Margot Robbie estrena 'Yo, Tonya', el drama 'trash' de una medallista olímpica

Tachada de "basura blanca" por la élite del patinaje sobre hielo mundial, la rocambolesca historia de Tonya Harding es un cuento sin moraleja final.

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Margot Robbie lo ha conseguido. Después de darse a conocer en papeles de rubia atractiva y con enjundia (El lobo de Wall Street, con Leonardo DiCaprio, o en Focus, con Will Smith) y de pasárselo bomba haciendo la loca (El escuadrón suicida), le ha llegado su papel white trash: el biopic de la patinadora de hielo Tonya Harding en Yo, Tonya.

La cinta se estrena en España este fin de semana, coincidiendo con el fin de los Juegos Olímpicos de Invierno, que en nuestro país suelen pasar sin pena ni gloria. Pero que la historia esté ambientada en el mundo del patinaje artístico no puede echarnos para atrás. Porque la fría pista de hielo, las botas con cuchillas y los estilismos imposibles (si hay un brilli-brilli original, está en esta disciplina deportiva) no son más que el escenario para el drama y la comedia vital de un personaje sorprendente.

Margot Robbie Tonya Harding

Tonya Harding es lo que los americanos llaman "basura blanca": la hija de una camarera fumadora compulsiva, nacida en un barrio digno pero pobre de Portland, Oregón, cuyas dotes para patinar sobre hielo (y la presión de su espartana madre) la llevaron en los años 80 y 90 a las más altas cotas de ese deporte. También es una especie de Donald Trump del patinaje artístico: iracunda, malhablada, insegura y tan amante de las lentejuelas como el presidente de los EEUU de los grifos dorados.

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Víctima de una relación de maltrato de su madre y su pareja, víctima de una tradición deportiva que exigía princesas de hielo antes que deportistas con garra y ambición, y víctima del acoso de los medios de comunicación (que afinaron con ella los modos que luego culminarían en el caso O.J. Simpson), el fin de su carrera es tan rocambolesco como las piruetas sobrehumanas que lograba en la pista.

Margot Robbie ha logrado ya con su interpretación multitud de nominaciones, aunque todavía no se ha llevado gato alguna al agua. Nacida ella en la soleada Queensland australiana, el papel de Tonya Harding, sometida al frío no sólo ambiental, era lo más lejano a su propia vida que pudo encontrarse. Pero esta interpretación puede hacer por la actriz lo que Monster hizo por Charlize Theron: conseguirle el Oscar a la Mejor Interpretación. La nominación ya la ha conseguido. Ahora sólo le falta que su nombre siga al "and the Oscar goes to...".

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