Especial aniversario

Atentas, chicas del norte, porque el champú que compran en Nueva York o Shanghái (y que adoran las celebrities) procede de Burgos

En la ciudad norteña se encuentra la fábrica de L'Oréal de la que salen a diario 1 millón de productos capilares hacia 52 países. En su 50 aniversario se ha convertido, además, en un referente de sostenibilidad.

Fábrica de Kérastase
Imaxtree
María Elvira
María Elvira

Editora de belleza

Actualizado a

Si una se detiene a observar la melena de Emily Ratajkowski en una de las recientes campañas de Kérastase ni de lejos imagina que los productos utilizados para lograr su ‘pelazo’ ultraterrenal proceden de Burgos. O que los champús que se compran en los aeropuertos de, pongamos, Dubai, Shanghái, Tokio o Nueva York llegan del polígono Villalonquéjar, en la ciudad norteña, donde L’Oréal levantó, en el año 1971, la durante años conocida como “fábrica Vichy”. En 1998 arrancaría su expansión internacional y en 2010 la singladura como fabricante de productos capilares (de las firmas L’Oréal Professionnel, Matrix, Shu Uemura y la única de Kérastase en todo el mundo). Allí viajamos, con motivo del 50 aniversario de la fábrica, para descubrir cómo nace un producto capilar y, sobre todo, qué hay detrás de un edificio que se ha convertido en emblema de buenas prácticas sostenibles.

Fábrica de Kérastase
D.R.

Fábrica de Kérastase

Una panorámica del edificio de fabricación de la planta L'Oréal en Burgos.

A la vanguardia en desarrollo sostenible

Al frente de la fábrica de L’Oréal en Burgos se encuentra desde 2014 Benoît Mocquant, un parisino enamorado de la capital castellana que nos acerca con datos lo que esta planta supone para el tejido, no sólo económico sino también social, burgalés. El 94% de la producción sale a otros destinos; en total, 1 millón de productos al día (250 millones anualmente) atraviesan las puertas de la filial con destino a 52 países: Francia en primera posición, UK segunda y, tercero, China, en una proporción equilibrada entre haircare y coloración (la producción suele ser estable, con el rubio como el tono más demandado, pero la incursión de colores como el rosa o el azul han llegado a cambiar en ocasiones la forma de trabajar). Exhaustivos controles con hasta 30 técnicas entre análisis químicos y microbiológicos, packaging, ingredientes y un largo etcétera se realizan en un pequeño laboratorio de la fábrica.

Fábrica de Kérastase

Fábrica de Kérastase

Línea de producción de la mascarilla Chronologiste.

Que una fábrica con algo más de 500 empleados se convierta en referente internacional en sostenibilidad es toda una gesta. Mocquant se enorgullece, y no es para menos: en 2014 se inauguraba una central de biomasa que permite que la energía sea 100% renovable; en 2015 lograban ser neutrales en emisiones de C02; y, desde 2017, son la primera “fábrica seca’ o waterloop de L’Oreál en el mundo. Esto quiere decir que mediante un circuito cerrado el 100% del agua utilizada en los procesos industriales puede ser reutilizada una y otra vez. “Esta fábrica habla más de biodiversidad que de hormigón”, en palabras de su director, que cuenta cómo mediante un sistema de economía circular –“utilizamos lo usado para algo nuevo”–, se recuperan los residuos de plásticos para fabricar palés (el primer año se reciclaron 7,6 toneladas de plástico).

Fábrica de Kérastase
D.R.

Fábrica de Kérastase

Línea de producción para la edición del champú especial “50 aniversario”, los años que ha cumplido la fábrica.

El proyecto social

Pilar Pérez, directora de Comunicación Corporativa de L'Oréal, recuerda cómo tras estallar el Covid19 quedarse de brazos cruzados no fue una opción. En menos de dos semanas reconvirtieron dos lineales de producción para fabricar gel hidroalcohólico. En total, dieron salida a casi dos millones de unidades, de las cuales 700.000 se destinaron a residencias de ancianos y hospitales de Burgos. Vocación internacional, sí; cercanía, también. Como la que arroja el proyecto social de la fábrica, a través del cual se emplea a 170 personas al año procedentes de centros especiales y que promueve la integración de personas en riesgo de exclusión a través de la Escuela de Excelencia Industrial. O la colaboración con Stem Talent Girl, que detecta entre adolescentes de 13-14 años perfiles con altos potenciales en ciencias y ayuda a impulsar el talento a través de mentorías que desempeñan empleados de la planta. “La transformación es humana y cultural, más que tecnológica”, concluye Mocquant.

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