Reflexiones

Vivir tu descubrir: ¡Parques y conversaciones!

Necesitamos creer y confiar, no sentirnos tan solos

Subes la persiana de la habitación y un alegre rayo de sol atraviesa tu ventana. ¡Buenos días!

Desayuno, preparaciones varias y para el parque. Llevaba días dándole vueltas al post de esta semana; tenía varias opciones sobre las que podía escribir, pero ninguna ganaba más fuerza que las otras y, de repente, me encuentro sentada delante del ordenador sin saber muy bien por dónde empezar, dos horas después de haber bajado a jugar con mi hija, queriendo ordenar ideas después de un festival de sensaciones que no esperaba tener durante esta mañana.

¿Para quién vivimos en realidad? Como si alguien nos observara esperando un resultado, viviendo para conseguir lo que socialmente nos hace encajar. El éxito nos promete seguridad; el dinero, la falsa libertad… Y así, persiguiendo una ilusión creada por intereses ajenos a nuestro bienestar espiritual, nos desvanecemos con el pasar de los años, mucho antes de lo debido.

Vivir tu descubrir: ¡Parques y conversaciones!
Carlos Tostado

Últimamente, no sé si a vosotros os pasa también, coincido con gente que habla de una sensación extraña, como de estar suspendidos en el aire esperando a que algo cambie, sin saber muy bien hacia dónde tirar, sin encontrar bases sólidas a las que agarrarse. Es algo generalizado, seguramente en gran parte, consecuencia de lo vivido socialmente.

Mantenerse positivos, tirar para delante aguantando el chaparrón, aunque lo que caiga sobre ti no sean gotitas de lluvia sino cuchillos… Porque no, no a todos nos llueve de la misma forma ni al mismo tiempo.

Vivir tu descubrir: ¡Parques y conversaciones!

Un día bajas al parque, cruzas tu mirada con la de alguien, te encuentras a corazón abierto frente a otra persona igual de necesitada de verdad que tú y hablas, hablas de la vida. Te sumerges en una espontánea conversación; quizá no tan espontánea, quizás más que buscada; y es que siento que vivimos la soledad más absurda. La que nos aísla de nosotros mismos y del resto del mundo. Y callamos. Callamos y nos distanciamos. Testigo sin pretenderlo de una bonita conversación en el parque.

Frustraciones, anhelos, deseos reprimidos, miedos ganando terreno… Así, atrapados en un paréntesis y sin dirección, desorientados, con una eterna sensación de vacío, de malestar, de angustia aceptada… posiblemente, deshonestos con nosotros mismos la mayor parte del tiempo; sintiendo la necesidad de una realidad aparte para abstraerse de esa sensación de incapacitados para la vida. Incapacitados para alcanzar esa felicidad que supuestamente solo está en tu mano. Y te castigas; te castigas por todo lo bueno que deseas, pero no consigues atraer a tu vida. ¡No te mereces algo así!

Con el corazón tocadito y unas ganas no resueltas de abrazarles, subo con mi hija a casa… Me siento y pienso, pienso en esas dos personas, en su sufrimiento y en su soledad y me pregunto si se sentirían igual si más a menudo pudieran sentarse en un banco a hablar con un desconocido sin sentirlo así, si todos nos miráramos más a los ojos y recordáramos que viajamos juntos…

Te colocas delante de un edificio de muchas plantas y observas la vida de los demás a través de sus ventanas creyendo que es mejor que la tuya y que vas a morirte sin haber aprendido a vivir; y callas, porque está muy mal visto no ser muy positivo hoy en día. Víctimas de la distorsión creada por el lenguaje.

Vivir tu descubrir: ¡Parques y conversaciones!

Un mundo en el que casi nunca las cosas son lo que parecen; me fascina el tema de las apariencias... Tachada de idealista durante toda mi vida, crecí segura de mí misma, de mis convicciones y mis intuiciones; era fácil agarrarse a la verdad de mi sentir porque confiaba ciegamente en que, lo que parecía ser, era sin ninguna duda. Poco margen al error y pisando fuerte por la vida. Las decepciones son inevitables y necesitas de contradicciones para seguir creciendo… Pronto empiezas a ver la oscuridad en lo benévolo, y la luz en lo teñido de oscuro; todo se convierte en la misma cosa y aunque crees que nunca vas a recuperarte de las primeras decepciones de la vida, lo haces, porque somos supervivientes, porque tenemos la voluntad y la capacidad y porque sin creer, no se puede vivir.

Necesitamos poder creer y confiar. No sentirnos tan solos y aislados los unos de los otros nos hace fuertes y más capaces de salir del paréntesis. Ahí lo dejo. Permitidme este post un poco loco y espontáneo y que cada uno reciba lo que quiera y necesite.

Vivir tu descubrir: ¡Parques y conversaciones!
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