Alimentación en el embarazo

Vivir tu descubrir: Alas de dragón

Busca tus aliados para una dieta sana y deliciosa

Solo estaba de un mes y medio cuando pasaba mis vacaciones en una bonita isla griega, no una de las más conocidas pero si una de las más bellas, Kythira. Me encontraba muy bien, no tenía ningún tipo de malestar, disfrutaba de forma divertida y relajada de mi embarazo. Snorkel, caminatas por la playa, sol y gastronomía griega. La carne y el pescado me empezaban a apetecer bastante poco, pero el queso feta formaba parte de mi dieta diaria. ¿Queso feta?

Siempre he sido una persona interesada por la nutrición y las propiedades de los alimentos y he leído mucho sobre el tema, pero aún no lo había hecho detenidamente durante el embarazo. Una noche se me ocurrió buscar información sobre los alimentos más y menos aconsejados durante esta etapa y, por supuesto, el queso feta y todos los quesos no pasteurizados, es decir, hechos con leche cruda, estaban totalmente desaconsejados, especialmente en el primer trimestre de desarrollo del embrión. Hablaban de listeria, una bacteria que causa la listeriosis. Todo lo que leía era terrorífico. Lo mejor que le podía pasar a mi bebé era que naciera, si es que llegaba a nacer, de color verde, con ocho patas y alas de dragón.

Alas de dragón
Thais Blume Embarazo y alimentación.

Ilustración: Thais Blume.

Un sentimiento de culpa horrible se apoderó de mí. ¿Le había hecho daño a mi bebé? Aún nadie sabía lo del embarazo, pero después de un rato muy asustada escribí a una amiga que había sido mamá recientemente y, por supuesto, ella tuvo que ser la primera. “Tranquila, a mi me pasó algo parecido, estás de muy poco”, me dijo. Tampoco a ella nadie le había informado. ¿Por qué?

Después de esa conversación decidí relajarme. No iba a poder hacer nada hasta llegar a Madrid, así que solo podía pensar que todo iba a estar bien. Continué disfrutando de la isla y de mi tripita escondida, eso sí, mi dieta se limitó un poco más.

Alas de dragón
D.R. Xenia, de vacaciones en Grecia.

Cuando llegué a Madrid pedí que me hicieran la prueba que detecta si esa bactería está activa y por suerte nada había pasado. “No te preocupes, en tres años solo hemos tenido un caso de listeria”. ¿Uno en tres años? Me parecía una barbaridad; eso y la poca importancia que se le daba a que de verdad algo así pudiera ocurrir.

Fue después de esto cuando me di cuenta de que empezaba un gran trabajo de investigación real y profundo sobre alimentación en el embarazo y otros muchos temas. No se trata de obsesionarse, aunque sí de tener toda la información necesaria para decidir.

Es cierto que las restricciones durante el embarazo no son pocas, pero si te organizas con ingenio y lo vives como un juego, llega a resultar incluso divertido. Elegir alimentos “mágicos” para que tu bebé se alimente bien hace que te sientas aún más conectada a su crecimiento incluso antes de que empieces a notar sus movimientos. Mi dieta durante el embarazo fue muy variada, quitando los primeros meses que tuve una clara tendencia hacia los hidratos de carbono. Carne, pescado (especialmente el salmón), fruta y verdura, homenajes consentidos cada vez que me lo pidiera el cuerpo y un especial énfasis en lo que fueron mis “alimentos mágicos”: aguacate, boniato y arándanos. Podría hacer un corta y pega de miles de artículos de Internet donde se pueden conocer los beneficios de estos alimentos durante el embarazo, pero os invito a hacer vuestro propio trabajo de investigación y en su lugar me atrevo a sugerir algunas ideas para incluirlos en vuestra dieta.

El aguacate es una fruta que da muchísimo juego en la cocina. A mí me encanta de mil formas y una de ellas es el guacamole. Puedes preparar la receta clásica mexicana o adaptarla a tu gusto. Mi favorita es aguacate, cebolla y un poco de ajo, cilantro, lima, sal y aceite. Esta es mi versión estando embarazada; sin estarlo me encanta con trozos de langostino cocido. Rellena la cáscara del aguacate con toda la mezcla. Una receta sencilla, sana y deliciosa.

Con el boniato puedes preparar unas chips al horno, que son menos grasas que fritas, y acompañar tus carnes y pescados o comerlas cuando más te apetezcan. Corta el boniato en lonchas de unos tres milímetros y ponles un poco de sal y aceite. Sácalas cuando las veas doraditas.

Los arándanos son mi pasión y los de mi hija. Puede que atiborrarme de ellos durante el embarazo no le haya dejado más opción que disfrutar de esas bolitas oscuras que tanto le divierten. Prepara una ensalada con las frutas que más te apetezcan; añade lino, semillas de chía y los arándanos. Báñalos con leche de coco y disfruta.

Alimentarse bien hoy en día a veces se complica, pero al menos hay que intentarlo y estando embarazada aún más. Busca tus aliados.

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