Mamá actriz

Vivir tu descubrir: Constrictora...

Y su mejor amigo: el sacaleches

Vivir tu descubrir: Constrictora...

Habían pasado dos meses desde el nacimiento de mi hija cuando me sorprendió una bonita oportunidad, interpretar a la Princesa de Éboli en la película Teresa. Había decidido aparcar durante un tiempo mi profesión para estar con la niña, pero esta era una oportunidad que parecía perfecta y se presentaba en un buen momento. Iba a ser solo un día de grabación, y aun así dudaba de ser capaz de sobrevivir un día entero lejos de casa, lejos de ella. Hasta ese momento no había tenido que hacerlo, y cuando lo había imaginado, la idea aún me hacía sufrir. Me siento muy afortunada por haber podido dedicarle a mi hija el tiempo que necesita y se merece y también indignada por sentirme así, afortunada, por vivir algo que debería ser un derecho indiscutible para cualquier madre, padre y, sobre todo, para cualquier niño.

Vivir tu descubrir: Constrictora...

Después de pensarlo y animada por mi entorno, decidí disfrutar de este regalo y reencontrarme conmigo misma como actriz, y lo hice rodeada del mejor equipo. El vestuario de la movie se había creado en exclusiva para el momento y el de la Princesa de Éboli en concreto era una obra de arte. Un cuerpo de soja negra formaba parte del vestido y éste, no por ser maravilloso, dejaba de ser complicado. Una hora para poner cada centímetro en su sitio y a rodar.

Me sentía feliz, cómoda, segura y disfrutaba de cada minuto de ese texto maravilloso que había llegado a mis manos. A las tres horas de grabación, el tiempo parecía haber volado, pero por su cuenta mi cuerpo seguía cumpliendo con su deber: crear alimento. Mi pecho había aumentado unas dos tallas, el corpiño era de todo menos flexible y respirar empezaba a ser un duro trabajo.

Quitar el vestido hubiese sido dedicar demasiado tiempo a colocarlo de nuevo, así que empecé a dosificar el aire que mandaba a mis pulmones. Horas más tarde, el aire empezaba a faltar seriamente y comenzaba a sufrir dentro de lo que se había convertido en una serpiente constrictora. “¡Hecho!”, gritó el director; la última secuencia había terminado. Varias personas del equipo corrieron a aflojar el corpiño y por fin mis costillas tenían espacio. Después de comprobar que mi esternón seguía de una pieza, se preparó una sala improvisada donde pude tener un encuentro maravilloso con mi mejor amigo durante muchos meses: el sacaleches. Sí, lejos de lo que mucha gente opina, no todo es glamour en ésta profesión.

Vivir tu descubrir: Constrictora...

Haber podido dar el pecho es sin duda una de las experiencias más increíbles de mi vida, algo de lo que a día de hoy seguimos disfrutando. Y si hablo de una de las experiencias más bonitas de mi vida, tengo que hablar también de una de las más raras, mi relación con el sacaleches. Esa pequeña maquinita de succión puede hacer que te sientas la cosa más extraña del planeta cuando aún tu cuerpo siente la fragilidad tras el parto, pero la vas a necesitar como respirar. Un recién nacido come muy poco y muchas veces, y tu cuerpo produce leche a la velocidad del rayo por lo que es imposible que, sin la ayuda de nuestro gran amigo, tu pecho se vacíe tanto como debe para evitar así la temida mastitis.

Vivir tu descubrir: Constrictora...
Ilustración: Katia Klein

Hay múltiples opciones en el mercado, pero yo elegí el Swing de Medela y la crema Purelan 100 de la misma marca. Si no la llegas a necesitar para el pecho, por lo que serías una extraterrestre muy envidiada, es increíble también para labios secos y durante el parto se suelen resecar bastante. Yo me llevé un cacao normal antes de conocerla; ahora, sin duda, no lo dudaría.

Puedo decir que soy una de esas madres que ha podido disfrutar de la lactancia casi sin complicaciones y digo casi porque transformarte en el alimento de tu hijo y sentir que tu cuerpo trabaja día y noche puede hacer que tu vida se convierta en una continua anécdota.

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