Protagonistas
CONTENIDO PATROCINADO

Celebrities

Elena Anaya: "Sufrí narcolepsia y me he dormido en situaciones poco creíbles"

No se ha bajado del podio en los casi 30 años que lleva delante de las cámaras. Con una carrera silenciosa plagada de éxitos, Elena Anya estrena 'Jaula' en los cines mientras espera la llegada de su primera serie española. Y es una comedia.

Raúl Cánovas.

El éxito silencioso se le pueden poner nombres y apellidos en muchas profesiones, pero en el cine no es lo habitual. Los intérpretes con largas y fructíferas carreras, reconocidas nacional e internacionalmente pero a quienes cuesta ver en presentaciones, portadas y cualquiera de esos actos que sirven como escaparate para seguir en el candelero, pueden contarse con los dedos de una mano. Uno de ellos es Elena Anaya (Palencia, 1975), actriz que ha sido capaz como pocas de sostener una carrera desde los 19 años hasta hoy. No considera que su caso sea poco habitual. Simplemente, todas las personas son distintas entre sí y su camino no es más que eso, el suyo. Porque aunque la primera impresión sea otra, según su trayectoria solo en dos ocasiones desde 1995 ha pasado un año sin estrenar algún trabajo, y en ambos casos por decisiones personales (posiblemente coincidiendo con la llegada de sus dos hijos, aunque ella ni confirma ni desmiente, dentro de su discreción habitual). Ha rodado tanto en Europa como en Estados Unidos a las órdenes de talentos que van desde Almodóvar a Medem pasando por Stephen Sommers o Woody Allen. El 9 de septiembre regresa a la cartelera con Jaula, la primera película de Ignacio Tatay, un realizador al que reconoce que va a querer lo que le quede de vida “porque hemos tenido que hacer cosas salvajes para defender la película que la gente podrá ver en el cine, y eso une mucho”, dice. En esta historia, donde comparte cartel con Pablo Molinero, Eva Llorach, Esther Acebo y Carlos Santos, entre otros, Elena interpreta a Paula, una mujer que acoge en su casa temporalmente a una niña que encontró con su marido vagando sola por la carretera. La menor vive obsesionada con la fantasía de un monstruo que la castigará si sale de un cuadrado de tiza pintado en el suelo, y Paula se dedicará a descubrir los enigmas de la relación que se crea entre ellas.

Jaula no es una película sencilla. ¿Tampoco lo fue de hacer? Pedí ensayar mucho, tener mucho trabajo hecho para que cuando llegásemos al rodaje no surgiesen dudas. Siempre se lo pido a los directores. En el cine todo cuesta dinero, pero ensayar no, es gratis. Te juntas como nos estamos juntado tú y yo aquí ahora mismo y te pones a currar. Y se lo tomó en serio. Al retrasarse el rodaje tuvimos más tiempo para preparar, y resultó magnífico porque se fueron incorporando todos los personajes y actores. Fuimos definiendo muy bien este viaje que hace Paula en la historia y de qué elementos cinematográficos se iba a acompañar para contarlo.

Como espectador nunca deja de asombrar lo que puede llegar a hacer un menor en escena, codeándose de tú a tú con profesionales sin pestañear… La actuación no deja de ser un juego para los niños. Con Eva Tennear ocurría todo a través del juego, de buscar situaciones paralelas o recordar momentos. Es más curioso al ser una niña que no habla español, por lo que tampoco se podía comunicar con parte del equipo de manera normal.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Paco Rabanne Vestido bicolor en lana y crepé de seda.

Hace unos años decías que solo aceptas un trabajo cuando estás segura de que habrá una relación de confianza con el director, porque cuando eso no ocurre es algo terrible que no quieres volver a vivir. Has tenido unas cuantas experiencias en ese sentido, imagino. Yo también me lo imagino… No sé cuando dije eso, porque nunca se sabe y cada experiencia es distinta. Te puedo asegurar que repetiría con la mayoría de los directores de mi vida. El guion te elige a ti. Te atrapa, te pega y lo tienes que hacer. Puede ser que te guste, luego conozcas al director y te vayas a casa corriendo, pero me ha pasado muy raras veces. Eso no se cuenta, y menos en una entrevista. Las carreras se construyen en base a decir que no. Muchos más noes que síes, siempre. Decir que no es más difícil porque a veces hay muchas cosas que están a favor y nadie te ayuda a decidirte. Doy la brasa a mis agentes y les persigo para hablar y hablar de cómo lo sienten. Pero la decisión es siempre mía, solo equiparable a enamorarse: te ocurre y no se puede evitar.

Al trabajar en tantos países y con tan variados directores, puede parecer que aquí miras con lupa tus proyectos. ¿Es una impresión errónea? Yo tengo la sensación de que mi carrera ha sido constante, y sigue siéndolo tras 27 años. Ese es el mayor regalo que una actriz puede tener. He parado en momentos puntuales por decisión personal, y cuando he querido volver han venido los proyectos a la voz de ya. Pero es verdad que hay otro tipo de casos… cada intérprete tiene su trayectoria, su manera de proyectar su carrera y decisiones. Yo tengo la mía. Mi camino es diferente a otros actores: empecé a trabajar con 19 años, y cuando me llamaron para hacer la segunda película dije que no. Eso me hizo pensar que nunca me volverían a llamar, pero fíjate, visto tras el paso de los años no significó nada. Con el tiempo decidí parar, por ejemplo, en un momento de mi vida peligroso si tienes en cuenta la edad, y ningún problema. Nunca sabes qué es lo que va a pasar, pero sí sé lo que ha pasado hasta aquí, y ha pasado que he seguido trabajando y eligiendo mis proyectos. Eso es una suerte enorme. No solo la constancia, sino poder elegir.

Dijiste no a tu segunda película, ¿eso se llama seguridad? Yo lo llamaría coraje. Seguridad, ninguna. Y ser consciente de saber decir no. Creo que a mí me enseñaron a estar alerta y mirar con mucha perspectiva, y es algo que no he perdido.

¿Rodar películas como Van Helsing o Wonder Woman hace que la niña que llevas dentro se lo pase especialmente bien? No te creas, también acojona. Hay mucha gente que te dice de todo, y sientes presión de muchas cosas. De repente cambia un texto, vas con el iPad, haces un pantallazo porque te lo acaban de mandar y te llaman 27 abogados porque has hecho una captura de pantalla. A pesar de que sea mi texto, tienes que coger una libreta y apuntar todo corriendo antes de que te bloqueen el móvil o te desaparezca información de tu iPad. Es una movida, aunque me lo tome todo con mucha calma. Pero impone.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Prada Vestido en crepé de seda y algodón con detalle de plumas en el cuello.

¿Te ha tentado dirigir? No, no tengo los conocimientos para hacerlo. A lo mejor en algún momento me lanzo; hay veces que sí me ha tentado decir en secuencias que yo he rodado: “Por favor, el director que haga o diga algo para poner la cámara en otro sitio”, pero no es mi rol. La sensación que tengo es de que doy tanto de mí cada vez que interpreto un personaje que ya cuento mucho, así que no me interesa nada más.

¿Te llamaba la atención ir a los Oscar a nivel personal o profesional? Solo he ido a los Oscar una vez y me quedé dormida.

¿En la misma butaca? Sí… qué mal lo pasé.

Entiendo que por culpa de un jet lag titánico. Iba muy cansada dando el pecho a mi hijo; llevaba sin dormir no sé los meses y me llamaron para ir a los Oscar. Me costó un estrés horroroso encontrar vestido, maquilladora… pero según llegué me tomé un whisky con Cate Blanchett y me senté ya dando cabezazos. Acudí acompañando al presidente de Sony Classics, que es un buen amigo, así que podíamos ir a 27 fiestas. Es el señor más elegante y cariñoso que he encontrado en la vida, y me presentó a todo el mundo. Aquel año, 2015, ganaron Julianne Moore y Eddie Redmayne, y casualmente los tres habíamos rodado una película juntos en 2007, Savage Grace. Ellos no solo se acordaban de mí mientras celebraban, es que hubo unos besos y abrazos… cuando yo dudaba si lo recordarían, y más en en una noche así. ¡Acababan de ganar un Oscar cada uno! Y yo con un sueño… Me dormía a cabezazos, porque cuando tengo sueño me caigo. De pequeña sufría narcolepsia y he llegado a dormirme en situaciones muy poco creíbles. Estaba de pie hablando con Marion Cotillard y cerré los ojos. Me preguntó qué me pasaba, y le dije la verdad: que me estoy durmiendo. Ahora estoy perfecta, no te preocupes, me he tomado un café (risas).

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Mugler Vestido de punto ajustado.

Creo que has estado a punto de trabajar con Bradley Cooper… ¿Quién te ha contado eso? Bueno… Estábamos en pandemia y yo fui de las superobedientes: en casa encerrada, convirtiendo la mesa del salón en un tobogán jugando 12 horas al día pero sin desconectarme de la tragedia; solo salía a aplaudir al balcón. Me llamaron para hacer una prueba que monté como pude, en un vídeo casero sin nadie que me diera la réplica, grabando las voces de los demás… una cosa horrorosa. Era para la película que Cooper acaba de rodar sobre la vida de Leonard Berstein. Pero lo hice y me escribió personalmente para decirme unas cosas muy bonitas sobre lo que le había mandado.

¿Ese tipo de reacciones es habitual solo en los americanos? No te creas. Yo siento que gente como Banderas, Penélope o Antonio de la Torre son y están donde están por su oficio, por su saber hacer, su entrega, su profesionalidad, su continuidad, su generosidad, ejemplaridad… No hace falta irse a EEUU. Pasa en Francia, Reino Unido y les ocurre a los mejores porque lo dan todo cada día.

Estás rodando una serie con Hugo Silva. Tu primera serie española. Sí, ya la hemos terminado. Se llama Mentiras pasajeras y la dirigen entre Marta Font y Félix Sabroso. Y aunque no lo parezca, es una comedia: a mi personaje, una alta ejecutiva, le acusan de espionaje industrial. Desarrolla todo tipo de máquinas estéticas y tiene una vida aparentemente maravillosa con su novio. Pero la despiden y debe hacer de todo, mintiendo a todo el mundo. Me parece muy bueno hacer reír. La productora El Deseo me envió estos guiones hace año y medio; era imposible que lo hiciese en ese momento y me esperaron. A mí me gusta mucho el ejemplo que pone Félix con Mujeres al borde de un ataque de nervios, donde Carmen Maura lleva toda la acción de esa película; los personajes que aparecen alrededor provocan mucha risa, pero el suyo se pasa todo el metraje sufriendo. Bueno, pues ahí estoy yo.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Prada Jersey oversize, cinturón de piel y maxifalda tableada Jimmy Choo Botas altas en piel.

En todos tus proyectos te has trasladado allí donde estaba el guion. Eso con 25 años es lógico, pero… ¿y ahora? No, antes no había colegios. Entonces viajábamos todos juntos cuando me tenía que ir. Yo he trabajado fuera siendo mamá, pero ya no. Así es la vida: si hay que hacer cosas fuera pasará siempre y cuando todo cuadre. Ahora hay más fichas que tienen que cuadrar y son prioridad absoluta, antes que nada.

¿Alguna vez has vivido para trabajar? No, porque mi planteamiento de vida nunca ha sido ese. Al contrario, me dedico a un oficio que elegí, que me parece un privilegio enorme, lo amo y me lo sigo pasando increíble. Pero vivo en una casa que me permite decir que no a todo lo que quiero y en unas condiciones en las que no tengo ningún compromiso cada mes para conseguir algo porque si no, me quedo en la calle. Es una decisión personal también. Mi vida es básica y elemental. Mi manera de llenarme y de ser muy feliz no se consigue teniendo cosas que nunca he necesitado. No lo he decidido yo; me lo enseñaron mis padres. Soy así, me nace así y es fácil para mí.

Fotografía: Javier Biosca Realización: Francesca Rinciari

Alexander McQueen Vestido con hombreras efecto grafiti. Jimmy Choo Botas altas en piel.

Maquillaje David Bello (Mercedes Espejo) para Chanel.

Peluquería Jesús de Paula (COOL) para Kérastase y Ghd.

Asistente de realización Piluca Valverde.

Asistente de fotografía Enrique Escandell.

Manicuara Nubia Janeth Soacha.

Loading...

¿Deseas dejar de recibir las noticias más destacadas de InStyle?