Buen gusto

El mundo de Adriana: Y... ¿Por qué no?

El éxito de las cosas hechas con cariño

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Siempre había pensado que las personas con sistemas de valores, gustos y opiniones firmes eran más maduras, más profundas e incluso más “confiables”. De esa interpretación –probablemente errónea– de los comportamientos humanos, me lancé de cabeza a la búsqueda de mi propio coliseo, hermético y sólido. Con mis Síes y mis Noes rígidos e imperturbables, con mis agrados y mis desagrados casi tatuados en el pecho.

Esto te lleva a vivir una adolescencia particular, cuanto menos. Si la adolencencia representa esa etapa “blandita” en la que conviene probar, experimentar y acercarse sin prisa a los lugares que nos hacen sentir bien, mi estrategia carcelaria me hizo vivirla como un cervatillo encerrado en una biblioteca hebrea y mi adolescencia pasó a convertirse en una etapa “durita” en la que lo deseado luchaba contra lo adecuado.

Por fortuna, el tiempo pasa y aquello que un día construimos solo desde el deber –por muy estricto y brutal que fuera– acaba desvaneciéndose. Quizá porque la vida llama a la vida.

Y os hablo de todo esto para transmitiros la satisfacción que he sentido al acercarme –muchos años después– a una marca de ropa femenina y masculina con la que nunca me había sentido vinculada, ni movida, ni identificada. Me refiero a Bershka.

Gracias a Teresa Tarragó, su representante apasionada y disfrutona, pude redescubrirla en su showroom, un edificio lleno de luz, de gusto y de fe en sus clientes. Visité las colecciones, las toqué, observé los detalles y las testé sobre mi piel –que es una gran delatora–. El resultado del experimento puede resumirse en PLACER. Esa es la verdad, mi verdad sensorial, mi verdad emocional: me gusta, me hace sentir bien y la admiro. Es una marca que se ha mantenido en el mercado a través de los años, ofreciendo propuestas variadas y valientes a precios muy cercanos. Es posible que ella también haya renunciado a su armadura férrea, haya roto aquella etiqueta que la condenaba a satisfacer un gusto quizá demasiado definido. Considero que ha tenido el enorme valor de abrir sus fronteras a costa de decepcionar a su público fiel; ha reducido las revoluciones de su marcha, se ha bajado de la locomotora histérica del comercio y se ha entregado a los paseos por la ciudad, por el campo, a los paseos por distintos cuerpos, por distintas razas, por distintas maneras de sentir nuestra existencia... Todo esto para llenar sus colecciones de sentido, para ofrecerlas como un regalo meditado.

El mundo de Adriana: Y… ¿Por qué no?
El mundo de Adriana: Y… ¿Por qué no?
El mundo de Adriana: Y… ¿Por qué no?
El mundo de Adriana: Y… ¿Por qué no?

A esto me huele Bershka ahora y a esto huele mi coliseo particular, que quiere tener sus puertas abiertas y quiere creer y elegir desde la libertad, desde el gozo, desde la sonrisa y la excitación que producen las cosas hechas con cariño.

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