Fin de semana en Austria

Guía de Viena, un placer para los sentidos

Descubre los muchos encantos de la capital centroeuropea en una escapada exprés

Actualizado el

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Calidad de vida

Uno de los motivos por los que Viena es la ciudad “con mayor calidad de vida del mundo” son sus parques, despertigados por todo su perímetro.

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Museo Albertina

Fachada del Museo Albertina, con los típicos coches de caballos en la puerta esperando a los turistas.

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Museo Belvedere

El museo Belvedere (el edificio “superior”) visto desde los jardines que llevan hasta él.

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El Beso

El cuadro de El Beso, de Klimt, es la estrella del Belvedere y la obra que aglutina mayor número de curiosos. Además, es la estampa más serigrafiadas en souvernirs y recuerdos varios de la ciudad.

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La catedral

Vista de la catedral desde una de las calles aladañas. A la izquierda, el edificio donde se encuentra Zara.

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De compras

Fachada de la tienda de MaxMara en el centro histórico de la capital austríaca.

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Gastronomía

El restaurante Motto am Fluss, cuyas cristaleras te ofrecen una vista privilegiada sobre el río.

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Gastronomía

Selección de panes en el bistro de Joseph Brot.

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Gastronomía

Marco Simonis reúne en su local una amplia selección de productos orgánicos, naturales y saludables destinados a “hacerte la vida más feliz”.

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Planes

Los food trucks son un elemento imprescindible en los momentos de ocio de los vieneses.

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El momento perfecto

¿Quién se resiste a la tentación de pisar un café en Viena con vistas a alguno de los singulares edificios, esculturas y monumentos de la ciudad?

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Museo del Teatro

Un rincón de la exposición Tenorissimo! en el Museo del Teatro, con trajes que Plácido Domingo llevó sobre el escenario.

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Música

La música es una constante en la ciudad. Te toparás con cuadros escultóricos de grandes compositores casi en cada esquina.

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Parques, artes, música y relax

No tienes excusa para no “perderte” entre las maravillas de Viena.

Lo tiene todo para complacerte. Viena es una ciudad regia, una capital “monumento” que, cuando las calles están casi desiertas, semeja un inmenso plató de cine. Repasamos algunos de los muchos atractivos que la convierten en irresistible para los sentidos.

Vista: La capital austriaca es una ciudad de una arquitectura apabullante. Gran parte de su imagen se debe a la obra de arquitectos como Otto Wagner, que llenó sus edificios de mármol, vidrio, azulejos, apliques de metal o chapados en oro (un recurso este muy empleado en las ciudades centroeuropeas). A él se deben varias estaciones de metro, la primera iglesia moderna de Europa (San Leopoldo de Steinhof) y la Caja Postal de Ahorros en la Ringstrasse. Solo tienes que callejear por el centro de la ciudad para toparte con alguna de las maravillas de este autor o cualquiera de sus discípulos. Al margen de ello, hay dos museos que no te puedes perder: el Albertina, uno de los más conocidos de Europa y que en su interior alberga obras de Picasso, Matisse, Cezanne o Monet entre otros (Albertinaplatz 1) y, sobre todo, el Belvedere, antigua residencia de verano del Príncipe Eugenio de Saboya (Prinz Eugen-Straße 27). Al llegar verás dos palacios unidos por un largo jardín, encargado de separar otros tantos complejos artísticos: Belvedere inferior y Belvedere superior. En este último encontrarás una de las joyas austríacas, el archiconocido cuadro de El Beso, de Gustav Klimt, que comparte sala con otras obras del famoso artista. Además, harás un completo recorrido por el arte del país desde la Edad Media hasta prácticamente nuestros días (el precio de la entrada ronda los 19 € aunque puedes entrar gratis si adquieres el Viena Pass, un pase que se vende a partir de 59 € y que te proporciona acceso a unas 60 atracciones turísticos, incluidos palacios, la Casa de Mozart y la Catedral).

Tacto. Precisamente la Catedral es el punto de encuentros para todos aquellos que quieran comprar moda. En las calles aledañas a este imponente edificio, encontrarás famosas cadenas como Forever 21, H&M o Mango. Muy cerca, en los aledaños del casco histórico, podrás admirar, tocar y comprar piezas de Agent Provocateur (Tuchlauben 14), moda infantil de Bonpoint (Spiegelgasse 8), prendas de diseñadores internacionales en Liska (Hoher Markt, 8), complementos made in Austria en Scheer (Bräunerstrasse 4), o propuesta de nuevos diseñadores en Spodd (Schultergasse 6). Asimismo, si quieres llevarte un souvenir especial, pásate por tiendas tan exquisitas como Petit Point Maria Stransky, especialista en bordados (Hofburgpassage 2); So Austria, casi un “museo” de recuerdos austriacos de alta calidad (Lugeck 3a); o Schokoladekönig, el templo del chocolate (Fresingergasse 1; vale, mejor probarlo que tocarlo, pero hasta los envoltorios son una maravilla).

Gusto. Toca ponerse las botas. Y empezamos la casa por el tejado o, lo que es lo mismo, el banquete por los postres. En este terreno hay dos imbatibles, por un lado la Sachertorte (conocida en el resto del mundo como tarta Sacher), bizcocho de chocolate separado por una capa de mermelada y cuya versión original solo podrás degustar en el hotel Sacher (Philharmoniker Str. 4); por otro, encontramos el Apfelstrudel, un fijo en la carta de cualquier restaurante y que consiste en un hojaldre relleno de compota de manzana (también es muy popular la variante con relleno de crema). Si, además, lo acompañas de deliciosos bombones (hay tiendas de chocolates desperdigadas por todo el centro de la ciudad), la “emoción” será completa.

Pero, además, Austria es un país famosos por sus vinos y resulta prácticamente una obligación catarlos. Si tienes la intención de visitar Viena entre primavera y finales de octubre, sube hasta los viñedos Wieninger, donde te encontrarás un quiosco de producto propio y unos bancos y mesas donde probar los caldos y compartir un momento al aire libre mientras te recreas en las vistas de la ciudad a tus pies. La cita es en Buschenschank Wieninger am Nussberg (Eichelhofweg 125). ¿Qué prefieres una taberna típica, con más madera y mucha música? En Heurigen Mayer am Pfarrplatz (Pfarrplatz 2) tendrás todo eso y un montón de comida (a destacar el famoso Wiener Schnitzel, famoso filete empanado típico de la capital).

Sobre el río se alza Motto am Fluss (Franz-Josefs-Kai 2), con cocina que mezcla la tradición austriaca con la modernidad. Un placer comer mientras contemplas las barcazas que se pasean repletas de turistas. Algo más informal es el restaurante Lugeck, con platos típicos y muy, muy abundantes (los postres son macro). Se encuentra en Lugeck 4.

Además de todo esto, ten en cuenta que la comida saludable y orgánica está muy en boga en Austria en general y en Viena en particular. Durante tu paseo por la ciudad hallarás rincones tan apetecibles como Marco Simonis, con una oferta de comida orgánica lista para llevar, productos de la huerta, conservas “hechas en casa” y donde también podrás adquirir detalles para el hogar y hasta libros. Su hit es la ensalada de lentejas, estás avisada.

Si quieres catar pan del muy bueno, entra en algún establecimiento de la cadena Joseph Brot y prueba, no solo sus diferentes panes; también sus tartas. En el Bistro de Landstraßer Hauptstraße 4 tienes sitio para sentarte y tomarte un café y algún postre. Porque sí, no te puedes ir de Viena sin hacer parada en un café. Te proponemos dos: Fenster Café, con cafés para llevar, en Fleischmarkt 9, y Café Inigo (Bäckerstrasse 18), un curioso local con terraza gestionado por Caritas.

Oído. Viena es, por encima de todo, una ciudad musical. Cada enero, el concierto de Año Nuevo la coloca en el mapa, pero, al margen de ese acontecimiento por el que suspiran melómanos de todo el mundo, la música nunca cierra sus puertas en la capital austriaca. Y, muchas veces, esta al alcance de todos. Por ejemplo, entre los meses de abril, mayo, junio y septiembre, una pantalla gigante en la fachada de la Ópera atrae a los viandantes que quieran ver las representaciones totalmente gratis (Ópera Nacional de Viena, Opernring 2). El que abre todo el año es el Museo del Teatro, con la peculiaridad de que desde mayo, la estrella es la muestra Tenorissimo! Plácido Domingo en Viena. Encontrarás fragmentos de actuaciones del tenor, trajes que lució en alguna de sus representaciones… La cita es en Lobkowitzplatz 2.

El sonido también tiene su propio museo, la Casa de la Música, en el centro de Viena, donde podrás escuchar música y “jugar” con los sonidos (Seilerstätte 30). Y si te gusta Mozart, acércate a Domgasse 5, emplazamiento en el que se ubica la única vivienda en Viena de Mozart. Allí recrearás los pasos del genial música mientras te trasladas a 1784.

Y, por último, una curiosidad que tiene mucho que ver con el alojamiento: en Viena proliferan los hoteles con la música como hilo conductor. Y no, nos referimos solo a los conciertos y actuaciones que en ellos se organizan: el Ruby Lissi (Fleischmarkt 19), por ejemplo, un hotel moderno y muy rock, te permite subirte una de sus guitarras eléctricas a la habitación y enchufarla en el amplificador colocado bajo la tele a dicho efecto. ¿A que te encanta?

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