Amor y otros misterios

El mundo de Adriana: Tina y Tono

Relato de ficción automático y crudo

| Actualizado a

Tina prometió a Tono que le querría para toda la vida; que siempre sería su compañero, su amigo, su hermano, su amante, el padre de sus hijos. Que seguirían cada día, hasta el final, –hasta que la naturaleza se los llevara–, dando paseos agarrados de la mano, comentando, riendo, cotilleando, robándose besos el uno al otro. Tina se lo prometió porque estaba segura de que si se lo prometía, de que si ponía todas sus ganas, su intención, su voluntad... lo conseguiría. “¿Acaso las cosas no son lo que nosotros decidimos?”, pensaba excitada.

Tono estaba feliz, la idolatraba. Para Tono Tina era la vida; ni siquiera tenía que hacerse promesas. Quizá esa fue la diferencia desde el principio: Tina necesitó hacérselas y no las pudo cumplir.

Un día se dio cuenta de que se le hacía difícil besar a Tono. Le amaba, quería seguir paseando, hablándole como loca, quería seguir comiéndose la vida con los ojos y entregándosela a él. Pero había algo que no podía compartir. Había algo que no podía fingir, que no quería empezar a fingir. Ella revisó sus promesas, sus escritos, todos sus sueños, todo... todo lo que había proyectado... y no sirvió de nada; buscó, buscó soluciones en todas partes: compró muchos libros, escuchó canciones, pidió muchísimos consejos. Todos, al final, acababan llevándola al mismo lugar de origen. Todos le decían: “Tienes que escuchar a tu corazón”. Y Tina contestaba: “Si Tono ha sido mi amigo todo este tiempo, mi compañero, mi favorito; no hay nadie como él, no quiero nada que no sea con Tono... Pero no le quiero besar”.

No sé si es importante decir que Tina y Tono eran una ardilla y un señor tortuga; quizá no lo sea.
A Tono le llegó la noticia como un bloque de hielo de los que se vendían a domicilio cuando no existía el refrigerador como tal. Y se sorprendió, incluso bromeó y –a su velocidad– hizo un despliegue exagerado de todas las estrategias conquistadoras que conocía. Pero Tina estaba muerta por dentro, seca como un jazmín hermoso que se parte apenas lo tocas. Le habían arrebatado la fuerza, las ganas de amarlo. Quizá en un descuido, una pareja de enamorados se había apoyado en su interruptor y lo había apagado; el interruptor que permite que viaje la chispa de polo a polo. No era liberación lo que la ardilla sentía, sino resignación y una llamada grande desde el honor, desde la dignidad que empuja a vivir con la verdad que uno siente.

El mundo de Adriana: Tina y Tono.
El mundo de Adriana: Tina y Tono.

¡Qué misteriosa historia! ¿Qué determina que el amor se aburra o que se tome unas vacaciones?¿Por qué al menos no consulta a los interesados? Supongo que no tiene por qué hacerlo. Claro, sería algo así como ponerle una querella a la muerte porque se nos ha llevado en el momento que más nos apetecía bailar (!!).

Una vez más, de un modo distinto, se comprueba que tenemos poquito control sobre la vida; hoy recuerdo las palabras de un hombre sabio: “Los sentimintos no se Tienen, Surgen”. Así que, amigos, mientras tengamos el pecho lleno de esta emoción romántica tan bella, explotemos de felicidad.

El mundo de Adriana: Tina y Tono.
El mundo de Adriana: Tina y Tono.
Loading...