Mi voz, su voz

Soy una muñequita

Dos mujeres en una

Creo que la otra mañana, en la sala oscura y hermética, en el escenario en el que se le da el último empujón a la fantasía, dije la única palabra que nunca debe pronunciarse en este territorio.
10:00 am. Vaqueros rotos y camiseta negra de hilo de H&M que estrenaba para la ocasión. Pelo suelto, liso, medio rubio y con algún enredón. Una sonrisa muy grande. Mis manos se mueven nerviosas y excitadas. Doy palmas o reproduzco gestos de ánimo hacia la labor que me ocupa. Huele a limpio y me encuentro bien de hambre y de sed. Por el momento, no tengo prisa y me parece estar muy lejos de casa y también de mis preocupaciones.

El mundo de Adriana: Soy una muñequita

Y allí estoy yo, plantada delante de un micro, con un equipo de cinco caballeros muy agradables y hospitalarios que me invitan a transformarme en una estudiante adorable de segundo de Arqueología. Y digo sí y mi voz deja de ser grave, me vuelvo servicial, escrupulosa y valiente y casi alcanzo el cielo impulsada por un ascensor de agua que me expulsa de una alcantarilla como si fuera un torpedo. Y me arrastro y grito y gozo y gozo tanto...

El mundo de Adriana: Soy una muñequita

Y entre gozo y grito se me ocurre preguntar a uno de mis directores –los caballeros de los que os hablaba antes– si debería proporcionar más garra a “la muñequita”...
Ajam ajam ajam..... ¡¡¡¿la muñequita???!!!
Jajjajajaaajahahhahaahajajjajajaj
En ese momento me sentí como una noruega que acabara de llegar a la feria de Sevilla.
Muy dulce me respondió: bueno, nosotros los llamamos personajes.
Pasadas unas horas lo comprendí... ¡claro! El pacto era total, la voz –como el sonido que sale de un tambor, ese palpitar-, es un pedazo de vida de un ser con alma, con inquietud, con guerra interna.
No es una ilustración, no es solo un cuerpo animado. Es un vehículo que nos habla del mundo, una médium que espabila el pensamiento, una bomba emocional.
Y yo, haría un intercambio con ella. Nos daríamos algo la una a la otra. Dos mujeres de distinto formato que se sientan frente a frente.

El mundo de Adriana: Soy una muñequita

Era curioso. Lo sentí. Sentí que estaba viva, y que a pesar de su aspecto estábamos en un plano equivalente.
Creo que a partir ahora ni siquiera podré llamarle personaje. La llamaré por su nombre y recordaré su historia y sus sueños. Y cuando me cueste un poco vivir la mía propia tomaré prestada la suya y me pondré mis gafitas y me darán miedo los insectos y podré respirar debajo del agua.

Loading...