Nutrición: la importancia de las etiquetas

En más ocasiones de las que imaginas, estás consumiendo productos que aparentemente te parecen muy 'healthy'... y nada más lejos de la realidad. ¿La clave? Leer las etiquetas. La 'coach' nutricional Andrea C. Onzain arroja 5 claros ejemplos para demostrarnos la importancia de saber descifrar el etiquetado de los alimentos.
No es tan difícil... Y lo que está en juego, es tu salud. ¿Comenzamos?

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quinoa. Pasta integral VS pasta blanca

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Pasta integral VS pasta blanca

Sí, hay una gran diferencia: no es lo mismo la sémola –harina gruesa– de trigo duro integral que la sémola de trigo duro más salvado. "En la primera usan harina integral para elaborar la pasta, por lo que sí es integral. En la segunda usan harina refinada y le añaden salvado (la cáscara del grano), por lo que no es integral aunque nos lo vendan como tal y además lo parezca por su color oscuro", nos explica Andrea Onzaín. Así que, ¡cuidado con lo que compras! Y otro tipo de cereal sano es el tipo entero como la quinoa, que no hay nada refinado, o la espelta y el mijo.

4. Etiqueta integral/ no integral

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Etiqueta integral/ no integral

En el ejemplo de estas tortitas se ve claro: las que se presentan como integrales no lo son porque si lees la etiqueta, ves que están hechas con harina normal y salvado (y no de harina integral). "De este modo, tienen casi tres veces más azúcar que las normales", nos cuenta Andrea. Así que warning!

yogur. Yogures natural VS de sabores

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Yogures natural VS de sabores

A veces creemos que si en un envase de yogur aparece la palabra light, es uno de los tentempiés mejor elegidos del día. Hay algunas marcas que sacan a la palestra multitud de texturas y sabores, con una cantidad de azúcar por unidad escalofriante. Para evitarlo, lo ideal es optar por uno natural de verdad (y si es eco mejor, nos aconseja la experta). Para endulzarlo, nada mejor que "una cucharada de azúcar moreno, una de miel, una de sirope de arce o una de algarroba o chocolate desgrasado", apuntala.

 

1. Etiqueta de yogur

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Etiqueta de yogur

En el ejemplo, la etiqueta dice que esta unidad contiene 16 gramos de azúcar. "Se trata del equivalente a dos azucarillos de los grandes y más de cinco de los pequeños, tiene más azúcar que fresa (un 8,1% frente al 7,2% de la fresa)", nos explica Andrea. Según la OMS, lo máximo que deberías tomar al día son 12 cucharaditas pequeñas (es decir, el yogur te daría más de la mitad).

tomate. Tomate frito natural VS artificial

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Tomate frito natural VS artificial

Otro de los típicos productos en los que solemos caer en el mismo problema: actualmente hay envases que gritan a los cuatro vientos que su contenido es de "receta de la abuela" o "receta casera". No te lo creas, y lee la etiqueta. ¿Las claves a tener en cuenta? Sigue leyendo.

 

3. Etiqueta tomate frito

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Etiqueta tomate frito

"A la izquierda un tomate de brick, a la derecha uno bajo el lema 'receta artesana', que consigue una apariencia más healthy y sin embargo, tiene casi el doble de calorías y más del sobre de grasa", nos cuenta Andrea Onzain. ¿Y algo aún peor? Sí, "sus 12,5 gramos de azúcar frente a los 7,4 gramos (que ya es bastante) del tomate de brick", añade.

fiambre pavo. Fiambre pavo

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Fiambre pavo

Se ha ganado el derecho de uno de los productos más sanos para tu dieta por excelencia. Y sí, lo es, pero no todos son igual. En la mayoría de las ocasiones, el fiambre de pavo tiene solamente un 69% de pechuga de pavo. ¿Qué es el 31 % restante? Nuestra experta contesta.

6. Etiqueta pavo

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Etiqueta pavo

Un sinfín de colorantes y conservantes. Por ejemplo, E-451 (trifosfato de pentasodio, "básicamente sodio, es decir, sal", explica Andrea). También encontramos el E-407, el 'Carragenanos'. "Un derivado de alga en su forma no sintética que aporta cuerpo y estructura, lo que consigue que el pavo de verdad y ese 31% de resto de "cosas", sea compacto" (y por tanto te entre bien por la vista). También encontramos E-621 ('Glutamato monosodico'), "sal/sodio que hace que la comida tenga mucho sabor y que en estudios en roedores han encontrado evidencia científica en obesidad", nos cuenta Onzain. ¿Conclusión? De los 5 gramos de sal recomendados al día en un adulto, con 100 gramos de este tipo de pavo ya te has tomado dos. ¿Os contamos un par de marcas que respetan dentro de sus packs casi el 100% de pavo? Frial y Aldi.

sopa. Caldo en 'brick'

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Caldo en 'brick'

Ya no es tan común que en las casas, nos hagamos nuestro propio caldo de verduras, de pollo, o de cocido. En su lugar, multitud de marcas han colocado en las baldas del supermercado aparentes bricks que presumen concentrar lo mejor de los nutrientes de las verduras. ¿Cuál es el problema con el que no solemos contar aquí? Con la sal, ya que está camuflada como sodio. "La sal es cloruro sódico, es decir, sodio y cloro. Es necesaria para muchas funciones vitales de nuestro organismo pero en exceso puede crear trastornos como por ejemplo la tensión arterial", explica Andrea, que recomienda no comprar nada que contenga más de 0,25 gramos de sal por cada 100 gramos (lo que equivale a 0,1 gramos de sodio). Veamos qué pasa en algunos bricks de caldo 'natural'...

5. Etiqueta caldo en 'brick'

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Etiqueta caldo en 'brick'

"En los ejemplos de la foto, el caldo pre cocinado de arriba contiene 0,60g de sodio por cada ración de 250ml es decir 1,5g de sal. El de abajo contiene 1g de sodio que ellos ya calculan con redondeo que son 2,8g de sal. Contando con que la OMS recomienda un consumo de no más de 5g al día por adulto creo que tomar 2,8g solo con una tacita de caldo es una barbaridad", opina la experta Onzaín. Apúntate esta fórmula: para saber cuánta sal son los mg de sodio tienes que multiplicarlo por 2,5, y obtendrás el resultado.

 

 

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"Cuidado al comprar, quien viene conmigo a la compra se desespera pues leo todas las etiquetas, pero es la única manera de hacerlo bien", nos comenta la coach nutricional Andrea C. Onzain, experta en hacer entender a sus clientes qué (y por qué) es lo mejor que puede ingerir tu cuerpo. Precisamente aprender a "leer" lo que envuelve a cada alimento es un paso de gigante si verdaderamente quieres aprender a comer bien.

Pero la realidad es que no tenemos una cultura donde este hábito esté asentado. Con los años, seguro que se consigue (es necesario), pero a día de hoy, te sigue venciendo la pereza, haces la compra en el 'super' sin dedicarle el tiempo que se merece, o directamente estás convencida de que en tu cesta de la compra, todo es de lo más natural.

Adquirir productos envasados que a priori te parecen sanos y luego no lo son tanto, es una tónica sonante entre la mayoría de la población. Si crees que desayunas sano por tomar un pan integral y dos lonchas de pavo, o que tus niños meriendan un zumo de brick... Hay un alto rango de posibilidades de que te estés equivocando.

Nuestra experta Andrea C. Onzain (le puedes seguir en su Instagram) nos ilustra con algunos claros ejemplos con los que quizá, te sientas identificada. Ella les llama "falsos amigos" y las causas de este trampantojo van desde el desconocimiento que tenemos sobre las dosis máximas que tenemos que tomar de cada elemento cada día (por ejemplo, según la OMS, lo ideal es tomar el 5% de azúcar sobre las calorías totales que ingieres diarias, un 10% de ese total como máximo saludable). Otros motivos que nos llevan fácilmente al engaño son directamente los mensajes que ves en un envolotorio (como light), de lo que nunca debes fiarte.

¿Aprendemos un poco sobre qué dictan las etiquetas?

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