Italia continua

(Parte II)

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Y lo hice. Me entregué a la seducción de los helados y de más de tres, a estas alturas. Y...¡qué helados! son muy distintos a los que había probado antes; entran hasta la cocina sin pedir permiso y desaparecen como lo haría un prestidigitador. Cuando te quieres dar cuenta, te has tomado dos bolas de chocolate fondente y aún no se ha puesto el semáforo en verde. Pero no voy a luchar, mira, para algunas cosas soy muy sumisa.

Helados


Otro gran descubrimiento son los granizados en sus 1001 variedades. Sí, es cierto que su aspecto no es lo más atractivo del mundo pero su poder reconstituyente no tiene desperdicio. Yo de momento lo único que he hecho ha sido pegarme a la vitrina fría y viajar por las papillas de hielo de colores expuestas en los tanques de metal. Y de nuevo pierdo la noción del espacio-tiempo -y de mi edad(!!)-. Afortunadamente los que me quieren me devuelven a la Tierra antes de que provoque una catástrofe como tirarme en plancha encima de esas masas multicolor.

La llegada a Roma vino acompañada de un calor duro y de caminatas intensas, pero no podía ser de otra manera. Me he rendido ante su Imperio. He dejado que me acariciara con su mano eterna, que me enseñara sus remiendos, que me contara que querían decir las esculturas con sus muecas. Me he entregado al asfalto ardiendo hasta dejar de sentir las extremidades pero la inquietud y la sed me orientaban.

Roma
Roma II


No podré olvidar la comida en la Osteria de la Fortuna, junto a la Mamma que preparaba con soltura y con esfuerzo unos strozzapretti que me comí unos minutos después a la carbonara. Tampoco el sabor del vino, su cuerpo y la manera de romper mis defensas. Las miradas, los colores, la brisa y la actividad, la actividad es inagotable. Parece que Roma no durmiera nunca.

Comida
Carbonara


Y llegó Nápoles y todo se tradujo al gris pero no por ello a la oscuridad. La sensación de Ritmo se mantenía pero era algo más violento que en Roma y más intestino. Notas que bajo las calles que pisas existen otras secretas, las que nunca podrás conocer, donde se manejan un código y unas necesidades distintas. Las pieles se tuestan, los metales y piedras preciosas se multiplican y la variedad de dulces se vuelve exquisita.

Nápoles


Creo que masajean la masa como en ninguna parte, consiguen una esponjosidad y una flexibilidad únicas... eso sí... he empezado a controlarme porque cargo -literalmente- con un bolo alimenticio que empieza a ser autónomo.

He podido darme un chapuzón en el mar de Ischia, abandonarme a la arena como un boquerón recién pescado y dar gracias por cada día que puedo vivir.

El chapuzón
Chapuzón
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