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EL MUNDO DE ADRIANA, por Adriana Ugarte

POR Adriana Ugarte

Cosas de casa

El mundo de Adriana: Mi dulce hogar

Un "regalo" inesperado para culminar el más intenso de los días

Hoy ha sido uno de esos días “bomba”, o “mina antipersona”, mejor dicho. Uno de esos que se te hacen largos y aburridos, en los que la imagen y el aroma de tu hogar te persiguen obsesivamente como un oasis maravilloso.

Aparcar bajo la pérgola, impregnarte de la belleza del jardín, abrir la puerta grande de la entrada poco a poco para dilatar el placer y que aparezcan... ELLAS: las osas peludas que me llenan el alma de luz y de paz; a las que añoro y sueño cada día y a las que observo con espíritu de científica hasta que el sueño me gana la batalla. Ellas son las guardianas de nuestro refugio y de mi equilibrio, son las humoristas más chisposas y las que te regalan los mejores abrazos de abuela. Son las que te miran sin sombras, las que te arrebatan las palabras de la boca, las que te enseñan el idioma invisible. En definitiva, son como tres hijas, como tres hijitas que siempre serán un poco bebés y a las que problablemente tengo más consentidas de lo que pienso.

Y hoy, hoy que ha sido una de esas jornadas duras, mis lindas partenaires me esperaban con una sorpresa inolvidable; con un detalle que me ha llegado al corazón.

Bueno, sobra decir que sus recibimientos diarios son lo más entrañable que una pueda imaginar. Pero hoy han ido más allá,s e han superado, qué sé yo, estarían impacientes y no querrían esperar a mi cumpleaños: ¡Pobrecillas! Cuánto esfuerzo, cuánta imaginación y cuánto tiempo han empleado en sorprender a mamá.

Tengo que admitir que lo han conseguido: si se trataba de dejarme muda, helada y con la sensación de que el suelo se deshace bajo tus pies, prueba superada con matrícula de honor. Bueno, me refiero al tipo de sorpresas –que nacen de seres queridos y denotan dedicación– que te dejan desarmada, conmocionada sin saber si sí o si no. Como un tsunami que viaja de fuera adentro y viceversa, con velocidad y violencia crecientes; como un volcán; un tornado de ideas y de sentimientos y de gomaespuma taponando todas las conexiones cerebrales que arrojan claridad habitualmente.

Probablemente, un psicópata sienta algo parecido antes de actuar de modo sangriento; por fortuna, la gomaespuma de mi cerebro me dejó algún pasillito de lucidez libre y solo hice una cosa: me metí en el cuarto de baño, grité como una posesa y lloré como una niña de siete años. Volví al escenario del crimen y vuelta al baño a llorar y a gritar.
Allá va el material gráfico... es más interesante que mis palabras.

Mi dulce hogar
Mi dulce hogar
Mi dulce hogar
Un top de Sandro que me habían prestado....
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