Directo al corazón

Extrema sensibilidad

Creatividad, ternura y magia

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Ayer estaba atascada, atascadísima, en la calle Princesa y gracias a ello pude gozar de uno de mis programas de radio favoritos. Ayer fue diferente, mucho más que información, mucho más que buenas canciones.

Ayer fue Vinicius Gageiro Marques.

Decía su madre: “Muy pronto entendí que su sensibilidad ante el mundo era también su debilidad”. Este chico de dieciséis años se quitó la vida en el verano de 2006 en Porto Alegre.
La noticia me impactó, me dolió fuerte, dentro. Cuando uno toma esa decisión es porque el desgarro interno es insoportable. No significa que no ames a tu gente, que no les estés agradecido, que no guardes buenos recuerdos, que no tengas absolutamente ningún sueño. No significa que no conozcas la felicidad, ni la satisfacción, ni la sorpresa, ni que no hayas vivido el placer, ni el profundo sentimiento de pertenecer a este mundo. Has podido experimentar todo esto y posiblemente de la manera más honda que se pueda imaginar.

El mundo de Adriana: Extrema sensibilidad

Pero hasta la dicha te hiere, todo lo hace: las sonrisas, los abrazos, la brisa, la piscina en agosto, la cama infinita, los días eternos... Vaya, prácticamente todo se hace difícil de soportar, y tomas esa decisión irreversible en la que te condenas a salir del juego, por la que te privas de una oportunidad más (que quizá podría ser la buena, nunca sabes).

Después llegaron sus canciones, todos los temas que registró en alguna web bajo el pseudónimo de Yonlu. Y ya no puedo recordar si seguía atascada o si estaba volando por encima de las filas de coches ardiendo. Eran melodías familiares, unas letras cercanas, en el mismo idioma, como un espejo, y entonces me sentí cerca de este chaval y sufrí su pérdida. Entonces frené y pensé en mis dieciséis años y los recordé como uno de los momentos más tiernos, creativos y tortuosos de mi vida. Y me fui a los cuadernos que llenaba de poemas, de reflexiones, de encuentros breves de dos personajes desesperados y sí, estaban llenos de fuerza, de inquietud. Pero la voz de Vinicius, de 16 años de edad, era sosegada, calmada, madura y muy dulce, directa al corazón.

El mundo de Adriana: Extrema sensibilidad

Una música como una plegaria a los cielos para que le dieran la paz, el descanso. Como un guerrero que necesitara entregarse al hogar después de haberlo entregado todo y usara la música como vehículo para estar más cerca de Dios.

Y le sigo escuchando y me cuesta creer que este ángel no siga entre nosotros.

Gracias Vinicius por tu sensibilidad extrema, por enseñarme que la vida es un juego delicado y que siempre somos nuestro propio chófer.

Buscad Yonlu, bebedlo y volad.

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