilyn sobre el escenario y hasta el actor Willem Dafoe la parodió en un anuncio. Cuán equivocado estaba Travilla, que siempre habló despectivamente de “ese tonto vestido blanco”. Debbie Reynolds, su penúltima propietaria, lo subastó por más de cuatro millones y medio de euros en 2011, un desembolso de récord que lo convirtió en el más caro jamás vendido

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