¡Resetéate! Las claves de una alimentación saludable

4 buenos hábitos alimenticios que debes seguir

Alimentación saludable

No solo quieres perder peso, también quieres llevar una vida más sana. Somos lo que comemos y sabes que una alimentación equilibrada es la clave no solo para verte mejor físicamente, también para sentirte mejor a largo plazo.

Prevenir enfermedades como la diabetes, el cáncer o las enfermedades cardiovasculares; tener un mayor nivel de energía y de agilidad mental; reducir el estrés… Estos son solo algunos de los beneficios que unos tener buenos hábitos alimenticios nos aporta. Y lo mejor de todo: llevar una alimentación saludable es mucho más fácil de lo que crees.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos da 4 tips muy sencillos que, acompañados de ejercicio habitual (“un mínimo 150 minutos semanales a la práctica de actividad física aeróbica, de intensidad moderada, o bien 75 minutos de actividad física aeróbica vigorosa cada semana”, según la misma organización), te ayudarán a conseguir tu objetivo: sentirte mejor por dentro para verte mejor por fuera.

1. Frutas y verduras

Debemos consumir al menos 400 gramos (5 porciones) de frutas y hortalizas al día, lo cual, según la OMS “reduce el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles y ayuda a garantizar una ingesta diaria suficiente de fibra dietética”. Inclúyelas en tus menús diarios o consúmelas a modo de tentempié para asegurar el consumo mínimo recomendado.

2. Otros alimentos clave

Junto a las frutas y verduras, hay otros elementos que no pueden faltar en una dieta saludable y equilibrada: las legumbres (por ejemplo, lentejas y judías), los frutos secos y los cereales integrales (como el maíz, la avena, el trigo o el arroz integral no procesados).

3. Cuidado con las grasas

Para prevenir el aumento de peso y el desarrollo de enfermedades no transmisibles, las grasas deben suponer menos del 30% de la ingesta calórica diaria. Hay que tener en cuenta que son preferibles las grasas no saturadas (presentes en los frutos secos, los aguacates o el aceite de oliva) a las grasas saturadas que encontramos en alimentos como la mantequilla, el aceite de palma, la nata, el queso, etc. Además, la OMS recomienda eliminar el consumo de grasas industriales de tipo trans, presentes en los alimentos procesados, la comida rápida, los alimentos fritos, las pizzas congeladas, los pasteles, las galletas, las margarinas y un largo etcétera que seguramente se encuentre en tu despensa.

4. Reducir el consumo de sal

El elevado consumo de sal (una media de 9 a 12 gramos de sal diarios) provoca que la mayoría de la población ingiera demasiado sodio a través de ésta y no consuma la cantidad de potasio recomendada (menos de menos de 3,5 gramos diarios). Este desequilibrio alimentario contribuye a un aumento de la hipertensión arterial, incrementando el riesgo de enfermedad coronaria y accidentes cerebrovasculares.

Hay que tener en cuenta que este exceso de sal suele provenir tanto de los alimentos procesados por terceros (embutidos, comida precocinada, aperitivos salados, etc.) como de la sal que incluimos al cocinar o en la mesa. Según la OMS, lo ideal sería reducir la ingesta de sal a menos de 5 gramos diarios y aumentar el consumo de potasio a través de frutas y verduras.

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