Persiguiendo un sueño

Conociendo a Almudena: Final de Champions

Nunca dejes de creer...

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Dos equipos madrileños de fútbol participando en la final de la Champions es un evento histórico al que tuve la suerte de poder asistir.

El sábado por la mañana, día del partido, me fui a Milán con mi grupo del Atlético de Madrid, capitaneado por Lourdes y Marta Barroso con Teresa de la Cierva, Susana Calvo, Lucía Durán, María Milans del Bosch, Ymelda e Inés Bilbao. ¡Una aventura única con una locura de grupo!

Conociendo a Almudena: Final de Champions

Se puede decir que éramos el grupo más Atlético compuesto solo por chicas.

En el areopuerto empezamos a calentar motores y a sacar nuestros colores preparadas para animar al equipo.

Una vez en Milán, ya nos identificamos todas como del Atleti y nos fuimos a la zona “caliente” para unirnos a los demás aficionados.

Conociendo a Almudena: Final de Champions
Conociendo a Almudena: Final de Champions

Nuestras caras lo dicen todo: se nos oía más a nosotros que a los del Real Madrid.

Para ir al estadio de San Siro cogimos el metro entre gritos de ánimo. Más de una persona sacaba el móvil para grabarnos. ¡Ymelda se quedó afónica antes de entrar en el estadio!

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Ya en San Siro, los nervios iban aumentando. Más que nervios era histerismo puro y duro.

El partido empezó y fue uno de los más intensos que he vivido; nos mirábamos cada dos por tres cada vez con más angustia. El destino quiso que una vez más nuestro Atleti perdiera en los penalties.

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Conociendo a Almudena: Final de Champions

Salimos del estadio corriendo para evitar a los del equipo contrario.

Andábamos sin rumbo y con lágrimas en los ojos por las calles de Milán sin dar crédito a lo que acababa de pasar. Al no haber ni metro ni autobuses, decidimos comer en un restaurante que estaba en una de las calles (también influyó en nuestra decisión que todas las personas que estaban dentro eran del Atlético).

Cuando terminamos de cenar decidimos quedarnos en esa misma calle esperando a que pasara algún taxi. Por muy raro que nos pareciese en ese momento, esperar en una calle en la que no pasaba ni un alma no era una buena idea.

Seguimos andando y acabamos en un barrio no muy recomendable, pero el cansancio hizo que nos diera un ataque de risa. Cada cual deliraba más y decía algo más incoherente.

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Después de tres horas conseguimos llegar al hotel y caímos desplomadas.

Al día siguiente estuvimos por el centro de Milán y decidimos probar un continental en el Corso 10, uno de los lugares más de moda de la cuidad. Nos llamaron la atención unas cuantas veces de los ataques de risa. Alguna que otra se echó una siesta sentada en la silla con todos los abrigos de almohada.

Acabamos el día cenando en uno de los sitios más bonito y mejores, Giacomo, que parecía ser el único restaurante en Italia que no tenía pizza. Un lugar increíble. Como nos vieron con cara de ruidosas, nos pusieron un poco apartadas pero con unas vistas preciosas a la catedral.

A la vuelta no sabíamos ni cómo nos llamábamos y este era nuestro estado.

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Orgullosa de mi gran grupo, ¡no me había podido tocar uno mejor!

¡Aupa Atleti! ¡A seguir soñando!

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