Nicaragua: la tierra prometida

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MERCADOS

Date un paseo por los puestos. El olor, el color y, por supuesto, el sabor de las frutas tropicales son una fiesta para los sentidos.
1b. EL LUJO  A TU ALCANCE

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EL LUJO A TU ALCANCE

Sobre tierra virgen se elevan hoteles de ensueño: el resort Pelican Eyes, epicentro de las playas del sur y el Hotel Darío en Granada.

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AUTOBUSES

Siempre pintorescos, llegan de EE. UU tuneados con mensajes religiosos.

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LA GIGANTONA

Una figura típica del folclore nicaragüense, imprescindible en las fiestas populares.

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GRANADA

Imprescindible coger un barco y recorrer las isletas de Granada, pequeños islotes con embarcadero propio y casas (deluxe) escondidas entre los árboles.

2a. PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

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PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Así fue declarada en 2011 la Catedral de León, una construcción colonial barroca considerada símbolo de la nacionalidad. Bajo su techo se encuentra el león que custodia la tumba de Rubén Darío.

2. HOTEL PATIO DE MALINCHE

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HOTEL PATIO DE MALINCHE

Con una industria turística en desarrollo, el país centroamericano todavía conserva rincones vírgenes y hoteles tan acogedores y singulares como Patio del Malinche.

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UN SINFÍN DE POSIBILIDADES

Si buscas un destino original, lo tenemos claro: Nicaragua es más accesible que nunca pero se muestra tal y como siempre ha sido. Virgen, llena de vegetación, con su carácter multirracial (más de un 70% de población mestiza) y dispuesta a conquistar a todo el que pise sus volcanes y lagos. La que un día fue colonia española vive hoy su mejor momento para ser descubierta. A un lado, el océano Atlántico con el mar Caribe y sus poblaciones agrícolas indígenas (aquí vive el único 3% de raza ‘nica’ pura que existe). Al otro, el océano Pacífico con su tradición pesquera y principal (y único) foco turístico. Nicaragua ofrece un escenario variopinto que puedes exprimir en pocos días gracias, entre otras cosas, a su buena comunicación y tamaño (casi cuatro veces más pequeño que España).

TRAZA TU RUTA EN 10 DÍAS

La capital, Managua, no requiere más atención que la parada técnica necesaria: 24 horas serán suficientes para disfrutar de un paseo tranquilo por los puntos de interés, como su antigua catedral. Las ciudades coloniales de León y Granada robarán más de tu tiempo. En la primera, liberal y ciudad universitaria por excelencia, e encandilarán sus puestos callejeros y su continuo contraste, como el que consiguen sus fachadas decadentes y grandes monumentos (su catedral es Patrimonio de la Humanidad). De la segunda, más conservadora, no querrás salir: pasear por sus coloridas calles, perderte en su mercado de abastos o anonadarte con el fervor que se respira en sus numerosas iglesias será una experiencia (casi) religiosa. Tras una buena dosis de historia, es hora de conocer otro carácter: el del sur. Allí te espera San Juan del Sur, una bahía de dos kilómetros que guarda una sorpresa más allá de la tranquilidad de su mar: aquí, los nicaragüenses conviven con la cultura surfer. Piérdete entre sus calles y darás con el primer brew bar de la zona, ideal para los muy cafeteros, tiendas art decó, centros de yoga y comida raw (cruda) y escuelas de surf (algunos llaman a esta ciudad ‘San Juan del Surf’). Eso sí, si lo que quieres es volver cargada de experiencias culturales, no descartes el norte: Estelí, Matagalpa y Jinotega. Tierra de rancheros, allá verás a los lugareños con botas de cuero y sombrero entregados a la industria del café o del tabaco. ¿Un último deseo en clave arty? Adentrarte en una comunidad de artesanos por excelencia y probar con tus propias manos la magia de sus oficios (cerámica, madera, bambú…).

COLOR Y OPTIMISMO POR BANDERA

Esta capacidad de adaptación a los nuevos tiempos que caracteriza al país es posible gracias a sus gentes. Ávidos por dar a conocer la riqueza de su tierra, si vas a Nicaragua te sentirás acompañada a cada paso. A esta hospitalidad se une su mirada, siempre optimista, que encierra una moraleja: en la vida, hay que ver las cosas con alegría.

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