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Algo conmigo

POR Ángela Cremonte

Bienvenida

Ángela Cremonte quiere tener ‘algo contigo’

Damos la bienvenida a nuestra querida Ángela Cremonte a la familia InStyle. La actriz estrena blog en nuestra web y tiene un mensaje muy claro: quiere tener ‘algo contigo’. Gracias, amiga.

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El blog de Ángela Cremonte en InStyle

El frío eléctrico de la cocina parpadea sobre la cafetera. La bombilla intermitente se me hace eterna dentro de los ojos. Es muy pronto para mirar cualquier brújula.

Estoy helada y nerviosa como el agua que uso para hacer café y no recuerdo por qué.

La he encendido (la cafetera, digo), quiero un calambre; algo tengo que hacer para quitarme la escarcha de la cara ahora que me he levantado tan temprano como para ir a rodar.

Que sepáis que un plató es un lugar congelado antes de las 6 de la mañana. En un plató se puede construir la Antártida sólo con mi respiración.

No soy de frío, y lo hace.

En ese plató glaciar, mis compañeros caen por goteo y abren brechas de calor: un beso aquí, un foco allá, una plancha para el pelo… El ardor en los dedos del té en vaso de plástico me recuerda que hubo verano más allá de las 12 y que debo apoyar el recipiente lejos de los enchufes de peluquería…

El vestido de otra en la que me convierto cada día espera pasmado detrás de la puerta del camerino, como si estuvieran a punto de atracarlo cuando se encienda la luz… Y soy sólo yo, muerta de sueño, la que entra y lo separa de la percha con deditos polares como si desmenuzara pan para un pollito: porque es muy delicado, porque es de época, porque “te lo traen de Italia, hecho a mano, lavar en seco, do not bleach”. Porque es precioso.

Muchas chicas, muchos cables, muchas chispas por la mañana. (De esto hablaremos en otro post, pero es que la imaginación se dispara cuando en realidad no eres de ningún sitio y llevan años pagándote por crear mundos fantasma que luego veis en una caja llena de luces, anuncios y reflejos de gente que se levanta a por yogur en mitad del beso que estás interpretando tú. Te quiero, hermana).

En la cocina sube el café, el sol baja por el patio y me tira un hueso de luz por la rendija.

Entra el perro haciendo ruido de fuego que crepita (porque sus uñas en la baldosa suenan a chimenea y rama partida).

El brillo del fluorescente se queda por fin estático (eso me tranquiliza) y entonces ya es de día, ya veo mundo, ya estoy encendida y hace calor y hay voz en la escalera y escucho el ascensor que abre su puerta (sístole), entra la claridad (diástole, el vecino del quinto), mi portero pasa la página diaria con ruido de hoja seca y sale Isra de su habitación. (Isra de Israel Elejalde, ese compañero de piso que veis en mis stories, tan majo, tan buen actor, tan mejor amigo).

Isra ríe como nuestra cafetera recién hecha, me mira en modo “qué te pasa, hermana” y es entonces cuando me acuerdo de por qué estoy inquieta:

Soy Ángela. Actriz. Medio española, medio argentina (si es que esto que os digo hace de mí una naranja entera ahora que estoy en mi cocina).

A lo mejor os sueno de series como La Chicas Del Cable, Hispania o Los hombres de Paco. O quizás de haberme ido a ver al teatro (si es así, ¡hey, familia!).

Además de interpretación, estudié Humanidades. Al principio pensé que más que una carrera era un salto al vacío pero al final siempre me ha hecho caer en blando y poner las tildes en los relativos.

Me gusta mucho mi trabajo, estar con mis amigos, con la gente que quiero, vivir. Lo normal. Y me da mucha alegría poder hablar con vosotros desde aquí (estoy nerviosa por esto, vaya con la primerita vez).

Así que, contestadme, por favor. Proponedme temas, preguntadme cosas que me cueste responder. Llevadme la contraria, traedme jarros de agua (fría), dadme vuestra opinión (dadme candela, mejor). Quitadme el sentido. Tened algo conmigo.

Miradme con descaro en la calle mientras me muero de vergüenza porque voy en chandal, 1990.

Haced que sabéis quién soy en los parques aunque os confundáis de nombre, en los aeropuertos, en las salas de espera (que en realidad son habitaciones de marcharse). Habladme sobre todo en bares y, así, como extraños que sin saberlo se conocen, terminaremos a la vez la misma frase agarrados sin querer-queriendo a una taza de fe.

Hasta la próxima,

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