En familia

Buenassso, el sistema solar

Conjunción planetaria en Lima

Creo que es una de las pocas veces en las que me siento "en familia" en tan poco tiempo. De hecho antes de aterrizar y verlos, este sentimiento de pertenencia ya se había ido gestando.
El Sistema Solar llegó a mi vida una mañana. Aterrizó en mi bandeja de entrada acompañado de un encabezamiento entusiasmado por parte de mi agente. Y lo devoré....: ¡¡¡al sol, a los planetas y a todos los objetos astronómicos!!!

Buenassso, el sistema solar

Caí rendida ante una historia sencilla y honesta, articulada por personajes que lidian como pueden con su desesperación interna. Una historia a base de textos contundentes, sinceros y ácidos que revelan con amargura la dificultad que probablemente tengan todas las familias para amarse sanamente.
Y me dije... mmmhhh... el sistema solar...: para empezar el cuerpo celeste, el único que es capaz de emitir luz propia y servir de abrigo a los otros, debe de ser “la casa”, protagonista indiscutible de la trama, testigo inevitable de lo acontecido pero, a su vez, fuente de una energía extraña, rabiosa, melancólica, entrecortada. Como una directora de orquesta maternal y al tiempo maquiavélica, que presenciara silenciosa los llantos de sus músicos desorientados, para después abrazarlos con una ternura inocente.

Buenassso, el sistema solar

Los ocho planetas... a ver a ver... empezaré por el ser aparentemente menos racional –solo aparentemente, pues nada es solo lo que parece en esta película-: Méndez, el bulldog inglés de la familia, hipersensible y poseedor de un alma vieja y complicada y que sin lugar a dudas, al igual que el escenario principal, ha presenciado durante cientos de años los episodios dramáticos de la familia del Solar.

Buenassso, el sistema solar

El pequeño Puli sería otro planeta. Un planeta joven pero cargado de sustancias incompatibles que lo saturan y lo cortocircuitan, obligándolo a abandonar el movimiento inocente y torpe a lo largo de su órbita para manejar un lenguaje adulto, para confeccionar unas ideas serenas a modo de píldoras calmantes que curen la pérdida de esperanza.
Edurne es un planeta fuerte, vigoroso. Si el sol cayera enfermo, ella sería el único capaz de proyectar luz pero... no lo sabe. Nunca lo ha sabido. No ha conseguido obtener el reflejo real de su imagen porque era tanta su potencia, que el resto de los planetas, abrumados, decidieron ignorarla, haciéndola creer pequeña y desarmada.
El planeta Pavel es una melodía silenciosa, aparentemente armónica y constante. Sin embargo, con una falta de oxígeno tal, que hace imposible la vida humana allí, ni siquiera la suya propia. Será el que sirva de apoyo a los demás, de lugar de reposo, pues desde que comenzó a constituirse solo manifestó respuestas ordenadas, que se hacían casi predecibles. Pero que solo escondían y esconden la impotencia de un ser que no comprende su localización dentro del sistema planetario, que no se explica por qué la luz solar le llega tan empobrecida.

Inés es un planeta curioso. Ha aprendido a trazar un movimiento sobre su órbita sin acabar de sentirlo, de creer en él. Pero ha sido su única posesión, un movimiento forzado y ortopédico que recibirá el primer golpe cuando interaccione con el planeta Pavel y de cuyo choque, resultarán respuestas: a su soledad, a su miedo y a su búsqueda desesperada de cariño.
Leonardo, el planeta patriarca. Es quizá el planeta que más esconde su composición interna. Justificará sus movimientos y sus ausencias, aduciendo razones que, según él, escapan a su control. Es pudoroso y evita empatizar con las emociones que se alejan de su zona de confort.
Así que su relación con planetas tan pasionales y conflictuados, le hará sentir incómodo y lo llevará avanzar sobre su órbita con un paso en ocasiones frío, que no es sino el disfraz de un niño, un niño no querido, despreciado, que ha tenido que aprender a vivir sin manejar el lenguaje del amor.

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Y.... ¡quedan dos planetas!
Me entra un ataque de risa pensando en las posibilidades...
Podrían ser una pareja de perros grandes que custodian desde tiempos inmemoriales el territorio en el que rodamos y que no ponen pocas dificultades cuando se contradicen las pautas por ellos establecidas.

Buenassso, el sistema solar

Podría ser Julieta, una Julieta no presente pero fundamental para la historia y para el desarrollo del planeta Pavel y, por otro lado, un señor con un ojo de cristal –del que se habla a lo largo de esta cena navideña–- y que espero que esté próximo y colaborador con el planeta Edurne.
O.... mmhhh podrían ser.... esta es la opción que más me gusta: el planeta Bacha y el planeta Chinón.
Nuestros directores y también víctimas de los estallidos violentos del sistema solar.
El planeta Bacha es la mirada y el planeta Chinón es la risa. Son dos planetas diferentes, rodeados por una única órbita sobre la que danzan a base de concentración, de sentido del humor y sobre todo de muchísima ilusión. Son planetas sensibles, conocedores del dolor humano pero con un arma todopoderosa: la salud.
Saben que solo se puede encarar el conflicto con la mente sana; que las lágrimas existen y son emocionantes pero no son el lugar en el que quedarse a vivir. Ellos conocen un lugar mejor:
Un lugar en el que la música no deja de sonar, en el que a pesar de los años, siguen siendo nuevos el uno para el otro, se siguen sorprendiendo. En el que no hay nada establecido salvo ese amor incondicional que no necesitó conversación, ni definiciones.

Buenassso, el sistema solar

Y a ese lugar me han invitado. Bacha, Chinón y todos mis compañeros. Sebas, Gisela, César, Javier, el actor perruno que interpreta a Méndez y la hermosa Inés. Me han dicho, “ven, Adriana, ven desde la nieve de la montaña al calor de Lima que no te vas a sentir extraña. Vive esto con nosotros.¡Vívelo!”.

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