Sacrificio y recompensa

Mi pasión por el ballet

Pequeña historia de mi gran amor por la danza

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El deporte nunca ha sido lo mío, pero cuando hablamos de danza podría admitiros que es una de las cosas que más me gusta hacer. Pienso que todos estamos capacitados para bailar, aunque la cosa se complica cuando te llega el momento de decidir qué tipo de baile quieres practicar. Yo he probado de todo, desde baile contemporáneo, que te da mucha fluidez y te ayuda a soltarte, funky, que es baile moderno en el que bailas las canciones que escuchas en la radio, o sevillanas, que desde pequeña las he tenido en casa.

Pero lo que más me llamó la atención cuando tenía 12 años fue el ballet, y desde entonces no he podido parar. Ponerme mi maillot, mis medias rosa palo ¡y sudar mucho! Cuando vas a ver una actuación de ballet, si habéis visto alguna, lo que se ve son unos bailarines sonrientes haciendo lo que más les gusta hacer. Pero en realidad este deporte, porque es un deporte, lleva mucho sufrimiento y sacrificio detrás.

Mi historia con este tipo de danza empezó cuando era muy pequeña y estaba interna en un colegio inglés que tenía un programa de becas especiales para niñas que querían dedicarse al ballet. Siempre las veía desde el espejo de la puerta de la clase de baile y soñaba con poder llegar a hacer lo que hacían ellas; se movían como si fuese algo simple y divertido. Así que, con mucho valor, me apunté a dar unas clases con ellas una vez a la semana.

Conociendo a Almudena: Mi pasión por el ballet

Aunque nuestro nivel fuese diferente -ellas llevaban desde los 3 años y yo acababa de empezar–, me pusieron en sus clases porque no había ninguna para principiantes. El primer día no pude creerme lo complicado que era: no me salió ni un ejercicio y lo único que hacía era mirarlas con admiración. La mejor de la clase, daba la casualidad, que dormía en la misma habitación que yo. Me empecé a hacer amiga suya y descubrí que su sueño era trabajar para una compañía de ballet y bailar El lago de los cisnes. Ella tenía clases de ballet todos los días, y podías ver como siempre que volvía a la casa la sangraban los dedos de los pies y no podía ni agacharse del dolor de espalda que tenía. Antes de cada clase, se ponía tiritas en los dedos y uno de ellos lo tenía roto, pero la daba igual porque lo único que quería era mejorar día a día y saltarte una clase quería decir que las demás ya iban a ir más adelantadas que tú.

Cuando volví a Madrid, quería seguir con mis clases, y me apunte a la École Francaise de la Danse que, en mi opinión, es la mejor escuela de Madrid.

En ese momento todo cambió, porque pasaba de ser la pobrecita que nunca había hecho ballet a ser una estudiante más. Todos los días teníamos que estar en clase 10 minutos antes para estirar, entrar en clase con el uniforme: maillot azul, medias rosas, bailarinas rosa palo y un moño hecho con pinzas y con una tenacilla especial.

No podías llevar ni una pulsera ni un reloj, tenías que quitarte todo antes de entrar. El ballet no es como los demás tipos de baile, debes tener en todo momento la tripa dentro, las piernas estiradas al máximo y los brazos en su perfecta posición. Lo mas complicado era que, aunque tu cuerpo estuviese en completa tensión, tenías que poner una sonrisa y hacer como si estuvieses cómoda.

Conociendo a Almudena: Mi pasión por el ballet

A medida que pasaban los años, llegaba el momento que siempre has esperado y es el día en el que empiezas tu primera clase de “puntas”. Las “puntas” son un tipo de zapatillas parecidas a las otras pero con refuerzo en la parte de los dedos. Su objetivo es que las bailarinas de ballet se eleven sobre ellas apoyando el peso de todo su cuerpo sobre la punta. Quedar queda muy bonito, ¡pero no os podéis imaginar lo que duele!

Conociendo a Almudena: Mi pasión por el ballet

Nos enseñaban algunos trucos que usan las bailarinas profesionales para que el dolor sea un poco más llevadero, como, por ejemplo ponerte algodón en la punta o echarte alcohol en los dedos para que la piel se haga más dura y no tengas muchas heridas. Cuando tu profesora te dice, nada mas ponértelas, que tienes que saltar y caer en punta ¡ves las estrellas!

Para poder empezar a usar este tipo de zapatos tienes que tener bastante experiencia, dado a que los músculos de tus piernas deben estar preparados. Antes de empezar a usarlas en una clase necesitas calentar una hora mínimo.

La escuela realizó hace unos años una representación en la que todos los alumnos podíamos demostrar a nuestros padres cómo habíamos mejorado. Fue una de las cosas mas divertidas que he hecho.

Conociendo a Almudena: Mi pasión por el ballet

¡Esta es una de las fotos que me sacaron por detrás!

En conclusion, hacer ballet es probablemente mi pasión. Aunque sé que nunca lo haré profesionalmente, tengo muy claro que jamás voy a dejarlo, porque pienso que en cuanto encuentras algo que te gusta no tienes que dejar de hacerlo. No soy perfecta, y algunos días sí que me da mucha pereza ir, pero he aprendido que “el día que más pereza te da hacer algo es justo el día que tienes que hacerlo”. Para algunos es ir al gimnasio o realizar un recado, pero para mí es subirme a las puntas ¡y ponerme a bailar!

Conociendo a Almudena: Mi pasión por el ballet
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