Clara superstar

Clara Lago repite como embajadora de Maybelline NY

La polifacética actriz vuelve a formar parte de la nueva campaña de la firma. Recordamos la conversación que tuvimos con la reina del 'contour' en España.

Actualizado el

Clara Lago, nueva embajadora de Maybelline NY
Gtresonline

Trabajo, amor, amigos… La buena estrella le acompaña desde que era una niña. Y ya no hay quien la pare. Maybelline NY nombra, un año más, a Clara como su embajadora global.

Si la firma de cosmética repite imagen este año es porque Clara lo tiene todo; joven, atrevida y con talento. Su estilo desenfadado ha conquistado a Maybelline desde el principio y, por ello, volverá a ser embajadora del los nuevos lanzamientos cosméticos. La campaña estrella irá enfocada a 'Master Contour', el producto que necesitas para realzar y esculpir tu rostro con la famosa técnica del Contouring. Su compañero, Úrsula Corberó, también repite como imagen de Maybelline, pero con otro producto, 'Super Stay 24 horas'; una gama de productos con los que mantener el maquillaje intacto durante todo el día.

Rescatamos la entrevista que tuvimos con la actriz de Ocho apellidos (vascos y catalanes).

¿Recuerdas tu primer casting? Tendría unos 10 años. Me acerqué a una chica que había trabajado con mi padre y que en ese momento estaba en Globomedia y le dije: "Mira, es que quiero ser actriz" (pone voz de niña pequeña). Y le debió de hacer gracia mi morro porque me dijo: "Bueno, voy a hablar con Tonucha (directora de casting en Globomedia) y te vienes a Telecinco a hacer una prueba de cámara". Mi madre se perdió y llegamos dos horas tarde. Tonucha, encantadora, me dijo "Ven, pasa aquí, a la salita, y cuéntame algo". Como mi madre es cuentacuentos le contesté: "¡Pues te voy a contar un cuento!". Y recité un verso que se llamaba El becerrete pajoso de costado reinoso (ahora se ríe), que narraba mi madre y que yo me había aprendido cual papagayo de las veces que contaba cuentos con ella en el pueblo de Segovia, donde veraneábamos. Luego, me cogieron para la serie Compañeros.

Veintiséis años y ya eres una especie de veterana. ¿Sientes no haber llevado una vida más anónima? Lo he pensado mucho con el boom de Ocho apellidos vascos. Realmente anónima no he sido desde los diez años, cuando empecé en Compañeros. A veces pienso si no me habré perdido cosas. Pero no creo. Sigo teniendo a mis amigas de toda la vida, aunque vivo siempre con una especie de radar de control instalado en el cerebro. Sabes que te pueden estar mirando y lo notas, te señalan… Ahora, con los móviles, ni te cuento; es horrible. Hacen fotos, vídeos, sin preguntar. Mucha gente me dice: "Es el precio de la fama, ¿no?".

¿Y lo es? La fama conlleva perder el anonimato, que suficientemente difícil es, pero no que te saquen fotos por la cale. Como lo he vivido desde pequeña no he tenido que sufrir ese proceso de pérdida. Pero para quien salta a la fama de la noche a la mañana me parece extraordinariamente duro, desestabilizador y triste. Pierdes una parte de ti. Hay gente que lo entiende y otra que pasa del amor al odio en un segundo. "Quiero una foto contigo porque te adoro, te amo, eres lo más…", te dicen. Respondes: "Ahora no, si no te importa". "Pues vaya gilipolllas, ¡no voy a ver tus películas!", gritan. Y piensas: "Hay que ver qué rápido te tiran al suelo".

¿Qué lección has aprendido en estos años? A respetarme a mí misma lo primero. A menudo en cine y en televisión priman muchas cosas antes que tu trabajo, porque el tiempo es oro, hay problemas técnicos, la luz natural se va… Cada uno defiende su terreno. Durante muchos años me daba pudor pedir tiempo u otra toma si no me había quedado contenta. Luego ves que no ocurre nada si lo haces. Me pasó, una vez en la secuela de Ocho apellidos: vislumbraba que iba a coincidir el parón para comer con la mitad de una secuencia llena de emoción. Y que te corten es una faena. Imagina meterte un cocido y volver a ese estado emocional. Lo hablé y ¿qué sucedió? Que el equipo tuvo que esperar hasta las cuatro de la tarde para comer. No es para tanto…

¿Utilizas un mismo método de trabajo para todo? No uno específico. Pero sí trabajo para los estados emocionales con música. Música que me pone alegre o más triste. Por ejemplo, para La Venus de las pieles, cada día antes de salir a escena escuchaba una canción de la banda sonora de Moulin Rouge. No sé por qué me daba un ‘punto’ del personaje y me ayudaba a entrar en el mood.

¿Te atreverías con un monólogo de Dani? ¡Ni de lejos! Y me parece maravilloso lo que hace, de quitarte el sombrero. Además, escribe él mismo sus monólogos. ¡Chapeau!

¿Crees que el humor lo cura todo? No voy a decir que todo, pero es muy buen prisma. Si los cristales de tus gafas son los del humor, probablemente acabes siendo más feliz. Me parece una herramienta súper positiva para la vida.

¿Y a ti que te hace desconectar y ser feliz? Soy muy de ‘terracismo malasañero’: me encanta quedar con mi hermano y mis amigas para tomar unos vinos. Y soy una 'friki' de las series. Como Vis a vis, -¿la has visto?-. Es mi descubrimiento. Esta mañana remoloneaba, a ver si me daba tiempo a ver diez minutos… Me la había grabado. El otro día vi el primer capítulo y dije: "¿Qué es esta maravilla?".

Barriendo para casa y sabiendo que tu hermano tiene un centro de Pilates. ¿Te gusta cuidarte? Un día me dijo: "He descubierto una cosa que te va a encantar". Y empecé a practicarlo con 17-18 años. Luego a él le gustó tanto que hizo el máster y montó el centro. Pero siempre me he cuidado. Hago deporte, bailo y procuro no comer trigo.

¿Cruzarías España por amor? ¿Cogerme un autobús? ¿Cómo Rafa? (Dani Rovira) en Ocho apellidos vascos? ¡Por supuesto! Y el que diga que no ¡es un sieso!

Celebrities

Loading...