VIVIR TU DESCUBRIR, por Xenia Tostado

Baños sin sustos

Al agua patos…

La importancia de aprender a nadar

Vivir tu descubrir: Al agua patos

Siempre se ha dicho que los bebés saben nadar por lo de haber estado nueve meses en el líquido amniótico, pero no es exactamente así. Los bebés saben cerrar la glotis por instinto y conseguir que el agua no entre y pase a sus pulmones, y además tienen la capacidad de flotar. Esto pueden hacerlo en un estado de tranquilidad y diversión con sus papás en una piscina, pero son capacidades que desaparecen en situaciones de angustia. Si un niño cae al agua, se asusta y traga agua ¡se ahoga!

Este Septiembre para mí tiene un objetivo claro; ¡volver a las clases de matronatación con mi hija!

Las clases de matronatación pueden iniciarse normalmente a partir de los seis meses de edad del bebé. En algunos centros antes y en otros después; todo dependerá de la temperatura del agua que mantengan en su piscina.

Los beneficios de la matronatación son infinitos, demostrados y contrastables en cuanto empiezas a ver cómo reacciona tu bebé a los distintos estímulos que recibe. El principal objetivo de las clases de natación para bebés no es desarrollar una súper técnica para saber nadar, eso llega entre los dos y tres años de edad; pero con las actividades que se realizan, evitas que olviden lo bien que pueden manejarse en un medio como el agua y, sobre todo, que se llenen de miedos que les dificulte aprender a nadar siendo ya más mayores. ¡Cuanto antes mejor!

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Practicando ejercicios con Jimena y Aitana.

Se calcula que un niño puede tardar en ahogarse un minuto; en el mejor de los casos y con los pulmones llenos de oxígeno, pero ¿y si cae al agua justo cuando todo el oxígeno ha sido expulsado? Exactamente, un niño puede tardar segundos en perder la vida y puede hacerlo en no más de treinta centímetros de agua.

No pretendo ser alarmista, es una realidad… Lo de que hay que tener mil ojos con los niños parece una simple frase hecha hasta que te conviertes en padre o madre, es ahí cuando cobra una dimensión tan real que entiendes que mil ojos no son tantos.

Que mi hija aprenda a nadar es un seguro de vida para ella y para nosotros. Las primeras clases hasta que cumplen los 18 meses son juegos en el agua que ayudan a estrechar el vínculo afectivo entre el bebé y los padres, fortalecen su musculatura y su desarrollo psicomotor, lo que ayuda también a que sus avances fuera del agua sean mayores, favorece el sueño y la relajación del niño y un largo etcétera de beneficios. ¡Todo suma!

Algo más tarde, sobre los 18 meses, se inician las clases de flotación; el bebé aprende a quedarse boca arriba en la superficie del agua y flotar. Saber que, si tu bebé cae al agua, puede convertir ese minuto de tiempo en dos, tres o incluso más, ¿no lo cambia todo?

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El niño es capaz de percibir si papá o mamá de repente se angustia por algo; necesitan saber que no hay nada de lo que preocuparse, que aprender a nadar es divertido y que están seguros y nada les puede pasar. Cuando me dijeron que las clases de flotación eran con profesores y no con los padres, me dio un poco de pena; me gusta formar parte de sus progresos, me muero de risa viendo sus reacciones y es muy bonito ver cómo confían en nosotros. Pero en cuanto vi de cerca una de las clases, lo entendí todo. Lanzar al bebé al agua y esperar unos segundos hasta que sale a la superficie, probablemente se convertiría en algo difícil para nosotros. Es maravilloso observar cómo corrigen sus movimientos y progresan con las clases y tú puedes verlo todo de cerca.

Vivir tu descubrir: Al agua patos

Los niños que no le temen al agua son los primeros que deben aprendan a nadar; ellos no entienden de corrientes ni profundidades… pero incluso los pequeños que muestran un respeto mayor no deben hacer que nos despistemos ni un segundo, una pelota que cae al agua puede ser todo lo que necesiten para meterse en la piscina sin pensar en nada más que en recuperarla…

Se acaba el verano, pero no por ello el tema deja de tener importancia, todo lo contrario. Aprender a nadar sigue siendo una asignatura pendiente para mucha gente. Septiembre me parece el mes perfecto para que adultos y niños aprendamos a nadar bien si aún no lo hemos hecho y poder así reducir la cifra de 321 personas fallecidas este año por ahogamiento en España. El año que viene, todos estaremos preparados para disfrutar de unos buenos baños sin sustos.

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