BLOG

EL MUNDO DE ADRIANA, por Adriana Ugarte

POR Adriana Ugarte

Pre-Cannes

El mundo de Adriana: Zen

Crónica de mi repentina obsesión doméstica

Actualizado el

Debo reconocer que la semana previa a Cannes me convertí en un incordio para mis familiares. Fui víctima del famoso síndrome de la obsesa doméstica. Falté a todos mis planes y compromisos porque pelusas, pelillos caninos y palitos de encina captaron mi atención y exprimieron mis energías. Es importante tener en cuenta que la presencia floral y perruna en mi vida es considerable, y también que cuando una está nerviosa la respuesta inteligente que nos ofrece la mente es volvernos histéricas en vez de parar y respirar la calma. ¡Cuántas “chichibainas” tuve que recoger del suelo para ganarme una lumbalgia!

El mundo de Adriana: Zen

Aproveché para sacar toda la ropa, zapatos, cremas, sombreros, perfumes y toallas que –en un arrebato de lucidez rotunda– decidí que no usaría. Gasté una media de 102 toallitas húmedas diarias para hacer desaparecer sombras y manchas amenazantes sobre las paredes y algún que otro centímetro de pintura blanca para reparar los daños ocasionados después de frotar más de diez veces la mismo área. También se me ocurrió que era un buen momento para replantear la decoración de la casa. Esto me llevó a arrastrar un somier de 1,40 a una buhardilla cuyo acceso era complicado, desenrroscar patas, extraer lamas y quedarme atrancada en las escalera, empapada de sudor después de probar las maniobras que se me vinieron a la cabeza; tengo que decir que, en un momento de desesperación, confié en que la pared se dilatara o en que el somier se encogiera y pegué un buen tirón hacia arriba. Evidentemente, mis plegarias no fueron atendidas y se produjo el efecto muelle que me precipitó sobre el armatoste y a los dos juntos sobre el rellano de salida.

El mundo de Adriana: Zen

Sí, me hice daño, pero el pudor era mayor que el dolor y decidí levantarme con dignidad, y recitar en voz alta los pasos que llevaría a cabo para reconstruir el somier, a modo de clase tutorial de una briconauta madura.

En definitiva, mi ingenio estaba disparado, las ideas y los planes a rebosar y mi pobre alma empezaba a experimentar unas ganas terribles de escapar de la psicópata doméstica.

Gracias a mis familiares y tres pares de ojos animales caí en la cuenta de que mi don no era el de la oportuniad, sino más bien el de abarrotar las jornadas de tareas agotadoras y absurdas que me llevaban a la extenuación. Es muy probable que las pelusas, los pelillos caninos y los palitos de encina gritaran de terror –en su idioma sordo– cuando sentían próximas mis manos sedientas de limpieza. Me dirían algo como ¿chica, quieres dejarnos vivir tranquilas? Tss.... ¡que la casa en muy grande y es de todas!

Benditas pelusas maestras, la próxima vez nos sentaremos todas a ver una buena película.

Loading...