Claudia Salas: "El primer día que mi padre me vio actuar me dijo: ‘Pues igual esto no se te da tan mal’. Sentí que su apoyo era superimportante."

La actriz aparca los looks excesivos de Rebeka, su personaje en Élite, para adelantarnos el glam más elegante del otoño.

Claudia Salas para InStyle
Fotografía: Paula Méndez. Reallización: Francesca Rinciari y Piluca Valverde.
María Elvira
María Elvira

Editora de belleza

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Justo cuando los adolescentes de España terminan sus clases arranca un nuevo (y esperado, problamente, por esos mismos jóvenes) curso escolar en Las Encinas, el exclusivo colegio donde acontece la trama de Élite, una de las series más exitosas de Netflix (20 millones de personas en todo el mundo vieron la primera temporada, según la plataforma, y acaba de estrenarse la cuarta el pasado 18 de junio). Entre un alumnado pijo por definición se cuela Rebeka, con k, cuyos looks de glamour trash –o ‘choni’, según se vea– se han ganado tantos o más adeptos que el propio personaje, al que da vida Claudia Salas (Madrid, 1994). “Mi estilo no tiene nada que ver con el suyo. Parece que voy de luto porque visto muchísimo de negro y de colores básicos”, confiesa la actriz, que derrocha elegancia en InStyle con los exquisitos diseños de estampados geométricos, lentejuelas, volantes y corazones creados por Wes Gordon, director creativo de Carolina Herrera, para la colección otoño-invierno 2021 de la firma, que este año celebra su cuarenta aniversario. “Me cuesta estar delante de las cámaras sin un personaje al que agarrarme y fue una sesión amena y divertida”, reconoce la protagonista de Élite.

¿Te interesa la moda? ¡Muchísimo! Es una manera de expresar y de mandar un mensaje donde lo importante es defender la ropa con personalidad, ya que dice mucho de uno mismo. Los looks de Rebeka no sé ni cómo definirlos: esas cadenas, pendientes XXL o los maquillajes tan arriesgados que se pone… El mayor reto al que me he enfrentado en esta serie ha sido lucir sus estilismos. Me sentía disfrazada, al borde del ridículo, pero pensaba: “Van a decir ‘acción’; esta chica ha seleccionado esta ropa por la mañana porque le gusta y ha querido ¡y tengo que creérmelo!”.

¿Y su manera de hablar? ¿Cómo la trabajas? Porque charlando contigo, ni rastro de las coletillas. Rebeka es una chica de barrio que se puede llevar perfectamente al estereotipo. Lo que hice fue observar lo que tenía a mi alrededor, fijarme en todas la Rebekas que pensaba que podía tener a mi lado y coger gestos, formas de caminar… Ojo, también de chicos porque no miraba el sexo. Trabajo mucho desde lo corporal y la voz. Intento ir más allá y crear un personaje diferente para huir de mí en la medida de lo posible. Trato de jugar a ser otra persona y me parece maravilloso poder hacer eso.

¿Esperabas que tu personaje tuviese tanto recorrido? Sí, porque al final de la tercera temporada arroja un poco de luz sobre su bisexualidad, que no esconde pero no ha verbalizado antes. Planteé al equipo de guionistas abordar esta trama, no desde lo problemático que pueda suponer estar con una persona de tu mismo sexo sino desde el hecho de enamorarte realmente de alguien, ser correspondida y lanzarte a la piscina haya o no agua. El miedo de Rebeka al empezar con una persona es que no le vuelvan a hacer daño, no el hecho de estar con una mujer. En pleno siglo XXI debería ser un tema del que no se hablara tanto, pero estamos en el camino. En este aspecto, somos una industria bastante inclusiva. Ojalá a la sociedad no le importe con quién estés, qué te gusta, cómo te sientas… Así con todo, no solo con tendencias sexuales, sino con la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, este tipo de brechas que todavía existen. Si la ficción puede ser un medio para plasmarlo y generar un poco de debate o remover las conciencias, bienvenida sea.

Claudia Salas para InStyle
Fotografía: Paula Méndez. Reallización: Francesca Rinciari y Piluca Valverde.

Vestido de lentejuelas de tirantes con volantes, de Carolina Herrera New York.

Fuiste actriz revelación de Élite en la segunda temporada. ¿Qué les dirías a los recién llegados? En cuanto al trabajo, que es donde hay que poner el foco, recomiendo mucha formación, muchísimo esfuerzo y estar en el mood de ser una esponja y absorber cada conversación que escuchas del equipo técnico, que seguramente tiene más experiencia que tú en esto, y empezar a rellenar tu mochila con diferentes heramientas para aprender a moverte en un set de rodaje y a comunicarte con diferentes departamentos. Descansar mucho, porque es un trabajo en el que no sabes si vas a dormir de día o de noche o si vas as poder tener un poco de vida. Y trabajar las herramientas que son el cuerpo, la voz y la mente.

¿Y respecto a la fama? Es secundaria, la cara B de todo esto porque sales en un proyecto internacional que tiene mucha repercusión. Va de la mano, no puedes negar la evidencia. Tienes que aceptarla y convivir con ella.

Gracias a Instagram, os hacéis famosos antes de haber empezado a trabajar... No seguimos un orden cronológico de lo que debería ser: estudias la carrera, tienes que pelarte el culo en escenarios, yendo de aquí para allá, en salas pequeñas, en off, cargando tú con el atrezzo, con la decoración, teniendo que alquilar una furgoneta para irte a un pueblo un fin de semana... Yo sí lo he hecho una pequeña parte de mi vida, pero el 90% de los actores lo experimentan durante años y luego llega ese momento, digamos del boom, de empezar a poder vivir económicamente de tu profesión, de tu sueño, tu pasión. En Élite es difícil porque de la noche a la mañana esto estalla y te pilla donde te pilla. Hay que hacer un sobreesfuerzo para mantener los pies en la tierra. Instagram no voy a decir que es un espejismo, porque lo que hay detrás son personas físicas que están apoyando tu trabajo y eso es un regalo y un privilegio, pero tampoco hay que agarrarse a ese fenómeno de pasar de ser una persona anónima a que te conozcan en cualquier sitio y poder acceder a cosas a las que antes no podías. Yo personalmente prefiero prescindir de esto y seguir con los pies en la tierra, con mis amigos, con mi familia, diferenciar Claudia Calvo Salas de Claudia Salas e intentar vivir tranquila porque, si no, entraría en un bucle de locura, luces y alteraciones que no me vendría nada bien.

Siempre has dicho que el teatro te llena muchísimo. ¿Qué se siente sobre el escenario? Cualquier explicación que pueda darte no va a ser fiel ni justa. Es una sensación muy fuerte, como cuando estás a punto de subirte a una atracción, la más alta, con más looping, que más vértigo da, te ponen el cinturón y dan al botón. Es ese momento de “Ya está. ¡Arranca!”. Bajas con una adrenalina tremenda, te lo has pasado pipa y deseas volver a subir.

¿Siempre tuviste claro lo de ser actriz? Desde pequeñita he querido ser muchas cosas. Siendo más mayor entendí que eso significaba ser actriz. Veía una película en la que el árbol era el protagonista y le decía a mi madre: “Quiero ser un árbol”. O veía a la mala que volaba y quería volar. El saber qué deseas hacer con tu vida te coloca en un sitio bastante sano y da muchísima paz a la hora de vivir, aunque luego no tengas el privilegio, porque lo es, de poder vivir de ello. En esto el sistema educativo no da casi margen porque con dieciséis años ya toca decidir.

¿Te animaron en casa? La mayoría de los padres quieren para sus hijos estabilidad y seguridad. Y esta profesión es de todo menos eso. No tienes ni idea de lo que va a ser de ti. No eres funcionario; no tienes un sueldo a final de mes y a los padres esto les asusta. Mi madre se lo tomó mejor y me soltó: “Hija, tú ya eres actriz dramática” (risas). Pero mi padre me dijo: “Bueno, y mientras haces esto ¿por qué no valoras también estudiar otra carrera? Y así no metes todos los huevos en la misma cesta”. No me obligó, pero me insistió bastante y me presenté en una clase de Magisterio de la Autónoma. Salí de ahí pensando: “Yo no puedo seguir aquí, necesito estar en una clase descalza, tirada por el suelo, haciendo ejercicicos de Meisner (una técnica interpretativa)”. Lo acabé dejando y sí que puse los huevos en la misma cesta, porque no concibo otra manera de hacer las cosas. Quizás soy un poco temeraria en este aspecto, pero por suerte me está yendo bien.

¿Y recuerdas ese primer aplauso de tus padres en el patio de butacas? Sin duda, porque mi padre nunca me había visto. Cuando salí de mi primera función, que fue una muestra a la que pudo venir la familia, recuerdo que me dijo: “Bueno, pues igual esto no se te va a dar tan mal, ¿eh, tía?”. Sentí que su apoyo era superimportante. Entonces tenía dieciocho años.

Llegados a este punto, ¿te ha cambiado mucho la vida? Cambia, aunque solo lo externo, las amistades no. A lo mejor suena egocéntrico, pero tengo el mejor grupo de amigos del mundo, y la suerte de que me hayan elegido a mí como amiga. Son maravillosas personas y es lo mejor que he hecho en los veintisiete años que llevo en el mundo: escoger al grupo de amigos y la familia que me ha tocado (tiene tres hermanos: Carol –“es tres años más pequeña que yo y es como mi gurú”-, Martina, que tiene siete, y Rodrigo, de cinco. “Es bonito verles crecer, aprender de ellos, porque yo no sabía lo que era querer a un niño o partirme de la risa hasta dolerme la tripa”). Sigo siendo la misma y espero que por muchos años.

En la serie se te ve a menudo desfogándote con el saco de boxeo. ¿Lo trasladas a la vida real? Ahí me identifico mucho con Rebeka: hacer deporte, salir a caminar o con la bici al campo me ayuda a conectar con una parte con la que en el día a día no puedo por falta de tiempo. También acudo a terapia y creo que es muy necesario tener una figura profesional que te escuche, te dé herramientas, te apoye, que vaya de copiloto contigo, aunque el volante lo lleves tú. Dar el paso cuesta, quitarse el estigma de “¿Estaré loca? ¿soy débil? qué vulnerable me siento...”. Debemos normalizarlo. Es como ir al médico cuando te duele la pierna. Hay cosas de dentro que te hacen daño, que no sabes de dónde vienen, que te provocan estrés, que no te dejan dormir, te duele la espalda y no es físico, sino una carga que necesitas soltar por algún lado. Deberíamos acudir a terapia desde niños. La figura del pedagogo en el colegio tendría que estar más presente, ya que nos enfrentamos a muchísimas experiencias que van a permanecer el resto de nuestra vida. Y que se queden ahí sin que nadie preste atención, pasar de largo, me parece un error a la hora de construir la personalidad.

Creciste en un barrio popular de Madrid. ¿Te reivindicas como vallecana? Sí, aunque no sé si reivindicar es la palabra. Es donde me he criado y gracias a la zona donde me he convertido en una mujer adulta, los valores que tengo son muy obreros, de trabajar, cuidar, familia y amigos. Es una suerte que no te regalen nada en la vida, venir de la nada e intentar conseguir algo que es muy difícil y que no estás acostumbrado a ver porque te mueves con gente que tiene que trabajar en tres lugares para llegar a fin de mes, que tiene deudas, una serie de gastos o limitaciones que le hacen estar viviendo el día a día. Venir de ahí y poder dar una vida mejor, sobre todo a mi familia y a mi gente, me da una paz y una tranquilidad que no están pagadas.

Claudia Salas para InStyle
Fotografía: Paula Méndez. Reallización: Francesca Rinciari y Piluca Valverde.

Traje de pantalón y blusa con lazada en el cuello, de Carolina Herrera New York.

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