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Belleza cosmética

Quieres utilizarla porque está de moda, pero ¿sabes qué es realmente la ‘clean beauty’?

Hablamos con formuladores expertos para aclarar esta denominación anglosajona.

Clean Beauty
Imaxtree

“Antes de la crisis del coronavirus, los consumidores más proclives a usar productos naturales evitaban formulaciones que contuvieran ingredientes artificiales y conservantes por motivos de salud. Debido a que ahora hay una mayor preocupación sobre la vida útil y las propiedades hipoalergénicas en los bienes de consumo envasados en general, los compradores están más abiertos a aceptar estos ingredientes siempre que las marcas demuestren eficacia y seguridad, tanto desde el punto de vista de la salud como desde el punto de vista del medio ambiente”. La agencia de inteligencia de mercado Mintel extraía estas conclusiones sobre el comportamiento social tras la pandemia, y se refería a la Covid19 como catalizadora de la clean beauty (belleza limpia). Pero ¿qué significa este término anglosajón tan de moda? Lo desciframos con la ayuda de formuladores expertos.

¿Qué es realmente la clean beauty?

“Para mí es toda aquella cosmética elaborada con ingredientes tanto naturales como de síntesis que no tengan un impacto negativo en la salud de la piel”, aclara Pedro Catalá, farmacéutico, cosmetólogo y creador de la firma Twelve Beauty. Fue a partir de principios del 2000 -cuenta el experto- cuando algunas marcas de tendencia natural comenzaron a hablar de “clean of harmful ingredients”, algo así como “libre de ingredientes dañinos”. Para Amaia Frade y Silvia García, ambas farmacéuticas expertas en formulación cosmética y creadoras de la firma natural Lamixtura, la premisa de la clean beauty es “Lo que pones sobre tu piel importa”. “En la práctica engloba conceptos muy variados. Es un cajón de sastre que habla de seguridad de ingredientes, de su grado de naturalidad y de cómo de sostenibles son los procesos y los productos. También entran en juego los valores éticos de las marcas, el no testado en animales e incluso los mensajes que utilizan en su comunicación”, precisan las expertas.

Sin embargo, no se trata de una categoría que reconozca la legislación cosmética. “En los últimos años, la industria en general se ha apoderado de esta denominación sin ningún tipo de definición oficial o legal. Esto conduce a una interpretación personal que muchas veces conlleva el difundir información errónea, crear campañas de marketing que desembocan en el pánico de los consumidores y, sobre todo, encontrar ingredientes “culpables" con pocos estudios serios detrás”, se lamenta Pedro Catalá.

Clean Beauty
Cortesía Lamixtura

¿Qué debe poner en la etiqueta?

“Se puede mirar que no aparezcan ingredientes controvertidos, como los disruptores endocrinos o los etoxilados, además de otros ingredientes sintéticos como siliconas o aceites minerales, que poco aportan a la salud de nuestra piel, pero el concepto va más allá de prescindir de algunos ingredientes. Es un tema de valores y de coherencia de marca”, defienden Amaia Frade y Silvia García. El de los ingredientes es también un tema controvertido según Pedro Catalá: “En una industria donde las novedades son el motor principal, las distintas marcas miran un mismo activo y sacan diferentes conclusiones. Por no decir que ninguna persona es igual a otra y reaccionamos de manera distinta cuando nos aplicamos un mismo producto”. ¿Vende la marca sus productos en mercados que exigen testado en animales? ¿Toma acciones que no son sólo de cara a la galería? ¿Tiene algún tipo de certificación natural o de sostenibilidad? Más allá de ingredientes, estas son las preguntas que deberíamos hacernos. “Hace falta conocer una marca a fondo para valorar si su ética concuerda con la nuestra”, subrayan las farmacéuticas.

¿En qué se diferencia de la cosmética natural?

El cosmético clean puede incorporar ingredientes sintéticos mientras la marca los considere seguros. El natural, salvo excepciones (el perfume o algunos conservantes que son idénticos a los disponibles en la naturaleza pero se obtienen de forma sintética), no”, aclaran Amaia Frade y Silvia García. A la inversa: la cosmética ‘eco’ tampoco tiene por qué ser necesariamente clean: “Tiene que demostrar no sólo la naturalidad de los ingredientes, sino también que éstos no son GMO (modificados genéticamente) ni se han radiado, y que los procesos de producción son sostenibles y no contaminan el planeta”, añaden las expertas. Para ello hay un organismo oficial que audita el proceso, algo que en el caso de la clean beauty no existe, con lo cual queda en manos de la marca cumplir con sus estándares. “Espero que clean beauty en un futuro sea sinónimo de transparencia, honestidad, priorizar al consumidor, garantizar la seguridad del producto final y establecer prácticas formulativas, además de centrarse en los beneficios de los productos”, reivindica Pedro Catalá.

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