Date una ducha mindfulness

Ducharse es un placer con obvios beneficios para nuestra salud, pero si sumas conciencia y pautas de meditación a este gesto cotidiano, la ducha será tu mayor aliada antiestrés y tu momento spa del día.

Descubrí los mágicos poderes de la ducha consciente de forma intuitiva. Además de asearme cada mañana, hace tiempo que lo hago también al final de la jornada y bastante tarde, prácticamente a la hora de dormir y a oscuras. Es una ducha corta porque tengo muy presente el consumo responsable de agua y después de seguir unas pautas muy sencillas que ahora te contaré, me deja como nueva, mucho más tranquila, feliz con mi cuerpo y descanso mejor.

La ducha mindfulness

El agua es un vehículo emocional natural que nos ayuda a relajarnos, a aflojar la musculatura, la mente y se lleva todo aquello que nos sobra más allá de la obviedad de la limpieza con jabón. Convertirlo en un ritual es a la vez un reto y algo muy fácil porque nos duchamos cada día y está al alcance de todos, pero transformar costumbres automatizadas en hábitos conscientes marca la diferencia , la clave está en la intención.

Puedes hacerlo con la iluminación normal de tu baño, con la luz de una vela o a oscuras como yo para favorecer una mayor desconexión de lo externo y llevar la atención hacia el interior. Prueba las tres formas y encuentra la tuya.

Reconócete.

Antes de abrir el grifo respira profundamente entre cinco y diez veces, y siente tu cuerpo sin ropa repasando cómo están los músculos, las articulaciones, la espalda, el cuello y si notas tensión en tu rostro u otras áreas. Intenta dejar a un lado el ruido mental y los acontecimientos sucedidos durante el día para tomar distancia de los pensamientos y reconocer cómo estás.

Siente.

Una vez que el agua empieza a correr pon el foco mental en las sensaciones físicas, desde la temperatura a las sensaciones que te genera en la piel, en el cuero cabelludo, las gotas sobre la cara, el vapor, el aroma del gel que usas, cómo cambia la textura cuando hace espuma, todos los detalles que te sea posible apreciar de manera que tu mente se centre en el instante presente, en aquello que estás haciendo en lugar de estar en lo que sucedió en la oficina u otros momentos de la jornada. Si te distraes con un pensamiento aleatorio la pauta es volver a centrarte en lo que estás haciendo y sintiendo.

Mímate.

Una vez que terminas la ducha, relájate por completo dándole cuidados a tu cuerpo. Puedes hidratar tu piel aplicando un aceite aromático, una crema nutritiva y darte pequeños masajes allí donde sientas que lo necesitas, manos, pies, cuello o rostro.

Una vez concluido tu ritual de atención plena no hagas nada más que irte a la cama, apaga la luz y disfruta de un descanso profundo.

Namaste.

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