BLOG

EL MUNDO DE ADRIANA, por Adriana Ugarte

POR Adriana Ugarte

Flechazo

El mundo de Adriana: Cautivada

Mi experiencia como embajadora de Twin-Set

Actualizado el

-¿Adriana?¿Me oyes bien?
-Sí,sí,sí,sí,sí es que tengo poquita cobertura en la cocina. Pero bien, y ¿tú a mí? Me he movido al salón, ¿mejor?
-¿A ver? Háblame más...
- Hola, hola, ¿me zecusha?
-¡Ahora! Te cuento: Twin-Set, la marca italiana... ¿La conoces?
-¡Sííí!! ¿¿¿por???
-Espera que voy..: Twin-Set es una marca italiana a cargo de la diseñadora Simona Barbieri. El mes que viene presentan en Madrid su nueva colección y les gustaría mucho que fueras su embajadora. ¿Te apetece?
-¡Claro! Me encanta. ¿En qué consiste el compromiso? O sea, ¿qué tendría que hacer?
-Pues tienes que hacer unas entrevistas y fotos por la mañana para unos dos o tres medios –acompañada por la diseñadora–, descansar para comer e incluso darte un paseo y volver por la tarde para retoque de maquillaje y peluquería, cambio de vestuario, photocall, entrevistas y desfile. Después terminaremos con un cóctel.
-Me parece genial, me apetece muchísimo.Voy a investigar su nueva colección y la trayectoria y relación de la marca con nuestro país, para tener un poco más de conocimiento.
-¡Olé mi niña! Qué trabajadora me ha salido..
-Más, más tendría que hacer..; oye, que ¡qué bien!
-¡Pues sí! Bueno bonita, te dejo, que hay mucho lío en la ofi.
-Ahhh sí sí...¡besitos!
-Besitooo...

Qué gusto recibir noticias de este tipo a primera hora de la mañana. Me puse en marcha con la inmersión en las nuevas propuestas de la firma italiana y me sedujeron pronto por la frescura y el estampado. Me transmitieron personalidad, buen humor y sencillez. Este último detalle es importante porque no resulta habitual ser testigo de colecciones cercanas, entrañables, que no pretenden revolucionar la moda, ni convertirse en “el último grito” de ningún país. Solamente son ellas mismas, solo se ponen delante de ti y te dicen: “hola...”. Y tú caes rendida. Es un fenómeno parecido al de esas mujeres que no se saben bellas y se manejan con una suavidad y una relajación y también con una prudencia que, a mi ojos, las convierte en perturbadoramente deliciosas.

El mundo de Adriana: Cautivada
El mundo de Adriana: Cautivada

Cuando conocí a Simona lo comprendí todo. Nos encontramos, me miró, abrió muchísimo los ojos y dijo en italiano: “¡No me lo puedo creer, es preciosa!”.

Sinceramente, yo era la que no me lo podía creer: Simona es preciosa, eternamente joven, magnética y muy sexy.

Nuestro segundo encuentro fue ante el primer entrevistador de la mañana, después de haber pasado por maquillaje y peluqueria. Ella seguía siendo Simona, estaba por encima de la máscara de pestañas, de labial, del cabello ahora moldeado. Ella estaba muy dentro, en el fondo de su mirada; allí estaba Simona con siete años, sentada en una silla, con un vestido de algodón y un taza enorme de leche, y su sonrisa perenne –por muy triste que pudiera llegar a estar alguna vez– y esos ojos tímidos, sedientos y respetuosos.
Estábamos sentadas la una junto a la otra y me sentía tranquila, en calma y afortunada de estar cerca de una mujer con ese tipo de energía. Yo hablaba sin parar de su colección, de su estilo, de su sello, del enfoque cultural que encuentro en la moda y ella me obsevaba intermitentemente. Cuando lo hacía, se ponía muy seria, muy concentrada –pero yo sabía que ella seguía sonriendo dentro– y al poco miraba hacia abajo, hacia sus botas militares negras de punta de acero, que jugueteaban divertidas, blanditas, inofensivas. Como ella, como Simona, que tras el desfile consigue salir a saludar a los invitados un pequeño segundo con un cuerpo, con un rostro lleno de agradecimiento, de pudor, de inocencia, de magia. Y tú caes rendida.
A lo largo del día la tuve cerca y la tuve lejos, pero ella siempre estaba. Olía a Simona en toda la estancia, sonaba Simona, todo sabía a Simona y ella reía con una boca inmensa y bailaba, bailaba sin parar; sudaba todas las ganas de vivir y vibraba felicidad, como la primera vez que bailó a los trece años y descubrió que era fuego y que podía tocar las nubes.
Me despedí de ella, la abracé muy fuerte y la aupé. No la quería soltar, me emocioné y me empezaron a picar mucho los ojos. La miré tres veces antes de irme y la niña de siete años me decía “hasta siempre”.
Conocía Twin-Set, pero ahora formará parte de mis experiencias reveladoras, de mis flechazos, de mis impactos, de mis ganas, de mi mirada, de mi inocencia, de mi fe en la moda como un elemento vivo, transformador e inteligente.

El mundo de Adriana: Cautivada

Loading...