¡Chiringuitos!

El nido

Dejarse cuidar como un polluelo

Vivir tu descubrir: El nido
Carlos Tostado

Exactamente eso, un nido en la playa para alimentar a sus crías. Así es ese lugar. Llegas de nuevas, dejas las maletas en la habitación, te das una ducha post viaje y te lanzas a caminar las calles del lugar; eres un turista que investiga con cada paso que da. Todo es nuevo, aunque sea parecido a lo conocido. A veces se acierta y otras se mete la pata hasta el fondo.

¡Rodeada de chiringuitos! Perdonad mi posible falta de cultura, pero para mí la palabra “chiringuito” siempre se asoció a pequeños establecimientos, provisionales casi siempre, y abiertos en épocas veraniegas; básicos y nada destacables por nada en especial. Un heladito, una bolsa de patatas y cuatro cosas más.

¡Chiringuito! y se quedan tan anchos. Desde hace ya algo más de un año, esta misma palabra cobro para mí y mi familia una dimensión especial. La primera vez que pisábamos tierra almeriense, Roquetas de Mar, conocimos varios restaurantes llamados chiringuito tal o chiringuito pascual. Ninguno destacable negativamente, muchos sí por no salirse en especial del molde, pero pocos a la altura de uno de ellos: “El nido”. Aunque ahora sé que es común en la tierra ponerles a los restaurantes de playa ese nombre, en mi cabeza sigue habiendo una ruptura de conceptos al llamar de esta forma a uno de los restaurantes donde mejor y más rico me han dado de comer. Sin florituras ni más lujos que el de una materia prima exquisita.

Vivir tu descubrir: El nido
Paseo Marítimo, 19

“Cavidad natural o construcción que utilizan otras especies animales como refugio para vivir, reproducirse o alimentar a sus crías”.

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Esta es solo una de las definiciones que he encontrado sobre lo que es un nido. Pues así, como una cría alimentada con todo el amor del mundo me siento cada vez que me instalo en una de sus mesas sobre la arena de la playa, mirando el mar o viendo a mi hija tirar migas de pan a los pajaritos que la rodean en su carrito mientras disfrutamos comiendo uno de esos pescados, ese entrecot de mantequilla o un trozo del secreto ibérico que no es ningún secreto.

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Almejas, coquinas, longuerones, unas gambas rojas que te hacen llorar de alegría, cualquiera de sus pescados, tartar de atún, sus carnes, su delicada tempura de verduras o ese plato de huevos rotos sobre patatas paja con pimientos de padrón que colocan sobre tu mesa por sorpresa y que sabes que no vas a poder dejar en el plato, aunque sea lo último que hagas ese día. La leche frita o el helado de galleta, y venga, un ron miel con limón para rematar.

Vivir tu descubrir: El nido
Vivir tu descubrir: El nido

Creíamos haber descubierto “EL SITIO” en mayúsculas, pero al reciente hallazgo no le hacía falta ni un poquito de publicidad, era ya archiconocido en la zona para otros y empezamos a notarlo pronto. Si os dejáis caer por allí, no esperéis encontrar una mesa libre apareciendo por sorpresa; el cartel de “completo” podría sustituir al de chiringuito muy pronto, así que preocuparos de reservar con un mínimo de dos días de antelación.

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Y si tienes hijos, siéntate y respira la brisa marina… Mi hija todavía es muy pequeña para ir sola al parque, pero si tus polluelos ya vuelan por cuenta propia, puedes disfrutar de tu comida mientras ellos juegan sin perderles de vista o incluso darte un baño en el mar mientras llega tu plato.

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Como en casa, así te sientes gracias a ellos; Neide, Santos, María, Sebastián, Abraham por duplicado, Miguel, José, Jessica, Antonio, Juan, Claudia, Mercedes, Isa, Marta, Delia… Un equipo de personas de esas que te quieres llevar a casa, pa ti, pa siempre. Encabezados por Jesús Plaza, EL JEFE, y que parecen haber sido escogidos a conciencia, con el mismo cariño que lo hacen todo.

No exagero ni un poquito: dos meses antes de volver este año a Roquetas, soñaba con aterrizar en el nido nada más llegar; a dos semanas de volver a Madrid, ya estoy echando de menos saber que si pío, no me va a faltar de nada. Que no viene mal acurrucarse en el nido y dejar que te cuiden y te protejan como a una cría recién salida del cascarón.

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Carlos Tostado
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