the blonde ambition

Pero, ¿tiene Madonna derecho a envejecer?

Detrás de la expectación que han despertado sus últimas imágenes en Instagram hay mucho más que bótox y Photoshop.

¿Tiene Madonna derecho a envejecer?
Collage: Olga Tamarit
Olga Tamarit
Olga Tamarit

Redactora especializada en contenido digital

Actualizado a

“Estoy flipando con esto”, “Es como si fuera otra persona”, “¡Se le ha ido la pinza!”, son algunos de los comentarios que se podían leer después de que la cantante subiera a su cuenta de Instagram unas fotos con un look muy estilizado: pelo ultra liso, pómulos marcados, mirada rasgada y labios voluptuosos. “¿Pero esa es Madonna o Kim Kardashian?”, preguntaban algunos medios sorprendidos por el último cambio de la actriz. Sí, es Madonna y detrás de la expectación que ha despertado su último look hay mucho más que bótox y Photoshop.

Madonna, la artista de las mil caras

Puede que Madonna Louise Ciccone solo haya una, pero Madonna a secas hay muchas. La primera Madonna, la del Like a Virgin (1984), con el pelo rizado y ese aire curvilíneo e inocente a lo Marilyn que explotó en sus inicios. La Madonna de cejas pobladas y pelo rubio oxigenado que interpretó a la magnética Suspiros Mahoney en el film Dick Tracy (1990) y que, ese mismo año, lució el inolvidable corset de Gaultier en el tour que cambió la forma de entender los conciertos y las giras, The Blonde Ambition. La Madonna de Erótica (1992) que más tarde fotografió Steven Meisel en Sex, un libro donde la cantante posó de manera sexualmente explícita mostrando diferentes atuendos bondage en un cuerpo cincelado a base de entrenamiento. La Madonna morena y mística de Ray of Ligth (1998) y la Madonna madura y sexy de melena a lo Farrah Fawcett de Music en los dosmiles.

Gtres/ Madonna en 'The Blonde Ambition'

En cada una de las décadas de su carrera, Madonna ha transformado su cuerpo y su estilo para reinventar por completo su esencia de acuerdo con los tiempos y quizá ese haya sido su mayor talento. Por eso, es cuanto menos sorprendente que se ponga el grito en el cielo con su (pen)última transformación según las tendencias estéticas del momento: pómulos marcados, cintura estrecha, glúteos generosos y ojos rasgados. Muchos le echan en cara que para conseguirlo haya tenido que pasar por el quirófano, pero lo cierto es que el físico de Madonna siempre ha sido un producto de márketing con mucha producción detrás en el que la artista ha invertido horas, esfuerzo y dinero. Entonces, ¿qué es lo que nos incomoda tanto de la última imagen de Madonna?

Ejercitar el músculo para combatir una industria sexista

En los Billboard 2016, Madonna recibió el galardón a Mujer del Año y lo agradeció con las siguientes palabras: "Gracias por reconocer mi capacidad para sobrellevar 34 años de carrera en medio de un sexismo flagrante y una misoginia y abusos constantes". Los inicios de la diva del pop no fueron nada fáciles, como ella misma denunció hace unos años, sufrió una violación y varios robos a mano armada cuando intentaba labrarse un camino en Nueva York, una ciudad que no le recibió “con los brazos abiertos” según sus propias palabras.

En este contexto hostil, hacerse con el control de la situación pasaba por hacerse con el control del propio cuerpo y la imagen, algo que Madonna se tomó muy en serio desde el principio. Sus rutinas deportivas, de dos horas al día y seis días a la semana (según confirmó Tracy Anderson, su entrenadora personal entre 2006 y 2009) mezclan coreografías, pesas y ejercicios de piernas, brazos y abdomen. La imagen de la cantante hace tiempo que tiene poco o nada que agradecer a la genética y mucho a la constancia, el trabajo y un más que notable olfato para las tendencias. Madonna se ha moldeado con tesón para sobrevivir en una industria especializada en fabricar juguetes rotos y ha tomado las riendas de su propia identidad construyéndola y deconstruyéndola como si de una artista plástica posmoderna se tratara.

Una obra de arte llamada Madonna

Para el filósofo Baudrillard, en una sociedad de consumo que reduce toda la realidad a un juego de apariencias, ficciones y artificios, el arte se convierte en un generador de mundos simulados y ficticios. En este contexto, la propuesta artística de Madonna se puede entender casi como una performance donde el cuerpo es el lienzo en el que plasmar las obsesiones estéticas del momento. Desde este punto de vista, es normal que resulte perturbadora la imagen de una mujer que reniega de su naturaleza y se empeña en seguir hasta las últimas consecuencias con ese proyecto artístico llamado Madonna. Tal y como afirma la artista francesa Orlan, pionera del arte corporal, “los dioses y diosas hindús transforman su apariencia para hacer nuevos trabajos, nuevas hazañas. Mutar es necesario para cambiar la perspectiva”.

Gtres/ Madonna en concierto

Envejecer, ese problema

“Madonna se somete a cirugía estética que transforma una parte de su cuerpo a los 63 años”, “Madonna, absolutamente irreconocible a los 63 años”, “Madonna ha rejuvenecido con su novio bailarín Ahlamalik Williams, de 27 años”. Estos son algunos de los titulares y fragmentos de las noticias aparecidas en medios nacionales e internacionales haciéndose eco de la polémica que ha suscitado el nuevo rostro de la artista. Todos apuntan un detalle que genera cierto rechazo: la diva del pop se hace mayor y lo está haciendo de una forma con la que no contábamos. Madonna vuelve a hackear su propia imagen y se hace dueña de su cuerpo. No nos pertenece. Hay quienes argumentarán que no está envejeciendo con dignidad, pero no hay mucha dignidad en envejecer y menos en enfermar (sus problemas en cadera y rodilla la llevaron a cancelar parte de su gira Madame X Tour en 2020 e incluso se especuló que pudiera sufrir una enfermedad degenerativa).

Polémicas aparte, lo cierto es que la cuenta de Instagram de Madonna está llena de filtros y Photoshop (algo, por otra parte, habitual en esta red social), por lo que tampoco sabemos qué aspecto tendrá Madonna Louise Ciccone en estos momentos, pero todo apunta a que no sería el mismo que promociona en redes. Y qué más dará. Madonna es el último icono pop del S.XX que sigue con vida y, honestamente, no podemos pedirle nada más. Ha inspirado al mundo de la moda, del arte, a la comunidad LGTBI y a las mujeres y niñas de todo el mundo. Que cumpla años como quiera, que tenga novios jóvenes y que se transforme en Kim Kardashian o en King Kong. Ojalá podamos seguir hablando de ella durante otros sesenta años más.

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