EL MUNDO DE ADRIANA, por Adriana Ugarte

Sobre el amor

Que nadie te borre

Jugando en el delicado terreno de los afectos

No deja de sorprenderme cómo las personas, a pesar de compartir el mismo idioma, sueños y sentimientos de afecto recíprocos, no consiguen entenderse.
¿Quizá aquellos sueños y sentimientos eran una ilusión de compañía? ¿Una huida de sus soledades particulares?
Puede que, en realidad, aquellas personas no compartieran absolutamente nada más que el miedo al sufrimiento y claro, desde ese lugar es difícil construir. Porque cada paso es un “sí” ahogado y sudoroso que bien podría ser un “no” o un “quizá”. Esto no significa que niegue rotundamente la atracción mutua, ni que ambos gocen el uno del otro. Solo planteo que puede que la proporción deba imaginarse a la inversa de lo que nos gustaría: un 65% de necesidad frente a un 35% de realidad. También tengo en mente la otra cara de la proporción, que revelaría que, a pesar de compartir todo lo que compartimos, no funcionamos por un qué sé yo misterioso.

El mundo de Adriana: Que nadie te borre

Sea como fuere, nos una más una cosa que la otra, sea fundamento de nuestros “acercamientos” la desesperación-ilusión o la evidencia, hay algo que no deberíamos perder de vista.
No sé si en algún momento os he hablado de ello, pero hace unos meses comí con un compañero de trabajo treinta años mayor que yo, al que admiro profesionalmente desde que era una niña y personalmente a medida que nuestros encuentros se dan y tengo el privilegio de presenciar su sabiduría.
Le pregunté por el amor, por aquella sensación de “certeza” que uno –considero– alberga cuando está en el vagón apropiado.
Me dijo: “Adriana, he tenido muchas parejas, relaciones de todo tipo –al final final... solo hay dos– y en estos momentos, después de todo, te confesaré que se trata de los niveles de dolor que te haga sentir el otro y la situación que generéis en comunión. Ni pasión desenfrenada, ni compartir todas las parcelas de nuestras vidas, ni sentirte siempre absolutamente comprendido..: esto está, claro, pero lo que pesa por encima de todo, es la calma, la paz mayúscula que brota cuando estamos juntos. Vamos, que los ratitos de malestar deberían ser los menos, ¿me comprendes?”. Y sí, le comprendía a la perfección, pues con el paso de los años, y de todo lo que sucede dentro de ellos, reparo en que la adrenalina, las mariposas, los poemas de amor valen muy poco o nada, cuando son simplemente ejercicios insertados en un esquema “cal y arena”.

El mundo de Adriana: Que nadie te borre

La persona que tengamos a nuestro lado y a la que nosotros también acompañemos no ve o no debería ver nada de aquello accesorio que nos “sigue”, es decir, nuestro trabajo, nuestra fama, nuestro cuerpo… no es fácil pero debería enterrarlo –a menos que se trate de una relación interesada, de una adquisición del otro para llenar mi ego– si queremos hablar de sentimientos verdaderos.
El otro y nosotros en el otro deberíamos ver el alma, la luz que le envuelve, su capacidad de dinamitar el drama poniendo una supercara de ardilla atómica. Sentarnos frente al espejo y preguntarnos ¿qué estoy haciendo con esta persona? ¿Estoy enamorándome de la que es?¿Estoy tratando de fabricarla a imagen y semejanza de una fotografía? Repito... ¿Qué estoy haciendo con esta persona?¿Estoy celebrando su libertad, su garra, su frescura, su coraje o sin darme cuenta la estoy menguando y descuidando para que no me de miedo el torrente de energía que su pecho emana?¿La estoy amando o la estoy mutilando mientras la empacho con líneas de amor barrocas y precocinadas?

El mundo de Adriana: Que nadie te borre

El mito de Don Juan o Doña Juana sigue activo en nuestros días y, cuando nos sentimos “encariñados”, es difícil percibirlo y desenmascararlo. Pobre Don Juan, cada día te hará sentir más débil, más lejos de tu esencia. Maquillará cada gesto de control y manipulación con los polvos del cuidado y la protección. Pobre Don Juan, es un terrible solitario, que en el fondo de su alma se detesta.
El amor, los afectos son terrenos sensibles y muy delicados: no todos son aptos para jugar a este deporte con salud.

El mundo de Adriana: Que nadie te borre

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